Canadá entre las llamas

   Canadá continúa bajo el azote de las llamas en la peor temporada de incendios forestales registrada en la historia de este país. Ninguna de las 13 provincias y territorios ha escapado del impacto de los miles de fuegos que han golpeado con más fuerza en Quebec, Alberta y Columbia Británica.

   El pasado 25 de junio, el Centro Interagencial Canadiense de Incendios Forestales (CIFFC, por sus siglas en inglés) informó que desde inicios del año y hasta esa fecha los siniestros habían quemado más de 76 mil 129 kilómetros cuadrados de bosques y otras tierras, lo cual representó un nuevo récord anual, al superar los 75 mil 596 kilómetros cuadrados devastados en 1989.

   Desde entonces, el área destruida no ha dejado de crecer. Hasta el 24 de julio último se contabilizaban 117 mil kilómetros cuadrados arrasados por cuatro mil 709 fuegos desde enero, de los cuales había mil 93 activos, incluidos 687 calificados como fuera de control por las autoridades.

   El total de terreno afectado representa cinco veces el promedio anual del país, reflejo de una situación compleja que llevó a la evacuación de más de 155 mil personas de sus hogares, provocó la muerte de tres bomberos y volvió peligrosa la calidad del aire no solo en la nación norteamericana, sino en el vecino Estados Unidos, donde varias ciudades se han visto durante semanas bajo cielos oscurecidos por el humo.

TEMPORADA COMO NINGUNA OTRA

   Los incendios forestales son muy comunes en Canadá, el segundo país más grande del mundo en cuanto a área geográfica, la mayor parte de la cual está cubierta por bosques. Durante la primavera y el verano, suelen presentarse en muchas zonas, fundamentalmente en lugares remotos y despoblados, pero este año se extendieron por sitios poco habituales.

   Aunque la temporada de fuegos normalmente se prolonga de mayo a octubre, la de 2023 comenzó a hacerse sentir particularmente temprano, impulsada por una primavera seca, ventosa y muy cálida, que creó las condiciones ideales para la propagación de las llamas.

   De acuerdo con un reportaje de la cadena estadounidense CBS News, las condiciones cálidas y secas son como la leña para los incendios forestales, y gran parte de Canadá, al igual que el resto de América del Norte, ha experimentado un calor y una sequía sin precedentes en los últimos tiempos, a medida que el cambio climático continúa calentando el planeta.

   A las condiciones de altas temperaturas, sequía y vientos, se unen los rayos como un detonante habitual. “La mayoría de los incendios en el bosque boreal del norte de Canadá son iniciados por rayos. Un aumento de un grado Celsius en la temperatura equivale a un 12 por ciento más de rayos”, declaró a ese medio Edward Struzik, miembro del Instituto de Política Energética y Ambiental de la Universidad de Queen.

   Según los reportes, los principales fuegos registrados en Quebec y en Columbia Británica estuvieron provocados precisamente por esos fenómenos. En este último lugar, Sarah Budd, oficial de información provincial del Servicio de Incendios Forestales, indicó que hubo alrededor de 16 jornadas de actividad convectiva consecutiva, con más de 50 mil rayos en un periodo de siete días.  

   En otros lugares del país, en tanto, las acciones humanas fueron la causa principal de los siniestros, a través de colillas de cigarros desechadas o chispas salidas de los trenes, entre otros motivos.

   Mike Flannigan, profesor de la Universidad Thompson Rivers en Kamloops, Columbia Británica, explicó al diario The New York Times que para un incendio forestal se necesitan tres ingredientes: primero, vegetación, a la cual llaman combustible; segundo, la ignición, que en Canadá son la gente y los rayos; y tercero, un clima cálido, seco y ventoso.

   Esos ingredientes se unieron una y otra vez este año en gran parte del país, expuso, lo que resultó en una temporada de incendios que se destaca “muy por encima de cualquier otra”.

LUCHA CONTRA LOS FUEGOS

   Jennifer Kamau, portavoz del CIFFC, destacó como un elemento extraordinario de la actual temporada su comienzo temprano y en múltiples áreas al mismo tiempo. En un periodo más típico, sostuvo, los incendios estallarían en una parte, luego se extinguirían y comenzarían en otra, lo que permite a los equipos de bomberos abordar una región a la vez. Pero este año, la demanda en todas las provincias y territorios es alta, casi de costa a costa, apuntó.

   De acuerdo con datos difundidos por la agencia británica de noticias Reuters, el lugar más afectado en cuanto a área quemada es Quebec, donde se registraban 43 mil 500 kilómetros cuadrados destruidos hasta el 24 de julio. Esto resulta inusual, dado que en la última década esa provincia ocupó el sexto lugar entre los sitios con mayor cantidad de superficie devastada por los fuegos.

   En Alberta, donde las llamas estallaron a principios de mayo, fueron arrasados ya 17 mil 300 kilómetros cuadrados; en Columbia Británica, que enfrenta el incendio forestal más grande de su historia, el Donnie Creek, 12 mil 900; mientras en los Territorios del Noroeste y en Saskatchewan 9 500 y 9 200, respectivamente.  

   Incluso la provincia marítima templada de Nueva Escocia, que rara vez experimenta fuegos destructivos, este verano se enfrentó al más grande del que se tenga registro allí con 200 kilómetros cuadrados quemados.

   Ante esta gran cantidad de eventos, se dificultaron los esfuerzos de contención. La información difundida por Reuters indica que en todo el país hay unos cinco mil 500 bomberos forestales, sin incluir al remoto territorio de Yukón, una cifra que se queda aproximadamente en dos mil 500 personas por debajo del total necesario, según indicó Flannigan a ese medio de prensa.

   Para el combate contra los siniestros fue necesario movilizar personal de las fuerzas armadas y más de tres mil 400 bomberos internacionales, entre los cuales se incluyen casi mil 500 provenientes de Estados Unidos, 600 de Sudáfrica, 300 de Australia, 220 de Francia, 200 de México, 140 de Corea del Sur, 130 de Portugal, y algunas decenas de España, Nueva Zelanda, Chile y Costa Rica, de acuerdo con cálculos de la agencia.

   Asimismo, la corporación radiotelevisiva CBC informó que el pasado sábado había 500 bomberos internacionales que apoyaban a dos mil miembros del personal de la provincia en el combate contra más de 500 fuegos en Columbia Británica, una cifra que se incrementó con la llegada de 100 brasileños.

   Pero todo ese despliegue no significa que podrán apagarse. Dada la gran cantidad de hechos que ocurren a la vez, los trabajos se concentran en sofocar aquellos que ponen en peligro las vidas y las propiedades.

   Quinn Barber, analista de ciencias del fuego en los Servicios Forestales Canadienses en Alberta, señaló al portal NPR que es muy difícil controlar los incendios en aquellas áreas donde no hay acceso por carretera ni ninguna de las infraestructuras necesarias para apoyar la actividad de extinción, por lo cual todas las provincias siguen una regla por encima de todo: dar prioridad a la vida y seguridad humanas.

   Otros factores que se toman en cuenta son las comunidades, la infraestructura, los recursos naturales y los valores ambientales. Si un siniestro no pone en riesgo alguno de esos elementos, puede monitorearse y dejar que se siga quemando. “Es parte de un ciclo natural para los bosques boreales de Canadá”, añadió, al explicar que eso sucede cuando se trata de lugares peligrosos a los que no vale la pena correr el riesgo de enviar bomberos.   

CAMBIO DE PARADIGMA

   Ante el impacto de estos megaincendios, expertos citados por The New York Times opinan que los métodos tradicionales de extinción ya no son suficientes, por lo que, en lugar de centrarse en apagar las llamas, las agencias, gobiernos y la industria maderera deberían llevar a cabo cambios fundamentales para evitar que comiencen y se propaguen.

   Esto incluye medidas como cerrar los bosques a las personas si las condiciones son propicias para que se desaten llamas, y aumentar las patrullas para detectar fuegos pequeños de forma más temprana, cuando todavía existe la posibilidad de contenerlos, sostuvo el periódico.

   Podemos agregar miles de millones de dólares, e incluso entonces no podríamos extinguir todos los incendios forestales, consideró Yves Bergeron, experto en ecología y gestión forestal de la Universidad de Quebec, quien mencionó que esa provincia debería centrarse en hacer que las comunidades y la infraestructura sean más resistentes, al crear, por ejemplo, zonas de amortiguamiento formadas por árboles o plantas menos inflamables.

   Los especialistas consultados por el diario mencionaron otras posibles acciones como reducir o eliminar las líneas eléctricas que atraviesan los bosques, realizar quemas controladas, alentar a la industria maderera a cortar en patrones de mosaico e incentivarla a plantar especies de crecimiento más rápido, aunque menos valiosas comercialmente.

   Todo eso implica un cambio de paradigma que consideran necesario a medida que estos eventos se vuelven cada vez más difíciles de enfrentar.  

José Oscar Fuentes
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