
El mundo está enfrentando una emergencia global en materia de desarrollo sostenible, con un avance insuficiente y desigual hacia el cumplimiento de la Agenda 2030, advirtió el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, António Guterres.
Según las declaraciones de Guterres en el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible, solo el 35 por ciento de las metas establecidas progresan de forma adecuada, mientras que casi la mitad avanza demasiado lento y un 18 por ciento incluso retrocede, a menos de cinco años del plazo límite para alcanzar tales objetivos.
Otras cifras alarmantes expuestas por medios de prensa señalan más de 800 millones de personas siguen viviendo en pobreza extrema y la intensificación de múltiples crisis, incluida la climática, limita la capacidad de los países para invertir en el bienestar de sus poblaciones.
AMÉRICA LATINA
Dicho diagnóstico adquiere una dimensión aún más crítica en América Latina y el Caribe, pues un informe reciente de la Comisión Económica para esta área geográfica (Cepal) reveló que la región apenas cumplirá un 23 por ciento de los propósitos de la Agenda 2030, lo que evidencia un atraso relevante.
Aunque aproximadamente un 41 por ciento de los objetivos sigue una trayectoria positiva, subraya el documento, el ritmo actual resulta insuficiente para cumplir los compromisos, y cerca de un 36 por ciento está estancado o en retroceso en comparación con 2015.
En opinión de diversos analistas, las transformaciones necesarias para terminar con la pobreza, reducir las desigualdades y garantizar ciudades sostenibles están lejos de concretarse.
Varias causas explican el problema en América Latina como son las capacidades institucionales limitadas, el financiamiento insuficiente y el estrecho espacio fiscal frente a crecientes demandas sociales y ambientales.
La pandemia de la Covid-19 también impactó el progreso al generar retrocesos en los sectores de la salud, la educación y el empleo, sumado a tensiones geopolíticas globales que complican aún más la gestión de las transformaciones que requiere la región.
A criterio de la Cepal, se necesitan fortalecimientos en la gobernanza nacional y subnacional, así como un diálogo social inclusivo que integre al gobierno, el sector privado, la sociedad civil y la academia para implementar políticas integrales y efectivas.
Por ejemplo, en México los avances en acceso a energía limpia y educación de calidad han sido palpables, pero persisten brechas significativas en la erradicación de la pobreza y desigualdad estructural, factores que dificultan un progreso sostenido.
De manera similar, Costa Rica ha logrado adelantos importantes en energías renovables y protección ambiental, con reconocimientos a sus iniciativas sostenibles, y a la par enfrenta desafíos para erradicar la pobreza y lograr una justicia social plena.
En Argentina, la elevada deuda externa y la inflación limitan la capacidad estatal para financiar programas sociales y ambientales a favor del desarrollo, y Colombia, con conflictos internos prolongados, manifiesta la estrecha relación entre la paz y el progreso.
SOLUCIONES
Guterres pone especial énfasis en la necesidad de una reforma de la arquitectura financiera internacional con el fin de facilitar el acceso a recursos necesarios, sobre todo para los países en desarrollo que enfrentan fuertes cargas de deuda.
La propuesta incluye medidas de alivio, la redistribución más justa de los derechos especiales de giro y el aumento significativo de la capacidad de préstamo de los bancos multilaterales de desarrollo.
Solo, afirma, mediante el desbloqueo de la financiación será posible impulsar inversiones en sistemas alimentarios sostenibles, energías renovables, inclusión digital, educación y empleo verde.
Más allá de su riqueza natural, América Latina es vulnerable a los impactos del cambio climático, fenómenos extremos y pérdida de biodiversidad, y esa condición demanda acciones integradas que conjuguen mitigación y adaptación, poniendo en el centro a las comunidades más vulnerables.
Aunque muchas voces la consideran inalcanzable, la Agenda 2030 propone esa mirada holística, que también debe responder a las desigualdades sociales para que el desarrollo no deje a nadie atrás.
Sin dudas, el mensaje de Guterres es un llamado urgente a la acción colectiva y subraya la necesidad de unidad, cooperación internacional y determinación en la ejecución de las transformaciones estructurales.
Pese a la gravedad del actual contexto, mantiene un discurso de esperanza, al estimar que si se actúa con decisión, para superar las desigualdades, reformar los sistemas financieros internacionales, fortalecer las instituciones y acelerar el ritmo de implementación de proyectos, los resultados serían positivos.
Como ilustran las evidencias, la realidad exige una movilización sin precedentes de recursos, capacidades y voluntad política para poder revertir las tendencias y cumplir con la promesa de un desarrollo sostenible, justo y respetuoso con el medio ambiente en los próximos cinco años.










