La pobreza joven como predictora de baja asistencia a las urnas

Si estuviéramos en una habitación con 100 jóvenes de ambos sexos tomados al azar y les preguntáramos cuántos de ellos estarían dispuestos a votar en las elecciones de 2019, el resultado sería sorprendentemente bajo pero incierto.

Es que hasta 2011 el voto juvenil había descendido consistentemente a lo largo de décadas. para luego aumentar en 2015 sin que fuera posible preverlo.

En 20011 sólo votó un 38% de los jóvenes entre 18 y 34 años. Sin embargo, en 2015, una serie de factores elevó esa cifra en algo más de 20 puntos, acompañando un aumento que se dio en esa oportunidad en los votantes de todas las franjas de edad.

En 2015 se habían dado algunas circunstancias excepcionales (el hartazgo de muchos votantes con la administración conservadora y la aparición de un líder liberal joven y heredero de un apellido significativo son quizás los principales), por lo que no sabemos si en 2019 la afluencia de jóvenes a las urnas estará más cercana a las alarmantemente bajas de 2011 o las más alentadoras de 2015.

Lo que lamentablemente sí sabemos, tal como lo hemos visto en las Fichas anteriores es que:

1) El porcentaje de jóvenes dispuestos a ejercer su derecho al voto será sustancialmente menor al de los adultos mayores que lo hagan,

2) La asistencia a las urnas de los jóvenes con bajo nivel de educación formal será mucho menor a la de los jóvenes con educación post-secundaria.

3) El sector de la población canadiense que menos interés demuestre en el proceso electoral y que por lo tanto menos vote, estará constituido por los jóvenes que se encuentran viviendo situaciones más desventajosas desde el punto de vista social, económico y educativo.

La coincidencia en una sola persona de esos tres factores que determinan una muy baja tendencia al voto (a) ser joven, (b) no haber terminado la High School o haberla terminado fuera del período esperado y (c) tener bajos ingresos, es determinante.

Así, si nos encontráramos con aquellos 100 jóvenes del comienzo pero supiéramos además que son pobres y han debido abandonar sus estudios, podríamos estar casi seguros de que cerca del 70% de ellos no ejercerá su derecho de ciudadanía.

Ellos habrán optado por no tener voz.

La sociedad en la que viven, a sabiendas o no, habrá optado nuevamente por no prestarles atención ni remediar su silencio.

Ingresos, desigualdad y turnout

Quienes estudian la relación entre desigualdad, ingresos familiares y voter turnout en nuestro país advierten que la situación en Canadá se acerca, progresivamente, a la que se vive en los Estados Unidos:

Por esa razón nos ha parecido pertinente incluir en esta Ficha la relación entre ingresos familiares y asistencia a las urnas en las últimas elecciones de aquel país.

“[…] Canada is treading down a similar path to its southern neighbour. Although the influence of money is not as prevalent in Canadian democracy as in the US, it is still hindered by the narrow boundaries of what is considered acceptable public debate and a sometimes “distorted presentation of economic and social realities”.

Income Inequality and Voter Turnout in Canada, 1988-2011 – Matthew Polacko – King’s College, London – 2017