Crónica desde la Habana, Cuba honró a Fidel

Un desfile interminable de gente en duelo.

YARILY PÉREZ LEÓN*
El manto oscuro de la noche desaparece de las calles cubanas; desde temprano el lunes el pueblo se concentró en distintos puntos para rendir tributo a su padre, a Fidel. Una mujer con sus dos niños amanecía cerca de la plaza de la Revolución; traje a mis hijos para honrar al Comandante, Fidel vive y lo hará siempre en nosotros – decía. Como ella, millones de cubanos esperaban firmar el libro de condolencias. El silencio en las calles es impactante; ni siquiera se escuchaban los cláxones de los autos. La gente parecía inmóvil entre lágrimas y carteles, cómo se ese que decía:” Fidel es Cuba”. Comienza a caminar la multitudinaria marcha que llevará hasta el memorial José Martí, de la Plaza de la Revolución; esa que incontables veces se estremeció con las palabras de Fidel a su pueblo y al mundo. Niños, grandes y chicos; jóvenes, abuelos, el pueblo. Impresionantes las muestras de cariño, de respeto, aunque el dolor cubría el momento. Un niño de unos 10 años de la mano de su abuelo, sostenía una bandera cubana que le vencía en tamaño. Jóvenes universitarios no faltaron a la cita, llevaban un enorme mensaje: “Quién les dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”. Estremeció el día las 21 salvas que se lanzaron, con las que comenzó el homenaje del pueblo. Cada una hora en punto, se marcaba con un cañonazo al aire. Los balcones repletos de banderas cubanas, de banderas del movimiento 26 de julio; de rostros admirados por lo que veían. Pero todo en silencio. Las manos eran ocupadas por flores o banderas; y muchísimos rostros pintados con el emblema del comandante, o llevaban grabados en la frente la palabra Fidel, en letras todas negras, como símbolo del movimiento. Cámaras multinacionalidades, periodistas conmovidos, turistas que lloraban y se unían al duelo. Encontramos a un estudiante angoleño que cursa medicina en La Habana, que agradecía sin cesar a Fidel por darle esa oportunidad de estudiar sin costo lo que le gusta y poder alcanzar un título. Decía luego: Fidel soy yo. Algunos se mostraban indiferentes por tener distinta ideología, pero no se atrevieron a lanzar una consigna contraria que rompiera el silencio. No comparten las ideas, pero respetan el luto de los demás. “No soy Fidel isla, pero me levanté temprano para honrar al hombre”, dijo uno de ellos. El sol desciende y la fila es interminable aún, ya hacen más de 12 doce horas que el pueblo despertó, y sigue en pie. Las noches seguirán siendo largas, el aire seguirá pesado y el mundo de luto por la pérdida de un grande.
*Filósofa y periodista cubana. Especial desde La Habana, para Correo Canadiense.