Paraguay. Sigue la supremacía colorada

   Aunque señales previas apuntaban a la posibilidad de un cambio, el Partido Colorado (PC) sacó a relucir otra vez su hegemonía de más de siete décadas y logró imponerse en las elecciones del último 30 de abril en Paraguay, donde la formación conservadora tendrá otro lustro en el poder.

   Varios sondeos y análisis preliminares consideraban muy cerrada la lucha entre las dos principales fuerzas contendientes en esos comicios, la Concertación Nacional, una coalición muy heterogénea de partidos de centro derecha e izquierda, y el PC, también denominado Asociación Nacional Republicana, que llegó a la cita en las urnas golpeado por divisiones internas y denuncias de corrupción.

   Incluso, algunas fuentes llegaron a considerar probable un éxito de la oposición, desenlace que seguramente habría desatado titulares grandilocuentes, pues en los últimos 76 años la triunfante organización se mantuvo de victoria en victoria, con solo una derrota en 2008.

   Sin embargo, la Concertación Nacional no pudo concretar la hazaña, pues su candidato a la presidencia, el abogado de 60 años Efraín Alegre, logró poco más de 830 mil votos, para un 27,48 por ciento del total, y quedó muy por detrás del aspirante por los colorados, Santiago Peña, un economista de 44 años que alcanzó el máximo cargo del país con un millón 291 mil votos (42,74 por ciento).

¿Cuáles fueron las opciones del 30 de abril?

   Las dos agrupaciones políticas mencionadas tenían el mayor peso de cara a las elecciones, pero los más de 4,7 millones de paraguayos convocados a ejercer el sufragio podían decidir entre 13 binomios presidenciales diferentes, entre ellos el encabezado por el abogado de extrema derecha Paraguayo Cubas, quien acaparó un sorpresivo casi 23 por ciento de respaldo.

   A juicio de diversos analistas, el triunfo de los colorados constituyó una victoria para el expresidente Horacio Cartes (2013-2018), líder del partido y padrino político de Peña, quien se confirma como una de las figuras más influyentes en la nación sudamericana a pesar de los escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelto.

   En enero pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Cartes y bloqueó su acceso al sistema financiero de ese país, por participar en una “corrupción rampante que socava las instituciones democráticas”, la cual incluyó, según Washington, pagar sobornos para impulsar su carrera a la presidencia y avanzar una reforma constitucional que le permitiera presentarse a un segundo mandato.

   Tales acusaciones, unidas a conflictos internos cada vez más evidentes de la fuerza política, no hicieron mella en un electorado tradicionalmente fiel. Tras el cierre de las mesas de votación el domingo pasado ya había un ambiente festivo en la sede del PC en Asunción, y el primero en llegar al lugar fue precisamente el exjefe de Estado, a quien Peña le agradeció por el triunfo.

   El mandatario electo, estudiante en Estados Unidos, había sido miembro del Partido Liberal hasta el 29 de octubre de 2016, cuando pasó a las filas de los colorados mientras se desempeñaba como ministro de Hacienda de Cartes.

   Calificado como un tecnócrata con falta de experiencia política, Peña se presentó como una nueva generación del partido durante la campaña electoral.

   Durante recientes entrevistas con varios medios de prensa, el exintegrante del Fondo Monetario Internacional manifestó que su agenda de gobierno estará enfocada en impulsar un desarrollo integral de Paraguay mediante el empleo, y la inversión en capital humano, salud y educación.

   En ese sentido, prometió crear 500 mil puestos de trabajo, bajar los precios de los combustibles y la energía, incrementar el número de policías en las calles y ofrecer de forma gratuita los servicios de jardín de infancia, proyectos que financiaría con un impulso a la economía a través de mayores ingresos fiscales y la eliminación de trabas burocráticas.

   Del lado contrario, Alegre, un hombre de larga trayectoria política, sufrió su tercera derrota consecutiva en las urnas, después de haber sido candidato a la presidencia también en 2013 y 2018.

   En ese último año quedó a solo 90 mil votos del actual gobernante, Mario Abdo Benítez, y las encuestas le daban mayores posibilidades en los recientes comicios, pero el líder del Partido Liberal Radical Auténtico una vez más vio truncados sus esfuerzos.

   Alegre, quien prometió conformar un gabinete en el cual al menos la mitad de los miembros fueran mujeres, impulsó una campaña enfocada en la lucha contra la corrupción, con críticas abiertas a su rival político por los estrechos vínculos con Cartes y su “dinero sucio”.

   El abogado, exministro de Obras Públicas y Comunicaciones durante el Gobierno de Fernando Lugo (2008-2012), también mencionó como ejes de un eventual mandato la generación de empleos y la construcción de certezas jurídicas para atraer inversión al país.

   Diversos factores se alinearon para contribuir a esta nueva victoria del PC, que está vinculada no solo con el amplio poder del partido oficialista, sino también con el hecho de que en Paraguay no hay segunda vuelta electoral, y así un mandatario puede ocupar el cargo con menos de la mitad del apoyo de los votantes, como ahora.

   Más allá del logro en la presidencia, los colorados arrasaron, además, en las dos instancias del Congreso (en el Senado quedaron en poder de 23 de los 45 escaños, y en la Cámara de Diputados ganaron 48 de los 80), y en la lucha por las 17 gobernaciones del país, de las cuales acapararon 15.

   Los retos de Peña

   Tan marcada ventaja en el Legislativo constituirá un gran apoyo para la administración de Peña, quien enfrentará varios retos, desde los relacionados con el panorama económico y social hasta los de naturaleza política, incluidas las divisiones dentro de su partido.

   El periodo de transición comenzó signado por las denuncias de fraude por parte de Cubas y las protestas de sus seguidores en los alrededores del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) y otros 60 puntos del país, que condujeron al arresto de al menos 80 personas.

   Las manifestaciones se iniciaron después de que el candidato de Cruzada Nacional publicara un video en Facebook en el cual habló de irregularidades en el proceso y sus simpatizantes tuvieron enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden.

   Por su parte, Alegre y el también excandidato presidencial Euclides Acevedo pidieron a través de sus cuentas de Twitter que el TSJE realice un conteo manual y una auditoría informática de los votos emitidos en los comicios, mientras autoridades electorales descartaron las denuncias de fraude.

   Dichas acusaciones no parecen que vayan a ganar espacio y muchos gobiernos extranjeros ya felicitaron a Peña, cuyos mayores desafíos políticos están vinculados a su propia organización.

   Tendrá que lidiar con el peso de la influencia de Cartes, quien según rivales políticos y diferentes voces, ejercerá como una especie de presidente en la sombra.

   Interrogado por el portal británico BBC Mundo acerca de cuál será el papel del exjefe de Estado en su Ejecutivo, Peña manifestó que como actual líder del PC, deberá ser “un gran soporte para mi Gobierno y acompañar desde el partido la agenda de cambios que quiero llevar adelante”.

   La cercanía con su padrino político podría calificarse de contradictoria a partir de su voluntad expresa de representar un cambio generacional dentro de una formación calificada por el diario español El País como una máquina de poder que ha sabido adaptarse a todos los cambios políticos.

   Además, Peña, incluido dentro del sector de los colorados que ha ejercido oposición interna contra el presidente saliente del país, deberá asimismo lidiar con el abierto enfrentamiento entre Cartes y Abdo, quien manifestó al canal France 24 que el PC vive un momento trágico.

   En opinión del mandatario, esa fuerza está muy comprometida por la dudosa reputación de quienes la encabezan, y consideró necesario realizar un fuerte debate a su interior para recuperar la credibilidad.

   Junto con esos problemas, Peña deberá enfrentar el clima nacional de corrupción, algo que analistas consideran difícil, y combatir flagelos sociales como la pobreza y la desigualdad.

   Datos de la confederación internacional Oxfam indican que en Paraguay un 1,6 por ciento de la población es propietario del 80 por ciento de la tierra.

   Al mismo tiempo, la pobreza monetaria alcanza al 24,7 por ciento de los habitantes, entre los registros más altos en el hemisferio, de acuerdo con cifras citadas por el diario chileno La Tercera.

   Según ese medio, otro desafío para el venidero Ejecutivo está en que la triple frontera compartida con Brasil y Argentina ha propiciado el tráfico de drogas y la consolidación de bandas criminales.

   A ello se une que en Paraguay dos de cada tres trabajadores están en el sector informal, por lo que carecen de acceso a un contrato, salario mínimo y beneficios sociales asociados a un puesto regulado por la ley.

Mientras Peña lidiará con tales líos, la continuidad seguirá vigente en el país, y quienes desean el esquivo cambio deberán esperar otros cinco años para lanzar un nuevo intento contra la supremacía colorada.

José Oscar Fuentes
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