AYUDAR ALA DISTANCIA, EL DEBER DE LOS ECUATORIANOS

MARIA FERNANDA CASSANELOCOLUMNISTA INVITADA

MARIA FERNANDA CASSANELLO*

Aquel sábado 16 de abril me comenzaron a llegar los mensajes de mis familiares de Ecuador: Hubo un temblor muy fuerte, todos estaban asustados.

Un paso a desnivel se había venido abajo en Guayaquil y se hablaba de un muerto.

Traté de buscar información pero los medios de comunicación no decían nada a fondo. En Ecuador estamos acostumbrados a que tiemble la tierra y pensé que este sería uno más de esos fuertes temblores que no pasaría a mayores.

Ya más tarde se hablaba de 28 muertos. El temblor era más fuerte de lo que había pensado. Mis familiares en Guayaquil comenzaban a reportarse y todos estaban bien.

Me fui a dormir y cuando desperté en la mañana del domingo la cifra de muertos había subido a 77. A medida que pasaban las horas de ese día aumentaba el número: 100, 200. Por fin había más información y comenzábamos a saber lo que realmente había sucedido. El terremoto había sido devastador. Más de 20.000 personas lo habían perdido todo, ¡y yo aquí tan lejos! Siguieron pasando los días y entre los escombros se hacían esfuerzos para encontrar gente con vida. Países hermanos comenzaban a enviar ayuda: rescatistas, vituallas, dinero.

En Ecuador la ciudadanía se comenzaba a movilizar y se formaron centro de acopio para recoger donaciones. Miles de personas viajaban a Manabí a tratar de ayudar de alguna manera, y yo seguía estando lejos!

Hablé con mi mejor amiga que vive en España, ella al igual que yo sentíamos lo mismo, estar fuera de Ecuador era más angustiante, no sabíamos cómo ayudar y cada vez que aumentaba el número de víctimas y damnificados a nosotras se nos hacía más chiquito el corazón. Nos daba ganas de llorar ver como miles de personas estaban empacando donaciones en los centros de acopio, nos daba ganas de llorar cada vez que un país hermano enviaba ayuda, cada vez que alguien aparecía en la televisión buscando a sus familiares. Estamos a miles de kilómetros y eso duele. Pero no podíamos quedarnos sentadas sintiendo pena, teníamos que buscar alguna manera de poder ser útiles. Llevamos donaciones a las embajadas, recolectamos dinero entre nuestros familiares y amigos de trabajo. ¿pero que más? Eso todavía no nos deja en paz, hay que hacer más. En todas partes ecuatorianos y no ecuatorianos han dicho presente y sólo en Toronto este próximo fin de semana sé de 3 o 4 eventos que se han organizado para recaudar fondos, más seguirán sumándose en los próximos días. Yo trataré de asistir y ayudar en lo que más pueda. Pero la angustia y el deseo de ayudar a mis compatriotas seguirá apretándome el corazón y la distancia que me separa de mi país seguirá siendo la misma.

 

*Periodista ecuatoriana residente en Toronto