Texas: una vieja y olvidada historia de fracasos y exclusiones

Es frecuente que los chicanos digan: “nosotros no cruzamos la frontera; la frontera nos cruzó a nosotros”. Y para comprender hasta qué punto la violencia desatada en El Paso hace algunos días tiene que ver con otras violencias del pasado, podemos detenernos a recordar a un hombre que si bien nunca vivió en Texas, le da hoy su nombre a su capital.

Esta historia de emprendedurismo e infidelidad comienza en los albores de la independencia estadounidense y su estrella será Moses Austin, un tendero de Philadelphia que habiéndose casado con la heredera de una familia dedicada a la minería de plomo, se endeudó más de lo aconsejable, llevó la empresa de su esposa al colapso financiero, y estando a punto de entrar en prisión, puso los ojos en nuevos yacimientos de plomo recién descubiertos en el por entonces territorio español de Lousiana.
Así, y después de una solicitud al gobierno de Nueva España, en 1789 le fue concedida a Moses la explotación de los yacimientos de plomo en Missouri y el permiso para asentar a varias familias junto con la suya, a cambio de que juraran fidelidad a la corona española. En 1809, sin embargo, tras la compra de Lousiana por parte de los EEUU, Moses recuperó su antigua nacionalidad y fue parte del grupo de inversores que fundaron el Bank of St. Louis, que en 1819 dio quiebra dejándolo nuevamente frente a juicios que amenazaban con dar con sus huesos en prisión.
Fiel a lo que ya se había transformado en una costumbre y tras haber escapado del sheriff de Missouri que amenzaba con tirar la puerta de su casa abajo, Moses huyó en 1820 a Texas donde nuevamente solicitó el auxilio español y le presentó al Gobernador un plan de colonización con trecientas familias inmigrantes anglonortemaericanas, argumentando que se trataba de personas que ya habían jurado fidelidad a la corona y que por lo tanto defenderían aquel territorio con sus vidas.
Moses murió pocos meses después de que, en 1821, se le concediera la autorización, pero dejó a su hijo Stephen a cargo de llevar su proyecto adelante.
Se le garantizaba a aquellos inmigrantes enormes extensiones de tierra, se los exhoneraba durante diez años del pago de impuestos, se los autorizaba a comerciar libremente con los Estados Unidos y, aunque no figuraba en el texto del contrato que firmaron: “Form of Contract for Emigration to Texas” todos interpretaron que si podían llevar consigo a sus familias y sus cosas, ¿por qué no podrían hacer lo mismo con sus esclavos?
Mientras tanto, allá lejos…
Mientras todo aquello sucedía alrededor de los sueños, los emprendimientos y los fracasos de Moses, a varios miles de kilómetros de allí, la Historia se empeñaba en seguir su curso. Napoleón invadía España en 1808 y aquello desencadenaba los movimientos insurgentes de 1810 en toda la América hispana. Hacia el sur, pero sin que ello tuviera repercusiones demasiado visibles en Texas, se desarrollaban los más de diez años de guerra independentista que permitieron que México, agotado y empobrecido por el largo conflicto, se asomara a nuestra historia en 1821.
Y mientras las elites de la capital decidían entre la conformación de una monarquía parlamentaria o una república liberal, y mientras México enfrentaba la secesión de América Central o los intentos de reconquista por parte de la Corona española -a lo que se sumaban motines militares, alzamientos populares y gobernantes excepcionalmente poco dotados-, en la lejana y soleada Texas a aquellas trecientas familias de inmigrantes se les habían sumado varias decenas de miles más y sus esclavos habían pasado de unas pocas decenas a más de 30.000. Los telares de la lejana Inglaterra necesitaban más y más algodón, y los inmigrantes en Texas, por lo tanto, necesitaban (y seguirían necesitando) más y más esclavos.
Y no es que México los hubiera olvidado totalmente mientras se ocupaba de temas más acuciantes. Por el contrario… Las autoridades trataron de convencerlos de que los inmigrantes ilegales no tenían derecho a las mismas extensiones de tierra que las ya concedidas, pretendieron que tras diez años de no pagar impuestos comenzaran a hacerlo y que no recurrieran al contrabando en la forma desaforada en que lo hacían, y hasta tuvieron el cuidado de recordarles que, a partir de 1824, en el territorio de la República de México la esclavitud había sido abolida.
Aquellos inmigrantes, entonces, que ya sobrepasaban a la población hispana, indignados ante lo que se pretendía de ellos, decidieron que si comenzar a pagar impuestos o tener que devolver tierras no les resultaba conveniente, la pretensión de México de que liberaran a sus esclavos ya era algo insoportable, por lo que en nombre de la libertad, iniciaron una sublevación apoyada desinteresadamente por los EEUU, que terminó en 1837 con la declaración de independencia de la República de Texas. .
La esclavitud, la guerra , los despojos y sus consecuencias
No podemos adentrarnos aquí en lo sucedido a partir de entonces, pero vale señalar cuatro aspectos de aquella historia que siguieron gravitando mucho después (quizás hasta hoy).

  • Buena parte de los hispanos propietarios de tierras fueron despojados de sus propiedades para recompensar con ellas a los voluntarios llegados desde los EEUU para participar en la sublevación.
  • La razón por la cual en los EEUU se discutió durante 8 años la anexión definitiva de Texas, que se efectivizó recién en 1845, estuvo motivada en el carácter decididamente esclavista de la nueva República. Los Estados del Sur propiciaban su ingreso a la Unión mientras los Estados de norte la rechazaban, por idéntico motivo.
  • La anexión de Texas en 1845 significó un triunfo para los Estados esclavistas del Sur, pero implicó algo más. El gobierno de los EEUU, con el Presidente James Polck a la cabeza (un decidido creyente en la doctrina del Destino Manifiesto), estaba ya seguro en 1846 de que provocando una guerra con México conseguiría hacerse con los territorios del norte de ese país, lo que efectivamente ocurrió en 1848, cuando como compensación por los gastos de guerra EEUU se adueñó de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Colorado y parte de lo que hoy es Wyoming.
  • La fuerza que la anexión de Texas le dio al conjunto de los Estados esclavistas, junto a los sentimientos de superioridad blanca surgidos a partir de la Guerra con México, estuvieron entre los principales detonantes de la Guerra de Secesión que entre 1861(cuando la población de esclavos en Texas había llegado a 200.0000) y 1865, le costó a los EEUU más de 1 millón de muertos.
    Moses Austin, de cuyo apellido toma hoy su nombre la capital de Texas, ni aún en sus más inspirados sueños de emprendedor fracasado y fabricante de promesas incumplidas pudo aspirar a tanto.
    Y seguramente ni el terrorista de El Paso ni quien desde el poder lo alentó tienen tampoco una clara noción del pasado del suelo que pretenden defender en esa pesadilla de supremacismo, palabrería hueca, odio, nostalgia, twitter e ignorancia apabullante.