Del Terrorismo a la discriminación

CATALINA CHAUX*

catalinaLo ocurrido en la tercera semana de octubre no podrá ser borrado de la memoria histórica de Canadá. Fue una semana dolorosa tanto para las familias de las victimas como para la sociedad canadiense en general. Es la primera vez que se cometen actos terroristas en suelo canadiense. Si bien Canadá ha participado en conflictos que significaron el sacrifico de miles de vidas como lo fueron la Primera y la Segunda Guerra mundial, Corea y Afganistán, todos ellos se llevaron a cabo en suelo extranjero y con un océano de por medio.
Visualizar el conflicto de lejos es muy diferente a sentirlo en la puerta de la casa.
La primera reacción a los dos eventos -el ataque en Québec y el ocurrido en el monumento a la Guerra en Ottawa, fue denominarlos actos terroristas y extremos cometidos por fundamentalistas. Esto tiene sentido en la medida en que ocurrieron días después de los anuncios hechos por el gobierno canadiense de apoyar los futuros ataques a ISIS; porque además fueron cometidos por jóvenes recientemente enrolados en grupos fundamentalistas y en cuanto en los últimos meses han sido varios los canadienses que han viajado a enrolar las filas  de estos grupos extremistas.
Aun cuando está por determinarse si hubo alguna influencia de salud mental en el suceso de Ottawa, indudablemente, estos hechos violentos, cualquiera que haya sido su motivación, han desencadenado una serie de reacciones de rechazo a la comunidad musulmana.
Pero estos actos de discriminación y rechazo solo pasan a engrosar la lista de otros que han venido teniendo mayor ocurrencia en los últimos meses como los ataques a mezquitas, los volantes amenazantes a candidatos de la comunidad musulmana, el acoso a niños de color en pequeñas localidades de tendencia eminentemente caucásica, para mencionar sólo algunos.
Medidas como la que se pretendió tomar en Quebec prohibiendo la utilización visible de cualquier símbolo religioso por parte de funcionarios públicos, los recientes controles al ingreso de viajeros de África del oeste, los cambios en las reglamentaciones  provinciales para refugiados y la reciente regulación “prácticas culturales barbáricas”, no ayudan a evitar la confrontación cultural. Por el contrario, han generado una mayor discriminación y visibilizarían de la dificultad que tienen algunos segmentos de la comunidad para convivir con las diferencias, cualquiera que sea su origen.
Debe evitarse la estigmatización de culturas,  grupos étnicos o religiosos, y el establecer generalizaciones que obedecen más a la ignorancia que a la realidad fáctica. Es el momento de establecer responsabilidades por parte del gobierno en todos los niveles y de la comunidad para establecer puentes de unidad o al menos de entendimiento y no de distanciamiento, especialmente cuando el objeto de todos es la convivencia armoniosa y pacífica.

* Abogada colombiana con especialización en Derecho Económico, Master en Resolución de Conflictos y Coach Profesional, con énfasis en mejoramiento de comunicaciones, manejo de conflictos e intercambios culturales. cchaux@checsconsulting.com