Una Caravana que no se detiene

Seguramente no existe nadie sobre la faz de la tierra que no haya experimentado desesperación alguna vez, pero existen quienes tienen a la desesperación como una compañera casi permanente.


Un enorme porcentaje de esos seres para quienes el hambre, las calamidades naturales o las provocadas por la actividad humana, la falta de oportunidades educativas, el siempre recortado acceso a la salud, o el padecimiento de políticas opresivas son una constante, viven en los territorios que nosotros, latinoamericanos, consideramos nuestro hogar común. Es decir que son nuestros hermanos y hermanas.


Bajo la inspiración de San Lorenzo, para quien “los pobres son el tesoro de la Iglesia”, el padre Hernán Astudillo concibió en 2001 una forma de llevar ayuda material y amor a los damnificados por los dos terremotos que en 2001 segaron la vida de más de 1.100 personas en El Salvador, destruyeron 200.000 hogares y dejaron sin techo a 1.300.0000 salvadoreños y salvadoreñas.

En aquel momento la llamaron Caravana Flor de Izote, pero desde entonces, cada año, bajo un nuevo nombre: “Caravana de la Esperanza”, esta iniciativa solidaria ha proseguido su recorrido, alcanzando países como Nicaragua, Guatemala, Cuba, Uruguay, Venezuela o Bolivia sin haberse detenido nunca.

Este año, el lunes 16 de marzo, partieron hacia Ecuador dos ambulancias cargadas de equipamiento médico. Estaban inicialmente destinadas a Perú, pero la crisis del coronavirus hizo necesario un cambio inesperado de planes y un nuevo destino.

El Padre Astudillo, a quien recientemente la Iglesia Anglicana le concedió la jerarquía de Monseñor, suele decir con humildad que la existencia de la Caravana “es otro milagro de San Romero, quien nos inspira a continuar siendo solidarios”, pero nosotros sabemos que no existen milagros de este tipo sin personas que asumen para sí el rol de líderes comunitarios, y que es su visión, su esfuerzo y su capacidad para persistir lo que le da consistencia real a los milagros.

Dado que la partida de la Caravana y las ambulancias desde la Iglesia San Lorenzo ha coincidido con nuestro día de cierre de edición, no hemos podido abundar en más detalles, pero prometemos hacerlo en próximas ediciones. Tal como nos está enseñando la crisis de la salud que estamos atravesando, toda posibilidad de cuidarnos a nosotros mismos debería implicar también el cuidado y la preocupación por nuestro prójiimo.