¡Baja tu ritmo!

Carlos Góngora
Carlos Góngora

CARLOS GONGORA*

Andamos como locos, porque hoy todos tenemos reloj, pero no tenemos tiempo. Porque hoy estamos más comunicados que nunca con los celulares, el  internet,  el messenger, el twitter, el facebook, etc., etc., pero cada vez hablamos menos con la familia.

 

Porque hoy parece que los días, semanas, meses y años transcurren más rápidamente. Sin embargo el día sigue teniendo las mismas veinticuatro horas y los minutos sus mismos sesenta segundos.

 

Las abuelitas nos decían que andar apurado estaba mal, pero hoy no sólo andamos a la carrera y acelerados, sino que también así comemos, hablamos, caminamos, dormimos y hasta el amor lo hacemos así…muy apurados.

Hoy el rey Cronos, se ha apoderado de nuestras vidas y cada vez se nos hace más difícil hacer caso omiso de su presencia. Nos hemos olvidado de admirar, reconocer y agradecer. ¡No “tenemos tiempo” decimos y qué extraño porque aún siguen siendo 168 horas semanales!!!

 

Estamos viviendo entre el miedo y la culpa. El miedo de perder lo obtenido, generalmente vinculado a lo material, comparándonos desagradable y permanentemente con otros estándares; el miedo al cambio, a que las cosas no sean como ahora; el miedo a perder poder o al rechazo del estereotipo social al que pertenezco; el miedo al éxito que por cierto me tiene atrapado en un limbo invisible, entre el infierno de no conseguirlo y el cielo sangriento de obtenerlo. Y la culpa…la culpa por no poder cumplir, con nuestros hijos, con nuestra expectativa, con nuestros propios sueños, hipotecando mi felicidad.

 

Estamos atascados entre la maravillosa tecnología que nos facilita la vida y el entrañable espacio de aprendizaje, de descanso, en donde palabras como estrés, colon irritable, crisis de pánico o de angustia no existían.

Qué nostalgia de aquellos tiempos cuando sólo había un teléfono por cuadra y sin embargo encontrábamos los espacios para hablar y conversar entre nosotros. En dónde sólo teníamos papel y lápiz para decirnos cosas a la distancia, y sin embargo el cartero era nuestro mejor embajador.

Hoy llegamos a muchas más partes, pero nos cuesta cruzar la calle o tocar la puerta de nuestro vecino. Hoy nuestros hijos saben mucho más que antes, pero nosotros sabemos mucho menos sobre ellos.

 

Bajemos el ritmo, como un muy buen llamado de auxilio a hacer la vida más lenta, sin tanto frenesí, más equilibrada, más vivible.

 

*Certificado en risoterapia, coach personal, colombiano radicado en Toronto. www.quebonitaeslavida.com