“Obra” llega a La Habana tras triunfar en Toronto

El cineasta brasileño Gregorio Graziosi (d) y la actriz italiana Lola Peploe. EFE
El cineasta brasileño Gregorio Graziosi (d) y la actriz italiana Lola Peploe. EFE

BEBO MORALES

A La Habana ha llegado el único filme brasileño seleccionado para concursar en el célebre Festival Internacional de Toronto (TIFF): se trata de Obra, ópera prima de Gregorio Graziosi, quien invita a hablar sobre esos muertos que muchos esconden.
“No se puede avanzar al futuro ignorando el pasado: mientras más se ocultan las cosas, peor explotan al salir”, aseguró Graziosi a Correo Canadiense, agradecido del gran empujó que significó para su proyección internacional participar en el TIFF.
“La presentación de Obra en Toronto fue increíble, una gran experiencia, sobre todo porque nunca me esperé una reacción tan emotiva de los espectadores: muchos emigrantes latinoamericanos se dentificaron con la historia, todas las proyecciones fueron a sala llena, y al finalizar se propició un diálogo enriquecedor, con preguntas inteligentes y reflexiones interesantes sobre la violencia silenciosa”, dijo el cineasta.
El llamado “Festival de los Festivales”, creado en 1976 y que durante 10 días a partir del Labor Day trae a Toronto lo mejor del cine internacional, acogió a Obra antes de que esta película fuera presentada en otras importantes capitales del séptimo arte, como Roma, Rio de Janeiro y ahora La Habana, epicentro del nuevo cine latinoamericano.
Esta cinta en blanco y negro recién recaló en la cita habanera con otro enfoque al problema de los desaparecidos en la dictadura. João Carlos Ribeiro es un arquitecto que descubre en una finca de su familia vestigios de un cementerio clandestino, hallazgo que lo impulsa a investigar más sobre su pasado.
Emprende así todo un viaje por Sao Paulo –la otra protagonista del filme- en busca de pistas que alivien una carga moral cada vez más pesada, agravada por el inminente nacimiento de su hijo.
Graziosi intentó recrear un problema tan vigente como el rescate de la memoria histórica tomando cierta distancia, cuidándose de juzgar y dejando hablar a la excelente y simbólica fotografía.
“Es un filme minimalista, con personajes introspectivos en una ciudad asfixiante, y sin proponerme dejar un mensaje, quise resaltar la importancia de comunicarse”, agregó el joven cineasta. La fotografía en blanco y negro fue un riesgo que los productores apoyaron, y que podría ser una baza para sus aspiraciones de irse de Cuba con un premio Coral en el intenso concurso de debutantes.