América Latina. Incertidumbres y nuevas tensiones en 2025

El año 2025 significó un período de intensa definición para América Latina, con procesos electorales, un fallo judicial de resonancia histórica, una creciente tensión en el mar Caribe y una economía regional entre la recuperación y la incertidumbre.

    Además, hubo otros acontecimientos, de gran peso y que harían aún más difícil escribir este intento de resumen; pero todos, hasta los supuestamente menos complicados, configuraron, al decir de académicos y expertos, un panorama complejo y fragmentado.

    Varias voces se empeñaron en señalar en cualquier análisis la necesaria y constante búsqueda de la estabilidad democrática, aunque “esa asignatura” quedó pendiente en los últimos 12 meses, y otras opiniones recordaron el impacto de las presiones de un escenario global cada vez más competitivo.

     ECUADOR

     La elección presidencial en Ecuador, celebrada en el primer trimestre del año, resultó, tal vez, el momento en las urnas de mayor urgencia.

    Aún golpeada por la crisis de seguridad que estalló con fuerza en 2024, dicha nación buscaba un liderazgo capaz de restaurar el orden y, al mismo tiempo, abordar las causas estructurales de la violencia.

    De esa manera, la campaña se centró casi exclusivamente en estrategias para combatir al crimen organizado transnacional, con propuestas que fueron desde la mano firme y medidas de excepción hasta enfoques más integrales combinando fuerza estatal con inversión social.

    El éxito del presidente Daniel Noboa, quien completó el mandato de Guillermo Lasso tras una accidentada coyuntura política, marcó un voto por la continuidad de las propuestas del mandatario, muchas veces criticadas dentro y fuera de los límites nacionales.

     Más allá del triunfo, la administración de Noboa enfrentó grandes desafíos, pues según expuso un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en abril, “la situación en Ecuador evidencia cómo la debilidad institucional y la desigualdad pueden ser explotadas por actores criminales, requiriendo respuestas que trasciendan lo meramente policial”.

    Noboa gobierna, es cierto, recalcaron sus seguidores, pero existe una Asamblea Nacional (poder legislativo) fracturada, y la mayor parte de los ecuatorianos sufre una economía frágil.

    BRASIL

    A finales de noviembre, el expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro se convirtió en el primer exgobernante democrático de Brasil en ingresar de manera formal a prisión para cumplir una condena de 27 años y tres meses por intentar quebrantar el orden constitucional.

    De acuerdo con disímiles opiniones, su reclusión en la Superintendencia de la Policía Federal en Brasilia, donde estuvo previamente, representó el clímax de un proceso judicial exhaustivo y una prueba de fuego para las instituciones nacionales frente a los intentos de subversión golpista.

    Como era esperado, correspondió concluir el caso al Supremo Tribunal Federal (STF), que declaró firme la sentencia contra el otrora mandatario por cinco delitos: organización criminal armada, intento de abolición violenta del Estado Democrático de Derecho, golpe de Estado, daños agravados mediante violencia y amenazas graves, y deterioro del patrimonio histórico.

   Todo eso como evidencia de un plan coordinado para desestabilizar el sistema electoral tras los comicios generales de 2022, que perdió ante Luiz Inácio Lula da Silva, el actual jefe de Estado.

   Durante el proceso judicial fue demostrada la existencia de una organización criminal que actuó en diversos frentes para ejecutar la ruptura de la democracia, desde discursos públicos hasta presiones al alto mando de las Fuerzas Armadas.

   Además de Bolsonaro, el STF condenó a seis de sus aliados, incluidos generales, ya tras las rejas, como Walter Braga Netto, Augusto Heleno y Paulo Sérgio Nogueira, y el excomandante de la Marina Almir Garnier.

   Mientras tanto, el teniente coronel Mauro Cid, exayudante de órdenes de Bolsonaro, y el diputado Alexandre Ramagem están libres, pues el primero llegó a un acuerdo de culpabilidad y cumplió la condena estipulada en el pacto, y el segundo huyó a Estados Unidos antes de que finalizara el proceso.

    BOLIVIA

    Después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Bolivia, las cuales señalaron un cambio en la historia política de ese país sudamericano, el 19 de octubre aconteció el balotaje, cuyo ganador fue el centroderechista Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano.

    Paz aventajó al expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, representante de Alianza Libre y de la derecha, y con su toma de posesión finalizaron las administraciones del Movimiento al Socialismo (MAS), en el poder durante casi las últimas dos décadas.

   Así cerró una época signada por la izquierda con la conducción de Evo Morales y Luis Arce, quienes se distanciaron entre ellos en los últimos tiempos, y muchos apuntaron a tales divisiones como las responsables del fracaso.

    Reportes de prensa recordaron que durante su campaña electoral, Paz, con una carrera que incluye hacer sido alcalde de Tarija y senador, prometió capitalismo para todos y se posicionó como una alternativa pragmática a la polarización partidista.

   Analistas afirmaron que un factor clave en el logro de Paz fue la conexión con votantes más jóvenes y de clase trabajadora, alcanzada en gran parte gracias a su compañero de fórmula (vicepresidente), Edman Lara, un ex capitán de policía muy popular por sus denuncias de corrupción en redes sociales.

    Dicho binomio ganó “porque si no querías votar a la derecha tradicional ni al MAS, no había otra opción”, opinó el economista Armando Ortuño citado por el diario español El País.

    MAR CARIBE

    Despliegues navales, ataques aéreos, constantes tensiones, decenas de muertos y nuevas preocupaciones para la comunidad latina en Canadá tuvieron estrecha relación con la escalada militar de Estados Unidos en el mar Caribe.

    Por una situación con inicios en agosto pasado, se mencionaron en variados espacios traumas históricos, plantearon preguntas sin respuestas inmediatas y precisas, e hicieron aflorar heridas que al parecer no curaron bien en otros tiempos.  

   El movimiento de las fuerzas estadounidenses de los últimos cinco meses en dicha zona incluyó portaaviones como el USS Gerald R. Ford y más de cuatro mil 500 marines, según reportes periodísticos.

    Con el avance de la llamada Operación Southern Spear, los latinos observaron desde Canadá cómo la doctrina de seguridad de Washington transforma su patria original en un campo de batalla.

    La narrativa del Gobierno estadounidense se centró en una guerra contra el narcoterrorismo, la cual llevó a designar como objetivos militares a organizaciones al estilo del Tren de Aragua y el Cartel de los Soles.

     Sin embargo, tal argumento fue cuestionado por expertos, y entidades regionales apuntaron como contraste que la ruta del narcotráfico resulta marginal en el Caribe en comparación con el Pacífico.

   Además de los buques, el despliegue de bombarderos estratégicos B-52 y cazas F-35 en Puerto Rico, sumado al creciente número de muertes de civiles en al menos casi 20 ataques reportados, incidió en la determinación del Gobierno venezolano a movilizar a 15 mil soldados y llamar a civiles a unirse a las milicias.

    Frente a esta crisis, el Gobierno canadiense mantuvo una postura cautelosa, y en una reunión del G7 en noviembre su canciller, Anita Anand, se negó a valorar los ataques y subrayó que era “prerrogativa de Washington determinar si se ajustan al derecho internacional”.

    CHILE

    Un político pinochetista, de ultraderecha y con un discurso de mano dura contra la delincuencia y la inmigración será desde el 11 de marzo de 2026 el próximo presidente de Chile: su nombre José Antonio Kast.

   Sondeos y criterios especializados subrayaron que el fundador del Partido Republicano, de 59 años de edad, era el favorito a imponerse en la segunda vuelta de los comicios presidenciales para la cual fueron convocados unos 15,7 millones de chilenos, y el pronóstico se confirmó.

    A muchos sorprendió la amplia ventaja del triunfador sobre la candidata de izquierda, el progresismo y la socialdemocracia, Jeannette Jara.

    Previo a este éxito, gracias a 7,2 millones de votos, la mayor cantidad en la historia chilena para un mandatario electo, Kast recibió respectivas derrotas a manos de Sebastián Piñera y Gabriel Boric, el actual gobernante, en 2017 y 2021.

    El miedo de electores a la delincuencia, a la inmigración descontrolada y al estancamiento económico fue la clave fundamental para explicar la victoria del otrora diputado, manifestaron expertos consultados por BBC Mundo.

    Frente al supuesto pánico, Kast propuso un discurso a favor del orden y la seguridad, y evitó de manera deliberada temas causantes de división que defendió en campañas anteriores, como su oposición a los derechos de la comunidad LGBTIQ+ o al aborto.

    La aparente moderación, sumada al apoyo de figuras de la derecha tradicional y libertaria, le permitió captar votos del centro y consolidar una coalición ganadora, agregaron las fuentes.

    El triunfo de Kast alegró a los gobernantes de derecha de América Latina, y el jefe de Estado de Argentina, Javier Milei, estuvo entre los primeros en felicitarlo y expresó que era “un paso más de nuestra región en defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada”.

    Por otra parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, señaló que Kast venció democráticamente en la urnas; pero, agregó, “llama la atención” su reconocimiento a Augusto Pinochet, responsable del golpe de Estado contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 y dictador en el poder hasta 1990.

José Oscar Fuentes
+ posts