Ya lo sabíamos… pero ahora una niña decidida nos lo muestra

“Nos están fallado, pero los jóvenes estamos empezando a enteder la traición. Los ojos de toda las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, les digo, nunca los perdonaremos. Aquí, ahora, es donde marcamos el límite.
El mundo está esperando. Y el cambio viene, les guste o no.”

Como hacía notar la periodista argentina Sandra Russo hace varios meses, a Greta Thunberg le llegó el momento de ser estigmatizada y ridiculizada a una edad muy temprana, a los 16 años.

La adolescente sueca, había sido diagnosticada con el síndrome de Asperger a los 10 años y debido a ello solía hablar sólo lo estrictamente necesario. Pero decidió, a los 14, iniciar una huelga en soledad, faltando a clases los viernes en protesta por el daño que el mundo adulto le estaba causando al planeta en el que ella y quienes tienen su edad deberán vivir.

Sin embargo, el éxito de una charla TED a la que fue invitada y en la que reconoció “estoy hablando con ustedes aquí sólo porque es estrictamente necesario” llevó a que miles de adolescentes la tomaran como ejemplo y salieran a las calles a partir de marzo, dando lugar al movimiento Viernes por el Futuro, al que adhirieron, pocas semanas después, más de 20.000 científicos de todo el mundo con un documento titulado “Los jóvenes tienen razón”.

Muy pronto la voz de Greta comenzó a escucharse en foros y conferencias internacionales a las que se la invitaba, al principio, como una curiosidad simpática y enigmática: una niña, pequeña para su edad, sorprendentemente inteligente, que hablaba, con voz pausada acerca de la necesidad de detener el cambio climático cuanto antes y de la responsabilidad que los dirigentes políticos del mundo no están asumiendo. Y en esas conferencias ella se permitía decir cosas como las que debieron escuchar en julio los parlamentarios de la Unión Europea:

“sé que no les gusta que yo esté acá. A mí tampoco me gusta que ustedes estén acá. Porque no han cumplido con su deber. Nosotros sí hemos hecho los deberes. Hemos leído los informes científicos. Lo que pedimos es que le hagan caso a la ciencia, porque cuando nosotros seamos adultos ya será tarde”.

Al principio los grandes medios de prensa parecieron no comprender la magnitud del tsunami que Greta Thunberg estaba desatando en las conciencias juveniles. Algunos hasta se permitieron burlarse de ella y de su enfermedad de una forma cruel e injustificada, como el francés conservador Le Figaro, que observó que era “una vergüenza ver a tantos jóvenes dejarse conducir por una zombie” o Tucker Carlson de Fox News que se refirió a ella como “esa enferma mental”. Pero pese a ese tipo de indignidad y al especial encarnizamiento que algunos medios son capaces de desplegar cuando tienen enfrente a alguien vulnerable, el movimiento continuó creciendo y ramificándose, dejó de estar circunscripto a las grandes ciudades de los países industrializados, se extendió por todo el mundo y, como anotaba Sandra Russo en la nota que recordábamos:

“El movimiento encarnó en una generación que hace su entrada a la política por un costado vital y poderoso. Sus cuerpos lo gritan, lo piensan, lo reclaman. Y advierten, con mucha más claridad y precisión que las otras generaciones, la gravedad límite de este momento.

Nuestra generación ya sabe muchas cosas, pero no hemos sido capaces de transformar ese conocimiento en acción ni en la toma de decisiones que al menos mitiguen lo que sucede frente a nuestros ojos.

Ya lo sabíamos; el elevado consumo de proteínas y grasas animales en los países desarrollados, y el creciente acceso a esos alimentos por parte de millones de habitantes de países en desarrollo, dañan el equilibrio climático del planeta tanto por la inmensidad de áreas selváticas que son destruidas para transformarlas en zonas de pastoreo, como por las emisiones de gases de efecto invernadero que los animales generan a partir de sus procesos digestivos.

Ya lo sabíamos; los corales, esos diminutos animales marinos que viven en colonias de miles de millones de individuos dentro de sus cubiertas calcáreas, no sólo forman arrecifes en los cuales una variedad inmensa de vida silvestre encuentra alimentos y refugio, sino que de ellos depende el equilibrio de calcio en los océanos. El aumento de casi un grado en las temperaturas oceánicas ha comenzado a mermarlos pero el aumento previsto de 2 grados en las próximas décadas los diezmará. Eso provocará un cambio en la química de las aguas que determinará extinciones masivas, entre ellas las de especies de las cuales depende nuestra subsistencia.

Ya lo sabíamos; al calentamiento global producido por la actividad humana y la generación de gases de efecto invernadero se le suma el plus de energía solar que ya no es reflejada por las masas heladas del Ärtico y la Antártida. Eso, a su vez, acelera el ritmo al que sube el nivel de los océanos, por lo que millones de kilómetros cuadrados de costas en todo el globo serán engullidos por las aguas o barridos por las tormentas.
Pero saber esas y muchas otras cosas, que se acumulan en informes científicos crecientemente alarmantes, no nos ha conducido a enfrentarlas.

Tenía razón Sandra Russo cuando vaticinaba que el nombre de Greta Thunberg se nos haría familiar pese a la resistencia que en su contra se estaba produciendo. La última semana de septiembre la voz de Greta se escuchó en la Cumbre del Clima de Naciones Unidas en Nueva York, respaldada por una huelga climática global juvenil, que incluyó a niños y niñas de jardines de infantes acompañados por sus maestras y sus madres. Y en Montreal se congregaron 500.000 personas para acompañarla. En eso consiste el nuevo elemento alentador. Son los y las adolescentes quienes han comenzado a indignarse. Y esa indignación quizás sea más genuina, duradera, y efectiva que la nuestra.

Y por supuesto, no faltan personas que se preguntan de dónde sale la financiación para los viajes o el mantenimiento del sitio web que respalda a esta niña, o que sospechan de ella porque los organismos internacionales la invitan y grandes medios de prensa le dan el espacio que otros jóvenes no tienen. Se ha llegado a cuestionar incluso que se le haya permitido faltar a clase los viernes, o que sea demasiado sueca y muy poco representativa de los sectores del mundo que realmente sufren.Como anotó Confucio hace 2.500 años, cuando un sabio nos señala la luna, los necios miran el dedo.

Fragmentos aleccionadores

La alocución de la adolescente sueca Greta Thunberg en la Cumbre del Clima de la Organización de las Naciones Unidas ha sido ampliamente reproducida en la prensa mundial, pero Correo no quiere ser ajeno al esfuerzo por hacer que su voz y las voces de los millones de adolescentes que se han manifestado en estos últimos meses sea escuchada.

“El cambio viene, les guste o no”, advirtió a los jefes de Estado reunidos en Nueva York, emocionada y casi al borde del llanto la líder del movimiento Viernes por el Futuro.

“Esto está todo mal. Yo no debería estar acá, debería estar en la escuela, al otro lado del océano. Pero ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, buscando esperanza. ¿Cómo se atreven? Ustedes se robaron mis sueños, mi infancia, con sus palabras vacías. Y aún así yo soy una de las afortunadas. Hay gente sufriendo, gente muriendo, ecosistemas completos están colapsando. Estamos al inicio de una extinción masiva. Y ustedes sólo pueden hablan de dinero, de cuentos de hadas y de eternas promesas de crecimiento económico. ¿Cómo se atreven?”,

Por más de 30 años la ciencia ha sido clara. ¿Cómo se atreven a mirar para otro lado y venir acá a decir que están haciendo lo suficiente, cuando las políticas y soluciones necesarias todavía no están a la vista? Dicen que nos escuchan y entienden la urgencia, y no importa cuán triste o enojada esté, me gustaría creerles, pero si realmente comprenden la situación y aún así no actúan, entonces ustedes serían malvados. Sería desolador comprobar eso”.

“Nos están fallado, pero los jóvenes estamos empezando a enteder la traición. Los ojos de toda las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, les digo, nunca los perdonaremos. No dejaremos que se salgan con la suya. Aquí, ahora, es donde marcamos el límite. El mundo está esperando. Y el cambio viene, les guste o no”.

“He tenido la suerte de nacer en una época y en un lugar donde todos nos dicen que soñemos en grande, que podría convertirme en lo que quisiera, que podría vivir en cualquier sitio que quisiera. La gente como yo lo ha tenido todo y más. Cosas con las que nuestros abuelos ni siquiera se atrevían a soñar. Hemos tenido todo lo que podíamos desear y, sin embargo, ahora podríamos acabar sin nada. Probablemente ya ni siquiera tengamos futuro»”

“Nos habéis mentido. Nos habéis dado falsas esperanzas. Nos habéis dicho que el futuro era algo que anhelar. Y lo más triste es que la mayoría de los niños ni siquiera sabe el destino que nos espera. No lo comprenderemos hasta que sea demasiado tarde. Y, sin embargo, somos los más afortunados. Los que se verán más afectados ya están sufriendo las consecuencias, pero sus voces no llegan hasta aquí y ustedes no las escuchan”.

“Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días. Y quiero que actúen. Quiero que actúen como lo harían en una crisis. Quiero que reaccionen como si nuestra casa estuviera en llamas… porque lo está”.