El Salvador. Otros cinco años para Bukele

Cuando todavía faltaban por contabilizarse más de la mitad de los votos, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, celebró un nuevo triunfo electoral en el cual se rompieron “todos los récords de todas las democracias en toda la historia del mundo”, según aseguró el propio mandatario en una alocución ante sus seguidores.

   Desde el balcón del Palacio Nacional, el jefe de Estado aseguró que nunca un proyecto había ganado con la cantidad de respaldo obtenido por él en los comicios del 4 de febrero, en los que su fuerza política, la coalición Nuevas Ideas, también parece haber arrasado con los escaños de la Asamblea Legislativa (Parlamento).

   En el momento en que el gobernante pronunció esas palabras, con solo un 31,5% de las mesas escrutadas, los resultados preliminares del Tribunal Supremo Electoral indicaban que Bukele acumulaba un millón 295 mil 888 votos, una diferencia más que aplastante sobre Manuel Flores, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ocupante del segundo puesto con apenas 110 mil 244 papeletas.

   Si en otras elecciones, con poco más del 30% de las actas contabilizadas hubiera sido muy difícil decretar un resultado, en el caso de este proceso los números mostrados por el gobernante parecieron suficientes desde el principio para hablar de un éxito rotundo.

   El lunes, con el 70% de las actas escrutadas, el mandatario ostentaba el 81% del apoyo popular, ratificación de que será el responsable de llevar las riendas del país otros cinco años, desde el venidero 1 de junio hasta igual fecha de 2029.

CONTROVERSIAS, ELECCIONES Y MÁS POLÉMICA

   Gracias a su victoria en las urnas, el hombre de 42 años se convertirá en el primer presidente en gobernar en El Salvador en un segundo mandato consecutivo desde 1983, cuando se promulgó la actual Constitución.

   La Carta Magna establece que no puede optar a la presidencia quien se haya desempeñado en ese cargo por más de seis meses durante el periodo inmediato anterior; y que la alternabilidad en el ejercicio de la presidencia es indispensable para el mantenimiento de la forma de gobierno y el sistema político.

   Debido a eso, la candidatura de Bukele generó gran controversia en la nación centroamericana y fuera de ella, pues la oposición y expertos en la materia advirtieron que su postulación era un paso inconstitucional.

   Sin embargo, su participación en los comicios quedó avalada cuando en 2021 la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia emitió una resolución en la cual sostuvo que la decisión de que el presidente siga en el cargo recae en los electores.

   Para ese órgano, también polémico porque fue elegido por una Asamblea Legislativa controlada por la fuerza política de Bukele, el hecho de que un gobernante compita de nuevo implica únicamente que el pueblo tendrá a esa persona entre una gama de opciones, lo cual no necesariamente implica su reelección.

   Eduardo Escobar, director ejecutivo de Acción Ciudadana, una asociación sin fines de lucro especializada en contraloría social, manifestó a la cadena estadounidense CNN que la candidatura de Bukele “sin duda es inconstitucional”.

   Desde su punto de vista, la Sala de lo Constitucional que lo habilitó consiste en un grupo de abogados impuestos y no nombrados genuinamente. “No son magistrados legítimamente electos, sino que, como digo, es un tribunal, supuesto tribunal, que el mismo presidente se confeccionó a la medida”.

   Pero el líder de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, expresó al diario argentino Página 12 que solo la oposición y quienes están enojados con Bukele dicen que la reelección es inconstitucional.

   Incluso con las controversias, no mermó el apoyo popular hacia el jefe de Estado, a quien todas las encuestan daban como favorito para superar a sus cinco contrincantes: Flores, Joel Sánchez (Arena), Luis Parada (Nuestro Tiempo), José Renderos (Fuerza Solidaria) y Mariana Murillo (Fraternidad Patriota Salvadoreña).

   Aun cuando su triunfo electoral era algo esperado, al cierre de esta edición todavía no estaban los resultados oficiales de los comicios presidenciales, pues el Tribunal Supremo Electoral (TSE) debió reconocer públicamente que falló el sistema de transmisión, y que solo habían digitalizado seis mil 15 actas y quedaban pendientes dos mil 475.

   Ante esa situación, la magistrada presidenta del TSE, Dora Esmeralda Martínez, anunció que abrirían las dos mil 547 urnas restantes para un conteo “voto por voto”, un procedimiento que decidieron seguir igualmente con las ocho mil 562 urnas de los comicios legislativos, de los cuales solo había sido posible contabilizar un 5,06%.

   Esa situación, y otras anomalías reportadas por medios locales de prensa como ciudadanos designados para conformar las Juntas Receptoras de Votos a los que no les permitió acceder a las mesas y la duplicación de resultados introducidos en el sistema, crecieron las denuncias de quienes consideran que se trató de un proceso fraudulento, pero nada de eso debe cambiar el hecho de que Bukele seguirá gobernando, con el respaldo de un Parlamento ampliamente controlado por su fuerza política.

BALANCE Y PERSPECTIVAS

   Lo conseguido por el mandatario en las urnas, pese a tantas objeciones, solo es explicable por su inmensa popularidad en un país tradicionalmente muy golpeado por la violencia, en el que él hizo de la seguridad y el enfrentamiento a las pandillas la columna vertebral de su estrategia de gobierno.

   En marzo de 2022 aprobó un régimen de excepción todavía vigente como parte del cual fueron detenidas más de 75 mil personas por supuestos nexos con los grupos criminales que durante décadas provocaron terror entre la ciudadanía y que actualmente se encuentran prácticamente desarticulados, según el reporte de medios de prensa como el británico BBC Mundo.

   Salvadoreños entrevistados por ese portal afirmaron que la seguridad regresó a la mayor parte del país y que pueden transitar libremente entre zonas que antes contaban con fronteras invisibles, al estar controladas por pandillas rivales, en tanto comerciantes y empresarios dejaron de sufrir extorsiones a raíz del modelo de “mano dura” del presidente.

   Datos de la Policía Nacional Civil de El Salvador indican que la tasa de homicidios en la nación centroamericana pasó de 106,3 por cada 100 000 habitantes en 2015 a 2,4 el pasado año.

   Aun con ese tipo de resultados, varias organizaciones no gubernamentales locales y extranjeras critican el estado de excepción y piden que se derogue, al denunciar que ha conducido a numerosas violaciones de derechos humanos como el encarcelamiento indiscriminado, las desapariciones forzadas, torturas y muertes bajo la custodia del Estado.

   Junto a la pacificación lograda en el llamado Pulgarcito de América, el Gobierno de Bukele buscó impulsar el turismo y cambiar la imagen del país a nivel internacional, en lo cual fue significativo la celebración de eventos como los Juegos Centroamericanos y del Caribe del verano pasado o el certamen de Miss Universo realizado en noviembre.

   En medio de las polémicas y las críticas de quienes lo consideran antidemocrático, y aupado por sondeos de opinión que le conceden hasta 90 por ciento de popularidad, los retos principales de su venidero mandato se ubican en el plano económico, cuando el salario mínimo se mantiene en 365 dólares, pero el precio de la canasta básica aumentó un promedio de casi 54 dólares de 2019 a 2023.

   “La situación de seguridad es mejor, pero la economía sigue mal”, dijo a la agencia AFP el analista Michael Shifter, del centro de estudios Diálogo Interamericano en Washington.

   En una encuesta publicada en enero último por el Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, un 32,8% de los consultados mencionó a la economía como el principal problema que enfrenta actualmente El Salvador, mientras que la segunda preocupación más mencionada fue el desempleo (17,3%), seguido por el costo de la vida y la pobreza (13,2% y 6,6%, respectivamente).

   Durante su alocución del domingo, el mandatario prometió “un periodo de prosperidad” porque “ya no hay freno para crear una empresa”, estudiar, trabajar, desarrollar el turismo, pero AFP reportó ya empiezan a oírse quejas en la calle, cuando casi un 30% de los salvadoreños vive en la pobreza y uno de cada 10 en la pobreza extrema, mientras cerca del 70 por ciento de los trabajadores se encuentran en el sector informal, sin acceso a prestaciones sociales.

   “Los problemas del país son mucho más amplios que la cuestión de la seguridad. En términos de empleo, educación” y otros asuntos sociales “no hay ninguna mejora”, declaró a ese medio Ana María Méndez-Dardón, directora para Centroamérica de la Oficina en Washington para América Latina.

   Superado de momento el grave problema de la violencia y la criminalidad, Bukele deberá demostrar ahora la misma capacidad para resolver esas otras preocupaciones apremiantes de la población si desea mantener el respaldo popular que, a pesar de tantas polémicas, lo mantiene en el poder.

José Oscar Fuentes
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