8 de marzo: Mujeres, género, y perspectivas diferentes

La perspectiva, el humanismo y la revolución

Fue un momento crucial. Y podemos resumir ese momento en algunos grandes hitos. La peste, la muerte acercándose de improviso sin respetar a nadie, la rápida descomposición de una sociedad cuyas reglas parecían inmutables, los campos abandonados y la desaparición de las prohibiciones, el primer aliento del capitalismo, los instrumentos de navegación y los viajes, la globalización, la política tal como hoy la conocemos… y la perspectiva, humanizándolo todo.
Estamos hablando de lo ocurrido en Europa y sobre todo en la cuenca del Mediterráneo entre los años 1300 y 1500, porque no hay que olvidar que el resto del mundo ya existía, pero podemos decir que ese momento crucial, si bien parecía circunscripto a esa región y a su cultura, terminó incluyendo, abarcando, subsumiendo al resto del planeta.

Lo ocurrido en ese período aún nos marca y se puede decir que el Renacimiento fue el nacimiento del universo en que hoy vivimos. La forma de percibir la realidad que nos rodea y sobre todo el modo en que nos relacionamos con ella dio sus primeros pasos en aquel período y la aparición de la perspectiva como instrumento para ver y para representar el mundo fue determinante.

Hasta entonces, en el arte, la realidad había sido representada tal como era. Tal como el artista sabía que era o como Dios deseaba que fuera. Todo estaba determinado por el dogma. A partir de aquel momento, las ciencias de la visión, la geometría, y a humanización del pensamiento religioso y filosófico, determinaron que la realidad comenzara a ser representada tal y como se veía. Y se entendió que tanto la representación de la realidad como la realidad misma dependían del punto de vista en que se ubicara el observador; de su perspectiva. Y eso lo cambió todo. Estaban colocados los pilares del pensamiento crítico y el relativismo cultural, pero también los del individualismo extremo y el lento eclipse del “nosotros”. Estaba en marcha la revolución cultural más completa y determinante de la historia moderna.


Perspectiva, género y cambio social

Eran los ‘70s. Durante la Segunda Guerra Mundial, en buena parte del hemisferio occidental, las mujeres de clase media habían tenido que ocupar el papel de los hombres en el mundo del trabajo (las mujeres pobres había estado allí desde siempre), pero luego de finalizado el conflicto, el retorno de esas mujeres al hogar que se produjo en los ‘50s fue pasajero. Ya no volverían a encerrarse en casa y ello implicaría una serie de ajustes que se fueron dando a lo largo de las décadas siguientes. Desnaturalización de las jerarquías y de los roles diferenciados, desplazamiento de los hombres en algunas tareas, en especial en el área de la enseñanza, irrupción de las mujeres jóvenes en la educación terciaria, baja de la tasa de natalidad como expresión de la búsqueda de una mayor autonomía, aparición de los anticonceptivos y consiguiente liberalización de las costumbres…

Sin embargo pronto se hizo evidente que el progreso de las mujeres estaba concentrado en ciertas áreas, que se correspondían a lo que habían sido sus roles tradicionales (los cuidados, la reproducción y la enseñanza, por ejemplo), esas áreas eran las que tenían retribuciones más bajas, era inusual que las mujeres alcanzaran roles de dirección aunque estuvieran capacitadas para ello, seguían estando apartadas de los lugares de decisión tanto en la economía como en la política, eran quienes dejaban sus trabajos o reducían su jornada laboral para atender a familiares que tuvieran problemas de salud, eso hacía que tuvieran menos posibilidades de tener pensiones que les permitieran vivir con independencia al alcanzar la edad del retiro, eran las víctimas casi exclusivas de lo que por entonces se llamaba eufemísticamente “violencia intrafamiliar” y se esperaba de ellas que se manejaran socialmente con actitudes serviciales, aniñadas y que destacaran su pretendida vulnerabilidad, es decir que debían no sólo ser mujeres, sino actuar según un estereotipo de mujer que les era impuesto casi sin que lo notaran desde muy niñas.

Enumerar todo lo anterior en un párrafo de fácil lectura parece simple. Lo que fue realmente árduo, y eso es lo que le debemos a las mujeres que en la década de los 70 iniciaron lo que hoy conocemos como Tercera Ola del Feminismo, fue hacer foco en problemas que nunca se habían visto como problemas, correr los velos que los ocultaban, analizarlos, conceptualizarlos y unificarlos en un cuerpo de pensamiento suficientemente coherente como para hacer frente con éxito a las convenciones y las creencias dominantes pero suficientemente inclusivo y abierto como para no transformarse en un dogma… es decir crear un punto de vista nuevo y hasta entonces desconocido desde el cual mirar. Una perspectiva desde la cual entender, representar y cambiar la realidad… Lo que hoy conocemos como Perspectiva de Género.


El género y lo que sucedió después

Escapa a esta nota todo lo que ha pasado desde que aquellas mujeres inauguraron una nueva perspectiva, de algún modo “renacentista”.

Lograron diferenciar la idea de sexo del concepto de género, entendido este como una construcción cultural que tiene que ver no con características biológicas sino con una construcción cultural que define relaciones de poder y atribución de roles predeterminados.
Demostraron que aplicando la perspectiva de género a las problemáticas sociales, no sólo se pueden identificar mejor las situaciones que requieren atención especial sino que se pueden plantear soluciones más adecuadas y pertinentes.

Lograron diferenciar la idea de sexo del concepto de género, entendido este como una construcción cultural que tiene que ver no con características biológicas sino con una construcción cultural que define relaciones de poder y atribución de roles predeterminados.
Demostraron que aplicando la perspectiva de género a las problemáticas sociales, no sólo se pueden identificar mejor las situaciones que requieren atención especial sino que se pueden plantear soluciones más adecuadas y pertinentes.

Por poner sólo algunos ejemplos bien conocidos:

conceptos como el “glass ceiling”, el “glass cliff”, el “sticky floor”, la brecha salarial, el empobrecimiento femenino o la feminización de las migraciones

el reconocimiento del feminicidio como figura penal, las leyes de paridad electoral y las cuotas de género aplicables a los partidos políticos y a las empresas, o la idea de que el consentimiento no equivale a no decir no sino a decir sí.

los cambios en el lenguaje (especialmente necesarios en nuestro idioma) que buscan asegurar la visibilización de las mujeres,
son aportes de ese cuerpo teórico que las mujeres han estado construyendo desde hace medio siglo y que han significado cambios impensables pocas décadas atrás.


Pero además, así como el nacimiento de la perspectiva en las artes del Renacimiento coincidió con y facilitó otros cambios (en la arquitectura, en la filosofía y en la política) la Perspectiva de Género y su enfoque transversal ha permitido ver desde ópticas diferentes y más amplias los Derechos Humanos, las sexualidades no heteronormativas, las relaciones entre raza y clase, las inequidades relacionadas con la edad o la educación. Una revolución renacentista, aquí y ahora. Frente a nuestros ojos.


SOY DE LA GENERACIÓN IGUALDAD

El lema para este año: Soy de la Generación Igualdad

Cada año, Naciones Unidas propone un tema como centro de reflexión para el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. El lema para 2020 es “Soy de la Generación Igualdad”.
Impulsar la reflexión sobre este tema cumple con dos objetivos básicos. En primer lugar, se integra a la campaña que lleva adelante ONU Mujeres este año, orientada a promover el Diálogo Intergeneracional y el intercambio de experiencias entre mujeres de distintas edades y contextos socioculturales. Y en segundo lugar, para recordar y celebrar el 25º aniversario de la Plataforma de Acción de Beijing, aprobada en 1995 en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que es reconocida aún hoy como la hoja de ruta más progresista para el empoderamiento de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

En ese sentido, cabe señalar que fue precisamente en la Plataforma de Acción de Beijing que se institucionalizó el concepto de Perspectiva de Género que hemos abordado en estas misma páginas.
Para Naciones Unidas, 2020 será un año decisivo para la promoción de la igualdad de género en todo el mundo, ya que el consenso que está surgiendo a nivel mundial es que, a pesar de algunos progresos, el cambio real ha sido desesperadamente lento para la mayoría de las mujeres y niñas en el mundo y no es aceptable que se continúen los avances ese ritmo. Al día de hoy, ningún país puede pretender que ha alcanzado la igualdad de género. Hay una serie de obstáculos que permanecen sin cambios en la legislación y en la cultura. Las mujeres siguen siendo infravaloradas; trabajan más, ganan menos por su trabajo, y tienen menos oportunidades a su alcance; sufren múltiples formas de violencia en el hogar y en espacios públicos, son las que, en las cada vez más frecuentes migraciones y despazamientos ocasionados por conflictos bélicos o por la crisis clmática, sufren mayores situaciones de vulnerabilidad y exclusión.

Y, como una preocupación especial, debe tenerse en cuenta que en varios países (en Latinoamérica esto es particularmente grave en los casos de Brasil y Bolivia en donde se potencian entre sí políticas ultra-conservadoras y fundamentalismos religiosos) existe una amenaza significativa de reversión de los logros feministas que tantas décadas de fuerzo han requerido.

Como nos recuerda el mensaje de ONU Mujeres para este año:
Imagina un mundo en el que todas las personas disfrutan de los mismos derechos y oportunidades, en el que las mujeres y las niñas no teman caminar hasta su casa por la noche, y en el que los hombres y niños no se vean atrapados en masculinidades opresivas. En ese mundo, la igualdad de género sería lo normal. Mujeres y hombres recibirían idéntico salario por un trabajo de igual valor y compartirían las tareas de cuidados en el hogar.

Imagina que la igualdad también llegara a las y los líderes políticos, los órganos de decisión de las empresas y las fábricas. Las mujeres participarían en pie de igualdad en las decisiones que afectan a su vida, su cuerpo, las políticas y el entorno en el que viven, desde las aldeas hasta las ciudades.

¡Hagámoslo realidad, entonces!… porque ese -y no otro- es el mundo que merecemos.

Latin@s en Toronto - communication for social development, está orientada a la construcción de capacidades que promuevan el empoderamiento de los sectores vulnerables. Correo cuenta con el asesoramiento de Latin@s en Toronto en el desarrollo de una nueva línea editorial y nuevos contenidos.