Hebe de Bonafini, la huella de una madre

Quiero que me recuerden como una madre que luchó por los 30 mil desaparecidos, por esos hijos o muchos más, porque tal vez nunca sabremos la cifra real, pidió en una ocasión Hebe de Bonafini.

Soy una mujer común que lava, plancha y cocina. No soy nada de otro mundo. El día que muera no tienen que llorar, sino bailar, cantar y hacer una fiesta en la plaza de Mayo porque hice, dije y peleé por lo que quise, señaló quien es considerada un símbolo de resistencia y una incansable defensora de los derechos humanos.

Desde que se conoció su deceso, a los 93 años de edad, Argentina está de luto, quienes la acompañaron en cada paso aseguran que seguirá viva, que solo cambió de casa, y en Buenos Aires no para de llover.

Mandatarios, ministros, dirigentes de organizaciones sociales y políticas de este país y el mundo lamentaron su fallecimiento la víspera y resaltaron el ejemplo de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Dicha organización anunció que su marcha dos mil 328 estará dedicada a ella, pero no habló de despedida, sino de presencia eterna y de que el amor con amor se paga.

También comunicó que, a petición suya, sus cenizas estarán en la Plaza a la que llegó durante 45 años para exigir justicia por sus hijos y los otros tantos detenidos, desaparecidos, torturados y asesinados durante la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983).

Jorge Omar Bonafini tenía 26 años cuando fue secuestrado en febrero de 1977, en la ciudad de La Plata; y su hermano Raúl Alfredo, de 24, sufrió el mismo destino 10 meses después.

La esposa de Jorge, Maria Elena Bugnone, fue detenida en 1978.

Desde entonces, Hebe no cesó en la búsqueda de la verdad y, junto a otras mujeres, inició un largo camino en el cual serían perseguidas, vigiladas, arrestadas y, algunas de ellas, asesinadas, por no rendirse.

De esa manera, llegaron a conformar una de las más importantes fuerzas de resistencia en este país y sus pañuelos blancos se convirtieron en símbolo de oposición y de lucha contra el régimen apoyado por Estados Unidos en el marco de la Operación Cóndor.

Volver a la Plaza es como el encuentro con los hijos que nos faltan, un encuentro tácito, pero en serio, comentó De Bonafini, en una entrevista concedida a Prensa Latina.

Cuando bajamos de la camioneta, hay algo que nos conmueve, nos hace pasar los dolores y estamos bien, no sentimos nada. Pareciera que es un milagro, porque tenemos todas más de 90 años y cuando entramos allí estamos en otro mundo. La plaza es un lugar de encuentro, de lucha y de vida, aseguró.

Aseveró que las Madres le cambiaron la historia a quienes querían que reconocieran a sus hijos como muertos sin saber qué les había pasado, quiénes los habían asesinado y por qué.

Ese encuentro cada jueves y ese sentirlos vivos es real. Ellos nos acompañan siempre en todo lo que hacemos, nos inspiran a hacer las cosas mejor y a crecer. La verdadera justicia es que ellos estén presentes en cada compañero que levanta su bandera, en cada marcha y en los reclamos de los trabajadores y los pobres, dijo.

Como lo prometió, Hebe volverá a la Plaza, esta vez para siempre, con la certeza de haber peleado por la vida y de ser la Madre de millones de argentinos.

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