Un hombre con una rodilla en tierra y una NFL que -ahora sí- escucha

En el momento en el que Roger Goodell, comisionado de la National Football League emitió el 5 de junio su disculpa de 1 minuto y 21 segundos en relación a la actitud que la institución había tenido en 2018 con Colin Kepernik, fue evidente que mucho ha cambiado en estas últimas semanas. Y que mucho habrá de cambiar de ahora en adelante si el deporte (aunque sería mejor decir el negocio del deporte) quiere regresar alguna vez desde ese universo paralelo en el que ha pretendido atrincherarse desde hace décadas.

También quedó en claro, dada la brevedad, la falta de cualquier elemento discursivo que lo hiciera convincente, y sobre todo por el esfuerzo que Goodell hizo por no mencionar una sola vez el nombre de Colin Kaepernick, que el cambio de postura de la NFL se ha dado pura y exclusivamente para agradar a un público que les ha estado dando la espalda de modo creciente y que ya no se muestra tolerante con un show business que no respeta ni la libertad de expresión de sus estrellas ni las expectativas de centenares de miles de jóvenes que ya no se sienten atraídos por espectáculos deportivos en los que el racismo, el sexismo y la glorificación de la fuerza son elementos constantes y permanentes.

“Estamos escuchando” dijo Roger Goodell sobre el final de su declaración de menos de dos minutos y esa expresión, que se ha transformado en un lugar común utilizado por todos quienes con respecto a algo no quieren decir nada que los comprometa demasiado, es una muestra acabada de la realidad y una confesión de que antes, durante muchos años, se habían negado a oir, habían hecho oídos sordos a todo lo que se les dijo, pero, lo que es aún peor, había acallado voces para que no fueran escuchadas.
Todos conocemos lo sucedido pero vale recordarlo brevemente.

Corría 2016 y se vivía, en amplios sectores de los EEUU pero en especial en la comunidad negra, una creciente preocupación por los casos de violencia policial que habían determinado la muerte, en pocos meses, de Eric Garner, Michael Brown, Laquan McDonald, Tamir Rice, Sandra Bland, Alton Sterling y Philando Castile, entre otros negros estadounidenses asesinados por la policía.

Muchas de esas muertes habían sido filmadas, el sentimiento de indignación aumentaba y en ese contexto, el 16 de agosto, Keperinck decidió no ponerse de pie en el momento en que se ejecutaba el himno norteamericano, como expresión de protesta. La primera vez que lo hizo simplemente permaneció sentado, pero algunos de sus compañeros le advirtieron que eso podía ser tomado como una falta de respeto y fue un conocido suyo ex veterano de guerra, ….. quien le sugirió la idea de hincarse con una rodilla en tierra, algo que Kaepernik realizó por primera vez a los pocos días, el 1º de septiembre.

La indignación de los elementos más a la derecha del espectro político norteamericano (prácticamente la totalidad del Partido Republicano y algunos representantes del Partido Demócrata y sobre todo el recién llegado a la Casa Blanca, Donald Trump), no se hizo esperar.

Pero además, había otro elemento en juego que fue muy importante para la NFL al momento de amenazar con sancionar a los equipos que permitieran que sus jugadores siguieran aquel mal ejemplo: desde hacía varios años, al menos desde 2011, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos le otorgaba a la liga un elevado subsidio para que en sus espectáculos se fomentara el patriotismo y el amor por los símbolos patrios y la actitud e Kaepernik parecía estar socavando todo aquello, en especial cuando, para explicar su actitud el jugador decía cosas tan claras como:

“No voy a ponerme de pie para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime y mata a los negros y a las personas de color”, o “Para mí, esto es más importante que el fútbol, ​​y sería egoísta de mi parte mirar para otro lado. Hay cadáveres en la calle y personas a las que se les paga para que nos protejan y sin embargo quedan libres después de asesinar a un inocente”

Para ese momento ya eran varios los jugadores que se habían unido a la protesta, que hasta había contado con declaraciones a favor del ex-presidente Obama y aquello fue demasiado. Las presiones de la NFL sobre los propietarios de los equipos y la de éstos sobre los jugadores, junto a las declaraciones despempladas de Donald Trump, solicitando públicamente que se despidiera “a esos hijos de puta” determinaron que Kaepernik jugara su último partido el 1º de enero de 2017 y que el movimiento por él generado rápidamente se extinguiera.

En 2018 Nike, rompiendo el silencio generado por aquella reacción, lo transformó en el rostro de su campaña 2018 con el lema “Cree en algo, incluso si eso significa sacrificarlo todo”.

El respaldo de una marca como Nike a las protestas mostró a las claras que el debate no estaba muerto sino apenas silenciado.
Pero apenas dos años después, a pocas semanas del asesinato de George Floid y ante el repudio generalizado y las manifestaciones en respaldo del movimiento Black Lives Matter y en contra de la brutalidad policial (y seguramente también como reacción a los cada vez más frecuentes traspiés presidenciales), la NFL ha decidido que ya es hora de decir exactamente lo contrario a lo que había venido diciendo hasta ahora.

Miles y miles de hombres y mujeres de todos los estratos sociales y de todos los credos, en especial jóvenes, pero también jefes de policía, alcaldes, gobernadores y hasta el propio Joe Biden colocando la rodilla en tierra convencieron a la NFL de que, después de todo, aquello no estaba tan mal.

Y eso abre un interesantísimo debate: ¿pueden las figuras del deporte demostrar sus posiciones políticas en público, como lo hacen otras figuras públicas? Y si no pueden… ¿porqué? Seguiremos con este tema en el próximo número.