Las mentiras del Vicepresidente.

Monica Percivale
Monica Percivale

MONICA PERCIVALE*

 

Semanas han transcurrido ya desde que la periodista Patricia Madrid del diario El Observador de Montevideo, pusiera en aprietos al Vicepresidente de Uruguay, Raúl Sendic,al preguntarle si en verdad ostenta un  titulo universitario.

Varias han sido las idas y venidas en el tema del propio Vicepresidente y de la fuerza política a la que pertenece y que con su amplia mayoría parlamentaria ha decidido poner fin a los acalorados reclamos al respecto  no solo de la oposición sino también de la prensa, no por medio de la aclaración sino de la prepotencia.

 

El tema que sorprende a quien escribe es la falta de necesidad de la mentira. No porque justifique el accionar deshonesto con la excusa de lo necesario, sino que es motivo de cierta alarma que la persona que con una juventud política considerable ( Sendic fue electo diputado por primera vez en 2000) y un futuro más que prometedor simplemente por el enorme peso de su apellido en el espectro político de izquierda, necesite adjudicarse títulos y honores académicos que hasta ahora no ha sido capaz de respaldar con la realidad de un diploma. Títulos no requeridos por la Constitución para ocupar ningún cargo político, ni siquiera el más honorable de todos, el de Presidente.

La psicología nos dice que la mentira sobre los logros personales se origina por dos razones diametralmente opuestas, el temor de ser percibido como inferior, o la creencia de ser superior. Si su titulo supuestamente perdido en el viaje de regreso a Uruguay, y sus medallas de oro obtenidas por las excelentes calificaciones al parecer también extraviadas en la travesía, fueran en realidad una mentira ( valga el juego de semántica) dejarían al descubierto una mezcla de ambas premisas, quizás el temor de un hombre que confeso hace apenas unos días cuan duro le ha resultado llamarse Sendic, con  la creencia de superioridad de una fuerza política respaldada por los números en las urnas y por  la aparente apatía de la sociedad frente a un hecho en mi opinión mas serio que la otrora incapacidad demostrada por el mismo personaje político en su paso por la empresa estatal reguladora de los combustibles (ANCAP). No saber manejar una empresa no es delito, arrogarse falsos diplomas si lo es.

 

La Vicepresidencia no es un titulo, sino una institución democrática, que como tal no pertenece a ningún individuo en particular sino a la sociedad entera, y a ella es a la que representa. Cuando el Sr. Vicepresidente de la Republica falla a la hora de la honestidad, está fallando la institución, y con ella se pone en riesgo la sanidad de la estructura democrática.

Esta misma premisa del peligro que acecha sobre la institucionalidad del país, fue uno de los argumentos utilizados por el oficialismo para pasar la boleta de la responsabilidad a la oposición que grita a los cuatro vientos sus fútiles reclamos de claridad en el tema. Argumento mezquino si los hay, el de culpar al mensajero para que el mensaje pierda validez. Sin dudas que se corre el riesgo de que se desestabilice el sistema democrático pero no porque la prensa cumpla con su deber de informar, ni la oposición con el suyo de mantener a raya al oficialismo, sino porque el propio gobierno usa su poder cada vez mas arbitrariamente, en lo que parece una empresa por defender ese poder a cualquier precio.

 

No se, como no lo sabe nadie excepto el propio Sendic, si en verdad curso una licenciatura  de tan solo un año en genética humana en la Universidad de La Habana, a pesar de no estar recibido de medico o de nada,  lo que si se es que de ser cierto en la era de la tecnología y a pesar de que estemos hablando de Cuba, no debiera resultar demasiado difícil para la propia Vicepresidencia  de un gobierno de izquierda mover los hilos diplomáticos que permitan la corroboración de dicho titulo.

 

Se,  que tal como me enseñó mi padre, no alcanza con ser honesto también hay que parecerlo, hasta el momento de estas palabras Sendic parece ser un mentiroso.

 

*Periodista uruguaya, radicada en Toronto.