Latinos o Hispanos ¿qué nos calza mejor y por qué? (2)

Crowds cheer and wave flags during the Puerto Rican Day Parade, Sunday June 10, 2018, in New York. (AP Photo/Bebeto Matthews)

Hace algunas semanas nos propusimos analizar los conceptos “hispano” y “latino” en detalle, de modo de poder dilucidar cual de ellos sentimos que se aplica mejor a lo que somos.

En aquella oportunidad pusimos el foco en el primero de esos conceptos (la nota puede encontarse en nuestro sitio web) y hoy nos abocaremos a analizar el segundo.

El concepto “latino” es mucho más complejo que el concepto “hispano” por lo que deberemos ante todo descartar una de sus definiciones, que con frecuencia lleva a confusiones.

Dado que latinos eran los pueblos que vivían en la región del Lazio en épocas antiguas y el latín era su idioma, existen quienes hoy extienden el concepto de “latinas”, a todas aquellas culturas que hoy hablan un idioma derivado del latín, es decir todos aquellos que se hablan en la Península Ibérica (español, portugués, catalán, gallego etc.), el italiano, el francés o el rumano, conocidas como “lenguas romances” por ser de alguna forma herederas culturales de Imperio Romano.

Puede no ser totalmente incorrecto hablar de culturas latinas en ese sentido, pero lo que sí no corresponde es extender el sentido del término hasta el extremo de decir que los rumanos son latinos porque su lengua proviene del latín o que lo son los habitantes de todos los países que tienen el francés como lengua oficial. Ni los rumanos ni los habitantes de Senegal o Quebec se reconcen a sí mismos como latinos y por lo tanto el uso de dicha palabra para definirlos no es el más adecuado.
Por todo lo anterior, deberemos entonces encontrar otra definición del concepto “latinos” que se ajuste más al sentido en el que hoy lo usamos.

Un hallazgo brillante para un problema geopolítico

“La América combate con despecho y rara vez la desesperación no ha arrastrado detrás de sí a la victoria”, le escribía Simón Bolívar a un comerciante jamaiquino en momentos cruciales de la lucha por la independencia, cuando “América” o “América del Sur” era como se llamaba nuestro continente.

En ocasiones, al inicio de las luchas independentistas se hablaba de “la América española”, pero no como denominación sino como característica diferenciadora de la América anglosajona, pero avanzada la guerra de liberación ese término cayó en completo desuso.
El mismo Bolívar se reconocía como “americano meridional”, y si repasamos escritos de San Martín o de cualquiera de los libertadores, desde Hidalgo en el norte hasta Artigas en el sur, veremos que “americanos” o “americanos del sur” era el modo en que se definían a sí mismos y a sus compatriotas.

El concepto de “América Latina” en cambio, nació posteriormente, a mediados del siglo XIX y tiene un origen no del todo claro.

La mayor parte de los estudiosos sostienen que el concepto fue empleado por primera vez en escritos del intelectual y político francés Michel Chevalier, en los que trataba de justificar la instalación del emperador Maximiliano en el trono de México, como avanzada de un gran Imperio francés en territorio americano.

Chevalier argumentaba que para contrarrestar la influencia anglo-estadounidense en los países que se habían liberado de España y considerando que todos ellos eran católicos y latinos, resultaba conveniente, desde el punto de vista de los intereses de Francia, encontrar una denominación común que excluyera algunos términos como Hispanoamérica o Iberoamérica, a todas luces inconvenientes.

Maximiliano de Austria, el emperador de México, no sobrevivió a esa absurda aventura y fue ejecutado en Querétaro sólo 3 años después, pero la palabra creada para justificar aquel disparate, Latinoamérica, tuvo mejor suerte.

Hay quienes le adjudican la autoría del término al filósofo y político chileno Francisco Bilbao que lo habría utilizado en una conferencia en París en 1856, y se conjetura que Chevalier lo habría tomado para sí en ese momento, pero sea cual sea la verdad, lo cierto es que hasta ese entonces nuestra América había estado huérfana de una palabra que la identificara y a partir de entonces comenzó a tenerla.

Hispanoamérica e Iberoamérica recordaban el pasado colonial, América Meridional era meramente geográfico y excluía tanto a América Central, como a México y las Antillas, por lo que Latinoamérica o América Latina fueron entonces una excelente solución a un problema que, más que semántico, era geopolítico e identitario.

Ahora bien… Quienes viven en Latinoamérica o se sienten pertenecientes al horizonte cultural latinoamericano, ¿son latinos?

Los orígenes de una abreviatura compleja

Comenzaba la segunda mitad del Siglo XX y los Estados Unidos emergían de la Segunda Guerra Mundial como la nueva potencia hegemónica militar, económica y culturalmente. Algunas ramas de la cultura popular en la que los EEUU habían tomado la vanguardia en las décadas previas, la discografía y la cimematografía, serían las abanderadas de la nueva potencia, pero un cuerpo extraño había incursionado en ellas y se había estado desarrollando en su seno casi imperceptiblemente.

Unos años antes, mientras los soldados estadounidenses peleaban en Europa o en el Pacífico y la tragedia se desarrollaba lejos de sus costas, quienes estaban realizando el esfuerzo por mantener las industrias y para alimentar los hogares habían sido fundamentalmente las mujeres y en especial las mujeres jóvenes, que no sólo trabajaban y mantenían a su país en pie sino que escuchaban radio, iban al cine, y querían bailar algunos fines de semana. Necesitaban alegría y desentumecer el cuerpo y el alma por las noches sin pensar en la guerra que durante el día parecía ocuparlo todo.

Con ellas, y de la mano de su necesidad de sentirse bien, fue como se hicieron fuertes los ritmos caribeños y centroamericanos y sus orquestas en la industria discográfica norteamericana. Esos sonidos habían llegado a Nueva York con los inmigrantes purtorriqueños pero ahora salían de Loisaida (el Lowe East Side) dándole alegría y frivolidad a una sociedad demasiado ocupada en construir el “american way of life” que se luego se le impondría al mundo, y proporcionando sexualidad e inter-etnicidad a una cultura puritana y segregacionista.

De ese modo, en el imaginario del norte se fue conformando la imagen de lo “latino”… recortando de la nueva palabra el complemento “americano”. Es que aquello definitivamente no era americano y no merecía serlo (basta recordar que Latinoamérica fue el único continente que no participó directamente de la guerra). Era demasiado alocado, vivaz, impuro, ruidoso, mestizo, colorido, pecaminoso, pobre y feliz. Algo como el jazz pero divertido.

Pero hemos llegado al fin de esta nota sin responder la pregunta que nos habíamos planteado, por lo que lo que la duda de si los latinoamericanos somos o no latinos, deberá esperar al próximo número.