Just The Facts: Tus ojos no te engañan

Los canadienses pueden dejar de preguntarse si están leyendo bien las etiquetas de precio. Los alimentos siguen encareciéndose y los datos más recientes del Índice de Precios al Consumidor (IPC), publicados por Statistics Canada, lo confirman con claridad.

Lo que durante meses se percibió como un shock al ver los precios en el supermercado ahora es un hecho contundente: los precios de los comestibles han superado a la inflación general durante nueve meses consecutivos, y la comida cuesta hoy 3,4 % más que hace un año. No sorprende que 1 de cada 5 canadienses esté dejando de pagar algunas facturas para poder comprar alimentos básicos.

El propio primer ministro Mark Carney pidió ser evaluado por los precios en el supermercado. Sin embargo, las cifras actuales del IPC pintan un panorama preocupante: los alimentos aumentan más rápido hoy que cuando asumió el cargo, y los nuevos datos no brindan alivio alguno a quienes luchan por llegar a fin de mes en un contexto marcado por inflación y mala gestión económica.

La letra pequeña es aún más alarmante. Para muchos padres jóvenes, la fórmula infantil es una necesidad básica, pero ahora cuesta 5,9 % más que el año pasado y ha aumentado más de 80 % desde 2017. La situación se ha vuelto tan crítica que la fórmula se ha convertido en uno de los productos más robados en Canadá, algo impensable para un país del G7.

El café —compañero indispensable de tantas familias— tampoco ofrece consuelo: el precio del café tostado y molido ha subido 34,2 %. Y en cuanto a frutas y verduras, los incrementos hablan por sí solos: las naranjas han subido 7,2 %, las manzanas 4,2 %, los jugos de frutas 7,3 %, y las zanahorias un 11 % interanual.

Las proteínas tampoco se quedan atrás. El pollo fresco o congelado subió 6,2 %, los productos del mar 8 %, y la carne en general 8,4 %, mientras que la carne de res fresca o congelada se disparó un asombroso 16,8 %.

En conjunto, la inflación alimentaria sigue por encima de la meta del Banco de Canadá, obligando a muchas familias a elegir entre comer adecuadamente, mantener sus hogares calientes o pagar la vivienda.

Ante esta realidad, los conservadores han propuesto al gobierno eliminar el impuesto al carbono industrial aplicado a fertilizantes y maquinaria agrícola, el estándar de combustible de 17 centavos por litro en gasolina y diésel, y el impuesto de mil millones de dólares sobre empaques de alimentos —cargos que terminan aumentando el precio final. Sin embargo, el gobierno liberal ha rechazado estas medidas.

Los canadienses, señalan los conservadores, simplemente no pueden permitirse más de lo mismo. Su compromiso, afirman, es seguir presionando al gobierno en defensa de las familias y trabajar para restaurar la promesa de Canadá: un país donde el esfuerzo tenga recompensa, donde la comida saludable sea accesible y donde cada familia pueda prosperar con dignidad.

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