¿Qué podría Canadá aprender de España?

No es común que desde Correo nos internemos en los meandros de la realidad española, aunque es uno de los escenarios más complejos e interesantes en los que uno pueda fijar la mirada.

Esta vez, sin embargo, nos ha parecido útil recorrer algunos aspectos del devenir político de España porque tiene algunos puntos de contacto con lo que sucede entre nosotros.

Ni entre el público ni entre los políticos canadienses existe un interés demasiado profundo por lo que sucede fuera de las fronteras del mundo de habla inglesa, que es ancho y poderoso, aunque en ocasiones resulta demasiado deprimente… En ocasiones es bueno mirar hacia escenarios menos obvios, y esa es la razón de esta nota.

A la derecha de la foto está, sonriendo, Pedro Sánchez, Presidente de Gobierno del Estado Español, economista y líder del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), un partido que tiene más de 100 años en la política española. El PSOE fue durante mucho tiempo un partido de izquierdas, aunque en las últimas décadas se ha ido ubicando en el centro del espectro.

Quien está a punto de estrechar su mano es Pablo Iglesias, doctor en ciencias políticas, líder de Unidas Podemos, un conglomerado de partidos surgidos, casi todos ellos, del movimiento de los Indignados, y que tras su fundación en 2015 se propuso dos cosas: 1) eliminar el bipartidismo que, hasta ese año, había sido la regla en la política española y 2) tomar el lugar del PSOE como principal fuerza de centroizquiera. El primero de los objetivos lo alcanzó ampliamente. El segundo, estuvo a punto de lograrlo en 2016 pero desde entonces eso ha quedado fuera de sus posibilidades.

Sería imposible resumir todo lo sucedido desde ese 2015 hasta hoy, pero sirva este dato: hubo desde entonces cuatro elecciones generales. Cuatro gobiernos. Y cuatro oportunidades en las que, si el PSOE hubiera querido, y Podemos hubiera aceptado, les hubiera sido posible concretar un gobierno de coalición, que habría contado con un amplio apoyo de fuerzas menores.

El apretón de manos que vemos en la fotografía, se produjo hace pocos días, en el momento en el que se formalizó el acuerdo de gobierno de coalición… y la pregunta obvia es ¿por qué esperaron tanto tiempo?

Trataremos de resumir esos por qué en 4 puntos (aunque obviamente la realidad es más compleja):

En primer lugar, el sistema electoral español, si bien es proporcional, tiene algunas características que promueven -y protejen- el bipartidismo centroderecha/centroizquierda, lo que a su vez impide (impedía) que las formaciones políticas ubicadas en el esa ancha franja del espectro se sintieran tentadas de hacer alianzas con los partidos ubicados o bien a su derecha o bien a su izquierda. Y el PSOE, desde la trancisión a la democracia de los años ‘70, se había sentido muy cómodo en esa posición.

En segundo lugar, un partido centenario, que gobernó un país durante más de la mitad de su historia democrática y que se vio acosado súbitamente por un grupo de jóvenes recién salidos de la universidad que, para colmo, anunciaban su muerte, no podía tener los reflejos necesarios como para aceptarlos fácilmente como compañeros de viaje. Los partidos, como las personas, se anquilosan.

En tercer lugar, España es la cuarta economía de la Unión Europea y su sector financiero y empresarial jugó ´sus fichas durante cuatro años para que el PSOE se negara a aceptar una alianza con quienes estaban a su izquierda.

En cuarto lugar, a cada nueva elección, Unidas Podemos argüía (con cierta razón) que el PSOE acostumbra no cumplir sus promesas electorales, mientras que el PSOE argumentaba que un acuerdo con Unidas Podemos podría poner en peligro la estabilidad del país. Ese tipo de discusión los debilitaba a ambos mientras hacía aumentar el porcentaje de abstenciones elección a elección.

Llegados hasta aquí, ¿se ven las semejanzas entre los factores que impedían un gobierno de coalición en España y los factores que parecen impedirlo entre nosotros? Proponemos como ejercicio a los/as lectoras, repasar esos puntos y sustituir PSOE por Partido Liberal, y Unidas Podemos por NDP.

En breve sínetsis:

El gobierno de coalición de izquierdas en España pudo haberse conformado en 2015, en 2016, en 2018 y en julio de 2019.

En cada una de esas situaciones y debido a una abstención creciente de los votantes desencantados, la suma de escaños parlamentarios de PSOE y Podemos ha sido progresivamente menor.

La inestabilidad resultante, paradójicamente, ha debilitado electoralmente a los conservadores de centro derecha, ya que muchos de sus votantes se han volcado hacia opciones de extrema derecha que hasta 2019 nunca habían ingresado al parlamento y hoy son la tercera fuerza del país.

Partidos nacionalistas e independentistas del País Vasco y Cataluña han conseguido ser el fiel de la balanza del gobierno de coalición, siendo su única garantía de estabilidad real. Esto, por su parte, refuerza el corrimiento de votantes conservadores hacia posiciones extremas.

La moraleja es inevitable: los acuerdos para conformar gobiernos de coalición son como las citas de amor, no deberían dejarse para último momento, porque nunca se sabe cuándo será demasiado tarde.