El futuro de la prensa escrita (cuando el Toronto Star cambia de manos)

Si alguien se tomara el trabajo de googlear estas tres palabras: Toronto, Star y Sell, podría comprobar que todos los resultados que aparecen son notas de prensa fechadas entre el 26 y el 27 de mayo de 2020, momento en el que se conoció que la empresa que publica el único medio de prensa de carácter nacional que aún mantenía (en ocasiones a regañadientes) una línea editorial cercana a valores progresistas, sería vendida a un fondo de inversión muy cercano a intereses conservadores y ultraconservadores, que a su vez está ligado a la empresa que controla The Sun y el National Post.

Aquellos anuncios indicaban que en algún momento de finales de julio se esperaba que el cuerpo de accionistas de la empresa refrendara la venta y eso acaba de ocurrir, aunque casi en silencio, como cuando ocurre algo que avergüenza, en una reunión virtual que se extendió por aproximadamente 15 escasos minutos.

Sus nuevos dueños (Jordan Bitove y Paul Rivett) han anunciado que tomarán posesión del diario sin ceremonias de ninguna clase y que los cambios que sin duda se producirán serán conocidos cuando sea oportuno.

Así cambió de manos el diario que estuvo asociado desde su fundación en 1892 con intereses políticos y empresariales de primer orden, cuyo responsable desde 1896 hasta 1948, Joseph “Holy Joe” Atkinson, marcó una tradición editorial vinculada a la promoción y a la defensa del welfare state y las políticas sociales, y que hasta 2015 fue el de mayor circulación del país.

Desde hacía 63 años, el Toronto Star permanecía bajo el control de 5 familias cuyos miembros, en 1957, se habían propuesto (con mayor o menor éxito según las épocas) permanecer fieles al espíritu progresista que le había insuflado Atkinson al diario. Sin embargo el muy bajo precio por el cual fue vendido -$ 52.000.000- indica, por un lado, que como negocio había dejado de ser rentable, y por otro lado, que aquellos principios ya no significaban algo realmente importante para los actuales propietarios.

Nos proponemos, porque la temática es del mayor interés, analizar en nuestra próxima edición, las razones por las cuales la prensa escrita ha experimentado desde hace al menos una década y media una crisis terminal.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, los cambios que se han experimentado en los hábitos del público, la irrupción de las redes sociales o la desprotección estatal, están entre los factores desencadenantes de la crisis y a eso nos referiremos.

Pero importará también que nos preguntemos acerca de las consecuencias y lo que esta crisis traerá consigo, porque cuando desaparece del escenario de la comunicación un medio de prensa, desaparecen también las voces de quienes de una u otra forma se veían expresadas por él. Y cuando se uniformizan las informaciones y las opiniones que se transmiten a través de la prensa, se crean los escenarios para las voces únicas. Es decir se dinamita la democracia.

Por ahora, elegimos para terminar algunas consideraciones de John Miller, que fuera editor del Toronto Star por 5 años y que dirigió durante 10 la School of Journalism de la Universidad de Ryerson:

The sale ends a remarkable 128-year history of an independent newspaper that once sent Ernest Hemingway to cover war, Milt Dunnell to cover games, Nathan Cohen to cover culture, Gordon Sinclair to cover life and Duncan Macpherson to poke fun at the powerful.

Will rich, conservative owners continue to champion the Star’s brand of aggressive investigative journalism, which has examined tax havens the rich use overseas, and the abuses of profit-hungry owners of private nursing homes that proved to be breeding grounds for COVID-19?

Whatever their plans, Bitove and Rivett have made a sweet deal. Wednesday’s Star story said Torstar, at the end of the first quarter, was debt free and had $69.4 million in cash and cash equivalents. Meaning, if the new owners are predatory and choose to milk the company dry, the five families will have paid them millions to take the paper off their hands.

That sound you hear might be Holy Joe spinning in his grave.