Harper tras una cuarta re-elección

CONSERVADORES PROMETEN UNA ECONOMIA FUERTE

FREDDY VÉLEZ

Uff…! No podía perderme de escuchar al Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, hablando con un cierto aire de ganador sobrado, sacando pecho porque Canadá, con otros once países hace parte desde este lunes del pacto de comercio más grande del mundo –el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Olvidé que siendo Harper quién es, y tal vez luego del atentado loco en el Parlamento, para acceder a una de est4-Los niños apoyando a Harper no los trabajadores de Canada Postas reuniones hasta los periodistas debemos pasar una revisión de seguridad. Al llegar a Richmond Hill, a la empresa Hibar Systems, me dijeron que no podría ingresar porque la RCMP ya había revisado los equipos de los periodistas. Tuve la suerte, como en la serie de Indiana Jones, que milagrosamente un funcionario de campaña se compadeció y me ‘infiltró ‘en la factoría. Harper fue recibido por unas doscientas personas, algunas en sus uniformes de trabajo y otras con cara de ser partidarios acérrimos -tanto como para asistir en un día laboral a un evento político. Había niños, cuatro, y una chiquilla se distinguía entre esa masa homogéneas de correligionarios azules. La pequeña portaba una cartel hecho a mano, en el que declaraba su amor por el jefe de gobierno canadiense -con corazón y todo! Los demás carteles no se diferenciaban porque tenían dos frases: “Protect our economy” y “Economy and prosperity”. Harper iba ‘smart casual’, ni tan formal ni tan desarrapado. Con un blazer adornado con un pin de la bandera canadiense y una camisa de manga larga, no tenía abotonado el cuello y no llevaba corbata. Alguien despistado diría que era un tipo común y corriente. El Primer Ministro habló y lo hizo revisando entre pausas sus apuntes. El aspirante a re-aprobación en las urnas –por cuarta vez, se alegró por los beneficios que traerá el tal FTP, que permitirá acceso al 40 por ciento de los consumidores del planeta. “Y bajo nuestro gobierno, Canadá estará incluido allí”, agregó masticando cada una de sus palabras y con una leve sonrisa adornando su gesto. Pero en algo ha cambiado este Harper del que conocí en el 2006 en su primera campaña. Le noté cansado –unas leves ojeras y el gesto de su cabeza gacha por momentos me lo advirtió-; tal vez a causa del desgaste que produce llevar una década en el gobierno y tratando de mantener en una cuarta elección la mayoría de curules que obtuvo su partido en 2011. Contrario a lo de Justin Trudeau el domingo, Harper nunca mencionó el apellido de sus antagonistas. Trató sí de romper la monotonía de su discurso enfocado en la economía apuntando con ironía, cuando habló de política fiscal, dijo que podría darle a sus rivales un consejo basado en la experiencia, que “los presupuestos no se balancean solos”. Como para justificar el mantra de las pancartas, Harper dijo que “el 19 de octubre cada voto va a contar. Cada voto para proteger la economía podría marcar la diferencia” Al parecer y dado los aplausos continuos de la audiencia, todos votarán a ojo cerrado por un conservador. No piensan lo mismo unos miembros del sindicato que afuera del lugar pedían salvar a la empresa postal pública y cuestionaban políticas como la de retirar la ciudadanía a personas no nacidas en territorio canadiense si son convictás de terrorismo. Por las encuestas recientes, en las que ningún partido aparece con una ventaja significativa, de repente al señor Harper le tocará esperar un desenlace de salvación providencial, como en las películas de Indiana Jones.!Uff…!

 

*Editor general de CORREO Canadiense.