Los inmigrantes también lloran

El Covid-19 y los latinoamericanos en Canadá

Gerardo Betancourt (*) – Communities Without Borders

El Toronto Star, uno de los diarios más importantes de Canadá, publicó una encuesta nacional que se realizó con una muestra de 3.700 personas en línea, a nivel nacional.

Los resultados arrojan cosas que ya nos imaginábamos, los latinos expresaron junto a los individuos de raza negra y surasiáticos su preocupación con respecto al impacto del COVID-19 en sus finanzas.

Esto se debe a las complejidades inherentes de la migración. Muchos de los inmigrantes que hablamos español, somos aún primera o segunda generación de inmigrantes. Toma generaciones el desarrollar una comunidad tanto política, social, y económicamente.

En mi trabajo de 14 años como trabajador comunitario, he podido constatar las dificultades inherentes a la migración a otro país, en este caso Canadá.

Las barreras del idioma, la alta necesidad de credencialización para muchas profesiones (médicos, contadores, ingenieros, psicólogos, etc.), los costes de vida, aunado al idioma diferente, representan para muchas personas grandes dificultades.

La llegada del COVID-19, desnuda una vez más el nivel de atención, servicios, y políticas diseñadas para fomentar el progreso de nuestra comunidad.

Las personas que trabajan en servicios, limpieza, comisiones, o ventas, han visto de la noche a la mañana que el impacto económico ha sido inmediato.

En espera aún estamos por ver la real magnitud de esta experiencia colectiva. Nuestra comunidad es diversa y está conformada por identidades intersectadas por el estatus migratorio, la orientación sexual, la edad, el país de nacimiento, y otros elementos que nos hacen únicos, y al mismo tiempo, compartimos el español como lengua y cultura.

Los inmigrantes viven una situación paradojal. Tienen mejor salud que los habitantes que no han necesitado inmigrar. Esto se explica muchas veces porque la migración requiere de fortaleza y espíritu para enfrentar los retos arriba mencionados.

La paradoja es que conforme van pasando los años, la salud física y mental de los inmigrantes se deteriora hasta alcanzar niveles más bajos que los de la población en general del país receptor.
Esto puede verse claramente cuando se utiliza un concepto conocido como “determinantes sociales de la salud”. Dichos determinantes son los factores asociados al bienestar y el sano desarrollo del individuo, como la raza, la seguridad laboral, el acceso a servicios, el género, la orientación sexual, entre otros. El modo en que estos factores inciden e interactúan entre sí explica el nivel diferenciado de salud con los años y la calidad de vida de un individuo.

El COVID-19 será un reto exponencial para el gobierno Canadiense (y para todos los países). Si la economía falla, la salud física y mental de los individuos se pondrá a prueba.

Solo basta con mirar el impacto histórico de la depresión económica de 1929 en Norte América. Y aún queda mucho por escribirse de este crudo capítulo de la historia.

(*)Gerardo Betancourt, Communities Without Borders (CWB)
gbetancourt@spanishservices.org
Centro para Gente de Habla-Hispana
Candidato a Doctor en Filosofía de la Facultad de Trabajo Social en la Universidad de Toronto.