Libertades, derechos y responsabilidad

Una mujer lee un número del semanario satírico Charlie Hebdo en Paris
Una mujer lee un número del semanario satírico Charlie Hebdo en Paris

CATALINA CHAUX*

Nada justifica el terminar con la vida de otra persona, nada justifica actos terroristas, nada justifica el fanatismo, nada justifica los actos extremistas.
El asesinato a sangre fría de doce personas el pasado 7 de enero en Francia, diez de ellas relacionadas con la publicación Charlie Hebdo,  ha desencadenado interminables reacciones en el mundo entero. La mayoría, relacionadas con la defensa a la libertad de expresión y a la libertad de prensa, casi aún más que con la defensa al derecho a la vida en sí mismo.
En un hecho sin precedentes, dirigentes europeos y de medio oriente viajaron a Paris para mostrar su solidaridad al gobierno y al pueblo Francés, aun cuando, irónicamente, en muchos de sus países la libertad de expresión no está garantizada en su totalidad.
Inmediatamente, a través de las redes sociales se generó el movimiento “soy Charlie” utilizando como símbolo elementos de escritura, lápices y bolígrafos, para significar que el terror no acallará la palabra.
El hecho de que los inaceptables eventos se hubieran desatado contra un medio que reiteradamente satirizaba tanto al extremismo como a todas las religiones, ha sido tomado como una afrenta a la esencia del derecho a la expresión. Sin lugar a dudas éste es un derecho esencial y fundamental, el derecho a la palabra, a la denuncia, a la libre expresión de ideas, a la mofa y a la libertad de prensa, pero cabe preguntarse si es un derecho ilimitado.
Recordando mis clases de introducción al derecho, recuerdo la insistencia en la premisa: “mi derecho llega hasta donde comienza el derecho de los demás”. Es aquí donde se requiere un ingrediente fundamental: la responsabilidad.
Las denuncias no solo pueden sino que deben hacerse, pero con inteligencia, sentido común, respeto y responsabilidad.
Nos debatimos permanentemente entre una doble moral. Por un lado se cree, erróneamente que la libertad de expresión no tiene límite y por ende se desliga de la responsabilidad. Se asume que la libertad de expresión es poder decir lo que se quiera, cuando se quiera a quien se quiera y que, si de alguna manera se restringe este derecho, se está censurando y limitando la libertad de expresión.
Hay también una tendencia de la sociedad a limitar conversaciones y expresiones que han sido calificadas como políticamente correctas o incorrectas, entre las que están los temas religiosos, de género, políticos, raciales, etc., evitando incluso que algunas realidades puedan llamarse por su nombre.
Los dos extremos son equivocados. ¿Cuál es entonces la línea sutil que diferencia un extremo del otro? Yo creo que son la responsabilidad y el respeto los que establecen el límite para el ejercicio de los derechos individuales.
La dificultad está en determinar quién, cómo y dónde se establece esa línea. Es ahí donde la ética se une con la responsabilidad.
Una cosa es denunciar el extremismo y otra muy diferente es hacer mofa de las creencias religiosas. Una cosa son los fanáticos extremistas que malinterpretan y manipulan  las creencias y preceptos religiosos y otra muy distintas los creyentes  y seguidores de una religión. Quienes tienen mayor acceso a los medios, tienen un mayor grado de responsabilidad. No se trata de acallar la opinión, la crítica, en este caso la caricatura. Se trata de que se haga creativamente, con inteligencia para lograr mayor efectividad, sin necesidad de la ofensa a los demás.
Por último, pareciera que tácitamente se ha establecido preferencia al derecho de expresión sobre el derecho a la vida. Más triste aún, pareciera que hay unas vidas que tienen más valor que otras.  El 9 de enero, dos días después del incidente en Francia, el grupo extremista y terrorista Boko Haram asesinó a un estimado de 2000 personas y generando el desplazamiento de 20 mil personas.
Tristemente, estos hechos no han generado las mismas reacciones de horror, repudio,  dolor y solidaridad de gobiernos, redes sociales y la comunidad internacional en general. Es inaceptable que haya unas vidas con mayor valor que otras y que la protesta no incluya la condena a masacres como ésta. Es inaceptable la indolencia ante el dolor de otro ser humano.
* Abogada con especialización en Derecho Económico, Master en Resolución de Conflictos y Coach Profesional con énfasis en mejoramiento de comunicaciones, manejo de conflictos e intercambios culturales. Actualmente se dedica a su práctica privada en Mediación, Coaching y Consultoría. cchaux@checsconsulting.com