Tres relatos breves de un caleidoscopio complejo (3)

EL HOMBRE QUE HABÍA SIDO SÓLO UN NOMBRE

Hay en nuestros países o al menos en algunos de ellos personas que han sido sólo un nombre durante décadas. Y eso fue lo que pasó con Eduardo Bleier, en Uruguay, desde 1975. Se hcomo producto de una situación inverosímil: todos los días, las mismas Fuerzas Armadas que lo habían apresado, pedían por televisión datos para dar con su paradero. Era, según se decía en aquellos requerimentos diarios cuyo recuerdo nos llena de oprobio, un dentista peligroso.

Pero era ya sólo un nombre.

Con el paso del tiempo pasó a ser, obviamente, un nombre más en una extensísima lista de personas desaparecidas, y también el nombre de un local del partido que integraba, y el nombre que estaba habitualmente debajo de una foto que junto con otros cientos de fotografías nos miraban a los ojos cada 20 de Mayo en nuestra avenida principal.

Eran parte de un ritual exasperante y para muchos imprescindible: sacar aquellas fotos a la luz para que vieran cómo los demás caminábamos detrás, en silencio y sin esperar nada más que escuchar sus nombres en la plaza una vez más antes de irnos a casa.

Y eso fue así hasta que hace pocos días, aquel hombre (uno entre las otras fotos que ya nos eran familiares) dejó de ser sólo un nombre y recuperó una parte de lo que alguna vez había sido.

En el Batallón Nº 13 de Infantería, en un descampado de varias hectáreas en el que un grupo de antropólogos trabaja desde hace años horadando paciente y prolijamente cada centímetro de tierra, apareció primero un trozo de su cráneo y luego otras partes de lo que el tiempo supo dejar para que sus 4 hijos no se quedaran sin nada.

Se trata del quinto esqueleto hallado en un predio militar desde que en 2005 el Frente Amplio llegó al gobierno y forzó la entrada del equipo de antropólogos a esos lugares a los que durante 30 años no se había podido entrar. Algunos de esos restos conservaban aún los alambres con los que habían sido maniatados o el orificio en la sien del disparo con el que habían sido ejecutados antes de caer en una fosa ávida.

Lo irónico, lo que hace de este nombre que recuperó por fin hace unos días lo que quedaba de sus huesos un caso especial, es que muy posiblemente no vuelva a haber un hallazgo como éste. Que muy posiblemente Eduardo Bleir haya sido el último. Y si es así, los otros muchos nombres que son sólo eso, no se transformarán nunca en algo más sólido que las palabras o las fotografías.

Porque aunque la coalición de partidos progresistas que gobierna desde hace 15 años en el país volverá a triunfar en el proceso electoral del 27 de octubre con el 40% de los votos, existe la casi plena seguridad de que no logrará hacerse con el 50% que le permitiría imponerse en un ballotage… y entonces muchas cosas habrán de cambiar.

Los antropólogos tendrán que volver a sus tareas habituales, los cuarteles volverán a cerrarse sobre si mismos como ostras infames y se habrá perdido la posibilidad que cada tres o cuatro años nos muestren un puñadito de huesos que nos permitan creer que aquel horror, alguna vez, tuvo fin.