¿Por qué no debemos de subestimar a Ómicron?

La más reciente variante del Sars Cov 2 empieza poco a poco a develar cada uno de sus misterios y nos demuestra que no se deben relajar las medidas ante su rápido avance.

Tras su descubrimiento, hace apenas unos meses, varios científicos confirmaron que las características de esta variante la hacían mucho más transmisible que sus antecesoras aunque resultaba esperanzador en cierta forma que parecía tener efectos más leves en las personas infectadas.

El 26 de noviembre, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró a Ómicron una “variante de preocupación”, alarmada por sus 32 mutaciones en la proteína de la espícula, lo que sugería un potencial para evadir el conjunto de vacunas contra la Covid-19 actualmente disponibles.

Tras estas declaraciones muchos epidemiólogos afirmaron que la nueva variante se convertirá en breve en la cepa dominante en el mundo, reemplazando a la variante Delta, ya que es capaz de multiplicarse 70 veces más rápido que su antecesora dentro del tracto respiratorio humano.

Ante estas situaciones tanto Pfizer como Moderna se encuentran ya desarrollando vacunas específicamente contra Ómicron, un camino que podría estar disponible para la primavera del 2022, en caso de que se necesite.

La vacunación, los refuerzos y el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social continúan siendo las mejores alternativas para intentar frenar el avance de la variante, ya que a medida que se expande también aumentan sus posibilidades de continuar mutando y devenir en cepas mucho más agresivas y mortales.