No habrá Planeta B. Es necesario cuidar el que tenemos

AGENCIA SINC Y EQUIPO EDITORIAL

Aunque la quema de combustibles fósiles es lo que recibe mayor atención, el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU advierte que para frenar el calentamiento global es esencial la reducción del consumo de carne, además de medidas en contra de la deforestación y en favor del uso sostenible de la tierra.

Los esfuerzos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos del calentamiento global se quedarán muy cortos sin cambios drásticos en el uso global de la tierra, la agricultura y la dieta humana, según advierte el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas.

El documento destaca la necesidad de preservar y restaurar los bosques que se están destruyendo para transformarlos en tierra de pastoreo, ya que en su estado natural son agentes importantes de absorción del carbono del aire. A su vez el ganado, al digerir sus alimentos, también produce una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero.El documento afirma que las dietas equilibradas que contengan alimentos de origen vegetal y de origen animal producidos de forma sostenible “presentan grandes oportunidades para reducir el impacto negativo de la actividad humana sobre el medioambiente, a la vez que generan importantes beneficios colaterales en términos de salud y bienestar”.

“No queremos indicarle a la gente qué debe comer”, ha dicho Hans-Otto Pörtner, presidente del Grupo de Trabajo del IPCC sobre Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad. “Pero sería realmente beneficioso, tanto para el clima como para la salud humana, que en los países desarrollados la gente consumiera menos carne, y que se generaran incentivos apropiados para hacer eso posible”.

Aumento de la deforestación y negacionismo ambiental

Los investigadores señalan la importancia de atender lo que sucede en las selvas tropicales, donde la aceleración de las tasas de deforestación es alarmante y sus consecuencias serán irreversible. La selva amazónica, por ejemplo, es un enorme “captor” de carbono que actúa enfriando la temperatura global y oxigenando el aire que todos respiramos.

La deforestación desenfrenada y en gran parte ilegal, impulsada por las políticas negacionistas del cambio climático encarnadas en Brasil por su nuevo presidente Jair Bolsonaro, son directas responsables de una degradación planetaria visible en estos momentos en los millones de hectáreas que están siendo consumidas por incendios originados en la quema de bosques con el fin de dedicar cada vez mayores áreas para la cría de ganado.

“Degraciadamente, algunos países no parecen entender la necesidad urgente de detener la deforestación en los trópicos”, había dicho hace pocas semanas Pörtner. “No podemos forzar a ningún gobierno a intervenir. Pero esperamos que nuestro informe influya lo suficiente en la opinión pública”.

“Si no se detiene, la deforestación podría convertir gran parte de los bosques amazónicos en un tipo de desierto degradado, liberando posiblemente más de 50.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera en 30 o 50 años”, afirma Carlos Nobre, científico experto en clima de la Universidad de São Paulo, en Brasil.

El informe advierte que la tierra debe seguir siendo gestionada racionalmente si el objetivo es alimentar adecuadamentea una población mundial en aumento. El calentamiento global podrá favorecer los cultivos en algunas regiones, pero en muchas otras –incluyendo el norte de Eurasia, partes de Norteamérica y Sud América, Asia Central y África tropical– el aumento del estrés hídrico reduce la tasa de fotosíntesis y provocará una importante desertificación.

Las industrias del cuero y de la moda y la Amazonía

Ya en notas anteriores de Correo habíamos tomado en consideración los efectos del consumo irresponsable de ropa en los países centrales en el deterioro del medioambiente y en la explotación de mano de obra semiesclavizada. Hoy el tema ha regresado de la mano de las llamas que devoran la selva amazónica porque una buena parte del cuero que ha posibilitado reducir el costo de los zapatos que se consumen en las regiones industrializadas del mundo, tiene su origen, precisamente, en en las selvas tropicales arrasadas y transformadas ilegalmente en tierras de pasturas.

La accesibilidad de un buen par de zapatos de cuero en una ciudad como Toronto, incluye un factor que los consumidores no toman en consideración porque ni siquiera lo sospechan: el ganado del cual proviene el producto que compran a un precio relativamente razonable, pastó en tierras que han sido apropiadas y quemadas ilegalmente.

Esos crímenes a escala planetaria están en el origen de las hamburguesas baratas que se consumen en Dubai o en los zapatos que un habitante de New York cambia cada ñao.

Como destacan el informe y los repetidos llamados a la conciencia pública que realizan las organizaciones ambientalistas, no disponemos de un Planeta B al que trasladarnos una vez que hayamos destrozado éste en el que vivimos, y eso hace imprescindible que lo cuidemos.