La equidad de género

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirma que “la violencia sexual contra las mujeres y las niñas tiene sus raíces en siglos de dominación masculina. No olvidemos que las desigualdades de género que alimentan la cultura de la violación son esencialmente una cuestión de desequilibrio de poder”. Y tiene razón.

La ONU señala que la violencia es el maltrato físico o psicológico, el acoso sexual, la explotación y violación sexual, la mutilación genital y el matrimonio infantil. Este 25 de noviembre se conmemora un año más para recordar que el cuerpo femenino no es algo que se usa y se desecha, sino que pertenece a un ser humano con derechos y que como tal debe ser protegido.

La violencia intrafamiliar se ha recrudecido con el encierro por la pandemia del coronavirus. Es por ello que Correo Canadiense incluye en esta edición el análisis de esta problemática, tan añeja y tan tristemente vigente. Analizar el tema desde la interseccionalidad, es decir, considerando los aspectos sociales y políticos que crean diferentes modos de discriminación y privilegio, ayuda a comprender mejor este fenómeno que en su mayoría afecta –y de por vida—a mujeres y niñas.

En un grado extremo, los feminicidios –que existen no sólo en México o Centroamérica, sino también en Canadá con mil 186 mujeres indígenas asesinadas en un lapso de 30 años—son una alerta roja de lo que pasa cuando no se sensibiliza a la sociedad ni se castiga el maltrato a las mujeres. Sabemos que hay casos de víctimas masculinas, pero la desproporción de géneros es extrema.

La equidad de género comienza no sólo con reconocer la diferencia física entre hombres y mujeres, sino en estimular la igualdad de oportunidades entre ambos géneros, tanto en el escenario laboral o político como en el íntimo. En este tema, nuestra comunidad latina tiene mucho que aprender y aportar.

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