¿Han visto cómo leen los jóvenes? Se lo leen todo: Los Juegos del Hambre, Harry Potter, Juego de Tronos, o se devoran colecciones interminables de cómics. ¡Leen como nunca! 

Los chicos están pegados al celular leyendo, accediendo constantemente a toneladas de información… Así, entonces, quizás no deberíamos estar preocupados por cómo comprenden la realidad.

Por: Verónica Ramírez*

Leí por ahí que “un niño que lee, será un adulto que piensa”. Con toda la lectura que se les entrega por los diversos medios, deberíamos concluir que no hay nada por lo cual preocuparnos. ¿Será verdad?

En estos tiempos en que parecemos estar bombardeados por información, ¿están nuestros jóvenes leyendo con un sentido crítico? ¿Están analizando lo que nos está afectando como sociedad en el día a día? ¿Cuál es el nivel educativo que están alcanzando para analizar los hechos que los afectan? ¿Están aprendiendo en la escuela a analizar la información, potenciando su sentido crítico? ¿O son simplemente consumidores de lecturas livianas o noticias que en muchos casos son ‘fake news’, transformándose así en víctimas de la desinformación?

Desde pequeños les motivamos su imaginación con historias, curiosidades científicas, pensamiento creativo. Luego, con el aprendizaje de la lectura llega la compresión. No nos damos ni cuenta cuando llega un momento en que, ya crecidos, ellos mismos tienen que empezar a hacer sus análisis y poner en práctica sus habilidades. Confiamos en que sus profesores les dan las herramientas para que se formen como pensadores creativos, independientes, con el conocimiento necesario para enfrentar el contexto actual y avanzar enfrentando los problemas de nuestra sociedad.

Pero… ¿no estará sucediendo que para hacer sus deberes, solo copian lo que encuentran en Wikipedia? Vivimos una época en que parecería que leer es una actividad cotidiana. Pero leer críticamente es algo diferente a simplemente leer.

La lectura crítica

 “Necesitamos entrenar una nueva generación de mentes críticas” dice Jean-Pierre Borguignon, presidente de el Consejo de Investigación Europeo. En los países nórdicos como Finlandia ya lo están haciendo desde el colegio primario. También en Suiza y Noruega, donde los niveles educativos siempre han sido consistentes y superiores. Desde hace mucho tiempo se utilizan cotidianamente las nuevas tecnologías en el aula, introduciendo el pensamiento crítico.

En ese sentido, ¿qué estamos haciendo nosotros a este lado del Atlántico? ¿Conocemos el currículo impartido en los colegios? ¿Apoyamos la enseñanza desde casa? ¿Los chicos leen por placer o por obligación escolar? ¿Tratamos de impulsar nosotros mismos que nuestros hijos aprendan a leer críticamente?  Creo que lamentablemente esa es aún  una tarea pendiente.

La lectura es una habilidad que se aprende en los primeros años de educación formal, pero el proceso que lleva a la lectura crítica tiene que ser guiada por los padres y docentes. Este es un proceso que requiere trabajo y dedicación, constancia y disciplina. Siguiendo el ejemplo finlandés, que ha llegado a adaptar su sistema educativo a los tiempos que vivimos, tenemos la obligación de desarrollar en nuestros estudiantes la capacidad de discernir lo verdadero de lo falso; la información de la opinión. De reconocer los matices del mensaje, verificar y contrastar las fuentes.

El lector crítico no sólo leerá por entretenimiento; deberá ser capaz de identificar quién es el autor del texto que lee, cuáles son sus intenciones, cuál es su ideología.

En este mundo de “realidades alternativas”, “noticias falsas” y “teorías de conspiraciones”, el regalo más grande que les podemos hacer a nuestros hijos es la lectura. Educar en un sentido crítico, promoviendo la disciplina y el análisis de lo que se lee. Tenemos que llegar a una integración profunda del desarrollo del pensamiento crítico en todos los niveles de la educación.

Debemos ser capaces, junto con el sistema educativo, de guiar a nuestros hijos por la senda de la lectura inteligente. No podemos claudicar en ese propósito. Por todo lo expuesto, yo te pregunto: ¿Cómo leen tus hijos?

*Verónica Ramírez es Bibliotecaria y Animadora Cutural en la Mississauga Valley Library