Donde la historia y las desigualdades le abren las puertas al coronavirus

Con cifras recogidas de propublica.org

Como ya nos ha tocado destacar en ediciones pasadas, el COVID-19 alcanza mayores índices de contagio y mayor letalidad en algunas poblaciones que en otras, y las poblaciones de origen latinoamericano en norteamérica están entre las más afectadas.

Hemos visto también que es muy difícil conocer las cifras exactas de lo que ocurre en una ciudad como Toronto, ya que al inicio de la emergencia sanitaria el gobierno provincial fue reacio a realizar un análisis de los datos obtenidos teniendo en cuenta la etnicidad, pero hemos utilizado en notas anteriores las cifras correspondientes a Nueva York ya que por razones de cercanía geográfica y cultural son extrapolables a nuestra propia realidad.

Esta vez, sin embargo, nos referiremos a Texas y no sólo porque la situación en ese Estado del sur de los EEUU es particulartmente alarmante, sino porque las cifras que se han conocido en estos últimos días muestran el modo desproporcionado en que los y las latinas están siendo afectadas por la pandemia y las razones para que eso sea así.

Ante todo, recordemos algunos datos que no siempre tenemos en cuenta pero que son útiles para contextualizar mejor el problema.
Texas, hasta 1836 fue territorio mexicano. Se independizó luego de que hacendados de origen estadounidenses reclamaran su derecho a tener esclavos ya que México había ya abolido la esclavitud y pasó a ser parte del territorio de los EEUU tan sólo 11 años después.
Por esa razón, al momento de la integración de Texas a la unión y aunque se trataba de un territorio muy poco poblado, la población de origen mexicano ya era muy importante. Y lo fue aún más cuando comenzaron a desarrollarse tareas agrícolas que requerían un uso intenso de mano de obra, ya que el aporte de los inmigrantes procedentes de México era (y sigue siendo) imprescindible.

Ser imprescindibles no sirvió antes para que esos inmigrantes fueran tratados en condición de igualdad con el resto de las personas, y como veremos más adelante esa situación aún no ha cambiado. Ya no se dan los linchamientos que fueron frecuentes hasta bien entrado el siglo XX, pero la desconfianza y el maltrato son moneda corriente. Las deportaciones con o sin motivaciones legales suficientes han sido una constante durante décadas. Se han vivido episodios de violencia de los cuales el de El Paso en 2019 ha sido el peor pero no el único, y el deseo de Donald Trump de construir un muro en la frontera es apenas un símbolo de una situación que, luego del despojo territorial inicial ha continuado en forma de exclusión cultural.

Disparidad, exclusión y contagios

Pero volvamos al tema que estábamos tratando… Viven en Texas casi 12.000.000 de personas de origen hispano/latinoamericano. Eso ubica a ese Estado entre los 10 lugares con mayor población hispana después de México, Colombia, España, Argentina, Perú, Venezuela, Chile, California y Ecuador.

Y hacemos énfasis en estos datos porque nos permiten visualizar que lo que ocurre allí no nos es ajeno. Se trata de espacios y personas con las que tenemos lazos históricos, culturales, lingüísticos, de primer orden.

Los datos publicados en los últimos días de julio revelan que aunque los hispanos de Texas representan alrededor del 40% de la población del estado, casi el 50% de las muertes confirmadas por COVID-19 son de ese origen.

En la región de Houston, el 65% de los pacientes hospitalizados en junio eran hispanos, a pesar de que éstos representan el 44% de la población.

En el Memorial Hermann Health System, una de las cadenas de hospitales más grandes de la región de Houston, un análisis de las personas atendidas en la sala de emergencias mostró que muchos más hispanos de 20, 30 y 40 años se habían presentado con síntomas avanzados de COVID-19 en comparación con personas de otras etnias, una indicación de que el virus se está extendiendo ampliamente entre los jóvenes residentes hispanos y de que éstos demoran más tiempo en buscar atención, lo que está relacionado con el tipo de tarea que desarrollan y/o con su satus migratorio.
Entre tanto el Departamento de Bomberos de Houston dio cuenta de que un número récord de pacientes están muriendo en sus casas antes de que los paramédicos puedan atenderlos y que más de dos tercios de las personas fallecidas en sus casas por infección confirmada de coronavirus han sido hispanas.

Hay múltiples razones que pueden explicar las disparidades. Es probable que los residentes hispanos trabajen en empleos de servicio o vivan en hogares multigeneracionales que dificultan el distanciamiento social. Es menos probable que tengan seguro médico; y es más probable que tengan problemas de salud, como diabetes y presión arterial alta, lo que los hace más vulnerables al coronavirus.
Estos factores se suman a que Texas ha sido uno de los Estados en los que la falta de medidas adecuadas ha sido más notable, pero esa situación tiene un aspecto aún más perverso: es uno de los estados que se negó a ampliar el seguro médico para los residentes de bajos ingresos con el Affordable Care Act. Casi un tercio de los adultos menores de 65 años en Texas carecen de seguro médico, la peor tasa de personas sin seguro en el país, y más del 60% de los que no tienen seguro médico en el estado son hispanos.

Solemos decir que nada de lo que ocurre en un momento dado está desconectado de sucesos anteriores y por eso siempre es útil mirar el pasado para entender el presente.

En este caso, la historia y las características socioeconómicas de una población que ha sido mayoritariamente excluida del “sueño americano”, están en la base de las “inequidades de contagio” que esa población padece hoy.

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