Las dos naciones de Estados Unidos

Imagen: Prensa Latina

La incertidumbre política que se vive en Estados Unidos, luego de una histórica y apretada jornada electoral, muestra hasta ahora un mapa de estados rojos y azules que reflejan claramente la polarización que existe en esa nación, atizada en los últimos cuatro años por un presidente que parece definir la calidad de una persona por su color de piel y su estatus migratorio.

Sin que el mundo pueda saber todavía quién será el próximo presidente de ese país, en unas reñidas elecciones en donde no se descarta que haya impugnaciones y demandas que deban ser resueltas en la Suprema Corte, lo que estamos percibiendo es un país que tiene prácticamente dos naciones, una azul y otra roja.

Más allá de las preferencias electorales en cada estado, el país está muy lejos de ser ahora la Unión Americana. En su gestión presidencial, Donald Trump se dedicó a dividir a la población estadounidense, enalteciendo el nacionalismo blanco y el racismo por encima de los derechos humanos de los inmigrantes. En su momento, justificó y defendió a quienes atacaron con un vehículo o con un rifle a manifestantes. Las escenas de un blanco reclamando “vete a tu país” a un latino por hablar español, se hicieron más frecuentes en los últimos años.

Aunado a esto, Trump creó durante su reciente campaña electoral un fantasma llamado “socialismo” en donde colocó a su adversario Joe Biden para descalificarlo, sembrar miedo y ganar votos. Parece que le funcionó al menos en Florida, refugio de inmigrantes anti-Castro y anti-Maduro.

Mientras la “nación roja” (republicanos) le apuesta a la supremacía blanca, al desarrollo económico a como dé lugar –incluso en medio de una pandemia–, a los muros y las deportaciones, la “nación azul” (demócratas) parece pedir a gritos el regreso de la Unión Americana, un país donde impere la democracia y se respeten las instituciones, un país donde la tolerancia marque la ruta de la convivencia pacífica. En los próximos días conoceremos que nación gobernará en los siguientes cuatro años.

Como vecino y socio de este país, Canadá debe de observar el proceso con detenimiento para que la ola nacionalista-racista no salpique y afecte la relativa paz que gozamos de costa a costa.