Un golpe del pasado en antiguas residencias escolares

En medio de los esfuerzos que realiza el gobierno federal, así como las autoridades locales canadienses para lograr un país más inclusivo y diverso, abierto a quienes buscan mejorar sus vidas, medios de prensa revelaron en los últimos días tristes historias, que, aunque ya forman parte del pasado, merecen ser recordadas para las nuevas generaciones: los abusos cometidos en décadas pasadas en las residencias escolares para niños aborígenes.

La semana pasada, activistas y fuentes debidamente autorizadas informaron que las autoridades canadienses encontraron enterrados los restos de 215 niños en Kamloops, provincia de British Columbia, en el lugar donde funcionó la escuela residencial para indígenas más grande del país.

La ministra de Relaciones de la Corona con los Pueblos originarios, Carolyn Bennett, y el titular de Servicios Indígenas Marc Miller, dijeron en un comunicado conjunto que el descubrimiento es un recordatorio de los daños que siguen sufriendo las familias aborígenes y sus supervivientes.

‘Estamos profundamente entristecidos por este hallazgo y nuestros pensamientos están con Tk’emlups te Secwepemc, así como con todas las comunidades indígenas de Canadá’, señalaron.

Por su parte, Rosanne Casimir, jefa de la Primera Nación Tk’emlups te Secwépemc, dijo que los restos de los infantes, algunos de apenas tres años, fueron confirmados con la ayuda de un radar de penetración terrestre, y pronosticó que pudieran aparecer más cuerpos en otras áreas del centro.

Casimir precisó que ante ese descubrimiento otras Primeras Naciones -pueblos originarios- en el oeste de Canadá iniciaron también la búsqueda de niños que fueron enviados a la escuela y nunca regresaron a casa.

Antigua residencia escolar en Kamloops, British Columbia
Foto: Pág web gobierno de BC

Por su parte, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, señaló en un mensaje en Twitter que la noticia del hallazgo en Kamloops ‘me rompe el corazón; es un doloroso recordatorio de ese capítulo oscuro y vergonzoso de la historia de nuestro país’.

El diario Vancouver Sun citó declaraciones de Manny Jules, exjefe de los Tk’emlups durante 16 años, quien exigió una disculpa de la Iglesia católica por su papel en el funcionamiento de los centros residenciales en todo el país.

Desde el siglo XIX hasta la década de 1970, se hizo obligatorio en Canadá que más de 150 mil niños de las Primeras Naciones asistieran a escuelas cristianas financiadas por el Estado como parte de un programa sin basamento científico para asimilarlos a la sociedad canadiense.

Fueron obligados a convertirse al cristianismo y no se les permitió hablar sus idiomas nativos, muchos fueron golpeados y maltratados verbalmente, y se estima que murieron hasta seis mil.

En 2008 el Gobierno se disculpó en el Parlamento y admitió que el abuso físico y sexual en las escuelas era desenfrenado, y muchos estudiantes recuerdan haber sido golpeados por hablar su lengua materna; también perdieron contacto con sus padres y costumbres.

Disculpas similares se expresaron en organismos internacionales, en particular ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en los últimos años, sobre algo que las autoridades actuales que rigen el país no tienen responsabilidad directa alguna, como no sea la de tratar de resarcir, al menos en parte, los daños terribles causados a aquellas comunidades indígenas.

Un informe de hace más de cinco años de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación reportó que al menos tres mil 200 niños habían muerto en medio de abuso y negligencia, y reveló unas 51 muertes solo en la escuela de Kamloops entre 1915 y 1963.

En ese contexto, líderes indígenas canadienses pidieron investigar todos los sitios de las antiguas escuelas residenciales, y el Jefe Nacional de la Asamblea de las Primeras Naciones, Perry Bellegarde, dijo que los sobrevivientes de tales instituciones educativas y sus familias ‘merecen conocer la verdad y la oportunidad de recuperarse’ de la pérdida de los infantes que murieron’.

Pero según señaló el diario The Globe and Mail, el descubrimiento de esa fosa común en la antigua escuela residencial es solo la punta del iceberg de un problema mayor.

Al respecto el rotativo cita a Sol Mamakwa, miembro del parlamento de Ontario por el Partido Nuevo Democrático, e integrante de la Primera Nación Kingfisher, quien dijo que todos los pueblos indígenas que viven en Canadá hoy en día son ‘sobrevivientes de las herramientas del genocidio de este país’ hace varias décadas.

El legislador hizo un llamado a las administraciones locales para que trabajen con las Primeras Naciones en cada sitio de escuelas residenciales para ‘buscar a nuestros niños perdidos’. No obstante, a pesar de que la situación actual de las comunidades de las Primeras Naciones dista mucho de lo que sucedió contra sus familias y asentamientos hace varias décadas, resulta positivo recordar con espíritu crítico estos lamentables sucesos, para entendamos que todos en este país, e incluso en el mundo en que vivimos, somos una comunidad humana, con todos los derechos que nos otorgan las leyes, independientemente de nuestros orígenes y creencias.