Lo esencial: no dejarnos llevar por el temor y saber quedarnos en casa

Nunca antes una epidemia (ahora pandemia) había contado con el impacto mediático, económico y social que el que nos muestra hoy mismo el coronavirus COVID-19, a pesar de que en las últimas décadas habíamos enfrentado al sida, la gripe aviar, o el brote de Ébola, éste último hace sólo 5 años.

Es posible seguir el número de casos y de fallecidos en tiempo real. Aumenta de día en día y minuto a minuto en prácticamente todo el mundo. Provoca la desertificación de los aeropuertos, el colapso del turismo, la caída de los precios del petróleo, el desabastecimiento de alcohol en gel, la proliferación diaria de los anuncios presidenciales y frente a todo ello los medios de prensa parecen encantados (en el sentido literal del término) ya que se puede decir que no hay momento del día en el que no se produzca una novedad.

Todo hace prever que antes del verano habrá una mejora de la situación (en el hemisferio norte), ya que la luz solar reduce la viabilidad del virus, el calor disminuye las aglomeraciones en espacios cerrados, y porque quedarán muchas menos personas susceptibles de contagio. La situación será la inversa en el hemisferio sur, en donde es previsible que los casos aumenten en los próximos meses, pero allí se contará con una ventaja no menor: ya se conocen qué medidas de las tomadas en el este asiático, en Europa o en norteamérica han resultado últiles y cuáles no.

Hasta entonces, muchos nos infectaremos. De forma asintomática, con pocos síntomas o, en algunas ocasiones, gravemente, pero en el 90% de los casos, con recuperación completa. Y una vez superada la infección, es previsible que la inmunidad nos proteja en caso de nueva exposición. Mientras tanto, como veremos a continuación, una de las medidas más efectivas será retraernos y (con moderación y cuidado) aislarnos.

Distanciamiento social: movilidad y aglomeraciones

La recomendación del “distanciamiento social” busca reducir el riesgo de contagio e impedir las infecciones masivas. Y que, cuando se produzcan, lo hagan de un modo escalonado. Es decir que lo que se busca evitar es el colapso de los servicios de salud. Lo realmente importante en una situación como la actual es que aquellos pacientes que desarrollen cuadros graves (y por supuesto, quienes tienen cualquier otro tipo de dolencia) puedan ser bien atendidos. Esto sólo es posible si los servicios de urgencias no son colapsados por un gran número de consultas en un corto período de tiempo.

Esas medidas encaminadas a reducir la movilidad y las aglomeraciones son las más idóneas para enlentecer la propagación de la epidemia. Se han tomado en China, en Italia, en España, en los EEUU, en Argentina, se están comenzando a implementar en Canadá, y su efectividad es mayor cuando se toman antes y no después de que los contagios se hayan disparado.

Entre esas acciones están el cierre de guarderías, colegios y universidades. Es una medida drástica, pero evita la aglomeración y convivencia estrecha de los alumnos, a la par que reduce la movilidad de otras personas.

De igual modo, se cancelan los eventos que reúnen multitudes, como espectáculos, competiciones deportivas y conferencias. Por último, una medida más drástica pero necesaria en los casos extremos es la reducción o suspensión de los transportes públicos, incluyendo metro, trenes y aviones.

Como regla general deberían evitarse las reuniones en espacios cerrados con más de 10 personas, buscando las formas de que se realicen online, en espacios abiertos o distribuyendo grupos pequeños en lugares distintos.

Ancianos, inmunodeprimidos, gestantes y pacientes oncológicos

A pesar de que el coronavirus produce sólo un cuadro leve en la mayoría de los infectados, y éste suele no durar más de dos semanas, hay varios grupos de población en los que ese cuadro puede derivar en una neumonía grave o complicar complicaciones de salud ya existentes:

* Adultos/as mayores.
* Personas con enfermedades crónicas, como diabetes, bronquitis crónica, infarto de miocardio, hipertensión.,
* Pacientes que toman medicación inmunosupresora.
* Mujeres gestantes

Para reducir el riesgo de contagio y el desarrollo de casos graves, las empresas privadas y las agencias del gobierno deberían hacer posible que quienes integren cualquiera de esos grupos, no deban acudir a sus centros de trabajo por un período de algunas semanas. Para ello deberá fomentarse el teletrabajo, pero esas personas deben recluirse en casa, minimizando el riesgo de exposición e interacción con otros y no tener visitas ni hacerlas fuera de su domicilio.

El resto de las personas, si tiene los síntomas que la prensa ha divulgado ampliamante (fiebre, tos, dolor de cabeza, etc.) deberá quedarse en casa y no acudir al trabajo bajo ningún concepto ya que en ese caso podría estar contagiando a otros. Y si debieran salir de sus casas por alguna razón fundada, deberán ponerse mascarillas.
Por último, si una persona se realizara un test y se le diagnosticara infección por COVID-19, deberá quedarse en su domicilio o donde el personal de salud le indique, seguir las instrucciones que se le brinden e indicar las personas con las que ha tenido contacto a fin de que se las controle y trate adecuadamente…

En algún momento dispondremos de una vacuna apropiada, pero por ahora el secreto está en cuidarnos, cuidar a los demás, no entrar en pánico, quedarnos en casa… y lavarnos las manos como es debido.