JUAN CARRANZA: “Quiero ayudar más a la comunidad”

FREDDY VELEZ*

 

Habla el abogado, el filántropo, el activista social

 Juan Carranza al recibir su mas rciente premio por sus logros profesionales.
Juan Carranza al recibir su mas reciente premio por sus logros profesionales.

A Juan Carranza, abogado salvadoreño-canadiense con claras ideas progresista, no le desvela la vida política. Pero sí le pica el activismo social,  le encanta contribuir con causas humanitarias,  ama  el derecho y la misión derivada en busca de justicia. Y siente como un reto liderar el trabajo colectivo de su oficina legal -una de las más importantes en Toronto en el área de lesiones personales.   Premios ha recibido muchos, el más reciente este mismo año,  otorgado por la Canadian Bar Association -antes conocida como Hola-, la Asociación de Abogados Hispanos de Ontario, que le dio el Premio al Logro, dada su brillante carrera profesional que más de 23 años.   Pero Juan, como le gusta que le llamen –así a secas, sin títulos ni nada, no se cree el mejor. Recibe esas distinciones –como la que le dieron como uno de los Hispanos Más Influyentes de Canadá en el 2007, con “el deseo de poder hacer más” con su gente y que asume  “como el cariño que me dan”.   Nos recibió en su despacho y notamos -como signo tal vez del valor que le da a su título  académicos, que sus diplomas universitarios reposan uno encima del otro sobre un asiento, con señas de que han esperado allí a ser colgados y exhibidos algún día que no parece llegar.

Aquí con su esposa y tres de sus cinco hijos.
Aquí con su esposa y tres de sus cinco hijos.

Habló de todo un poco.   Dijo que el fútbol le gustó desde chico, “más entusiasta que buen jugador” y su único triunfo como jugador fue el de campeón en Toronto en el grado 13 en 1985 con el Downsview Secondary School –en el área de Wilson y Keele. Luego descubrió su fascinación por el  nivel  recreativo cuando sus hijos e hijas –cinco en total- se  aficionaron por el balón y las redes. “Una de las cosas que más he disfrutado es cuando durante un par de años estuve como entrenador de los equipos de mi hijo y de una de mis hijas”, advierte con cierta emoción.   Contó que tiene por fortuna un batallón de familiares en  el área de Toronto. “Mi familia extensa es muy grande. Somos más de setenta y mantenemos tan unidos que en promedio nos vemos cada dos semanas porque siempre hay un cumpleaños que celebrar”, dice sonriente y orgulloso.   Este inquieto y siempre buen humorado jurista confiesa que le gusta la música – “medio rasgo un poco la guitarra”, advierte; también juega esporádicamente al ajedrez y se siente tan de aquí como de El Salvador, patria que dejó en plena época de convulsión social cuando tenía 13 años. “Mi abuela, que tiene 92 años, llegó primero en el 82 con mis tíos y primos…” rememora. Cuando le preguntan cómo hace para mantener ese característico acento salvadoreño no duda en achacarle la culpa a “la dieta… los frijoles, el arroz, las pupusas!”

La Canadian Hispanic Bar Association le dio un premio en marzo pasado.
La Canadian Hispanic Bar Association le dio un premio en marzo pasado.

Reflexionando sobre la experiencia de ser inmigrantes en Canadá dice que “dado que con mis hermanos llegamos muy jóvenes, nos relacionábamos con estudiantes latinoamericanos, pues El Salvador era como nuestro pueblo natal y Latinoamérica nuestro país”.   Carranza, que concluyó su secundaria aquí, luego pasó por la facultad de Artes de  la Universidad de York, estudió Leyes en la Escuela Osgoode Hall y luego obtuvo una maestría en Administración de Negocios en Queen’s University, explica qué le permitió mantenerse en la comunidad.   “Quizá tiene que ver  con el hecho de ser parte de lo que llaman los canadienses la generación 1.5. Tenés una idea más bien clara de quién sos y dónde venís y, al mismo tiempo, estamos en otro país con diferentes problemas y  con muchas oportunidades y te planteas cómo te sitúas  en medio de esos dos mundos y no podés dejar de utilizar lo que has aprendido”.   En ese punto es inevitable hablar  del porqué llegó él con su familia al nuevo país y recuerda que vinieron “huyendo de una guerra terrible, donde se victimizó a decenas de miles de personas, de forma brutal”. Regresa al tema de la identidad para decir “Y cuando llegamos, acá te das cuenta que no solo era la (realidad) nuestra sino la centroamericana y la sudamericana que había sufrido en ese proceso neocolonial. Y por esa misma cosa de que éramos generación 1.5 te dabas cuentas que podías ser una especie entre esos dos mundos, el nuevo al que habíamos llegado y el de nuestros países…”.   Sobre los múltiples premios y reconocimientos recibidos, dice que “una forma de interpretarlos es el cariño de la comunidad. Es un cariño mutuo… es un lazo compartido”.  Y agrega que “tenemos un montón qué aprender, quisiera ser más útil, de una forma más efectiva y pienso que debemos reflexionar sobre cómo podemos ser más efectivos”.   Cree que  “ya tenemos un montón de años como comunidad… algunos logros, unos como individuos –que no trascienden necesariamente a lo colectivo; pero también hemos logrado victorias colectivas y tenemos que seguir explorando en esto”.   Y cuando le aventamos la pregunta de si alguna vez se lanzaría como candidato político no vaciló en decir que no ahora. “Tal vez más joven lo contemplé… más si en algo puedo apoyar a otra persona que esté más apta, con mucho gusto”.

* Editor de CORREO Canadiense, periodista colombiano radicado en Toronto.