TikTok: el tiempo llama a las puertas de Trump (y a las nuestras)

El futuro ex-presidente Trump ha anunciado que prohibirá la red social TikTok ante la sospecha de que es o podría ser utilizada por los servicios de inteligencia del gobierno chino. A continuación y como si la prohibición de una red social fuera algo que se hace a diario, dio como plazo el 15 de septiembre para que TikTok se vendida a empresa estadounidense.

Con esto quedan meridianamente claras tres características de las redes sociales que todos conocemos o al menos intuímos:

1) Las redes sociales pueden utilizarse para hurgar en las ideas, los deseos, los temores y las posiciones políticas de los participantes y a través de ellas se pueden implementar estrategias personalizadas o sectorizadas de propaganda, lo que incluye la diseminación de noticias falsas o fake news, capaces de alterar los resultados electorales.

2) Las redes sociales centran su poder económico y social en la eleboración de perfiles de los consumidores a partir de mecanismos de Inteligencia Artificial que les permiten conocer de las personas aspectos que incluso no conocen ellas mismas.

3) Las redes sociales son un artefacto complejísimo de colonización y dominación cultural, se infiltran en las zonas del cerebro humano más emocionalmente desprotegidas, en especial en las personas más jóvenes o menos educadas, y tienen un poder de crecimento exponencial que las transforma en peligrosas.

4) Las redes sociales, contrariamente a lo que vulgarmente se cree, no son una herramienta de integración social sino instrumentos que se han mostrado como tremendamente segmentadores por edad.
Hay redes como Facebook orientadas a personas de más de 30 años, redes como Instagram cuyos consumidores se encuentran en la franja de edad que va desde los 16 a los 30 años, y la novedad es TikTok. Sus prestaciones, su orientación a lo tribal, lo inmediato y lo fugaz, la han transformado en la primera aplicación orientada a satisfacer a (y a incidir en) niñas, niños y adolescentes más jóvenes.

Se trata -independientemente de que nos guste o no- de una nueva forma de crear, de comunicar y de compartir.

El conflicto que se ha planteado entre un presidente norteamericano crecientemente desligado de toda racionalidad y la primera app no-estadounidense ¡y para colmo china! es un conflicto que aunque se inscribe en el marco de la guerra comercial, la trasciende. Y es eso precisamente lo que parecen no entender los partidarios de la prohibición.

Este es un conflicto por el alma de las nuevas generaciones. Por la adhesión de quienes consumirán y decidirán mañana.

TikTok (el sonido onomatopéyico del tiempo que corre, cada día más aceleradamente) llama a las puertas de Trump (y a las nuestras) como las trompetas lo hicieron alguna vez frente a las murallas de Jericó.