ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS: Donald Trump,
¡detengan a esa bestia!

ALBERTO MESTANZA
ALBERTO MESTANZA

ALBERTO MESTANZA*

 

La historia de las campañas políticas de los Estados Unidos sirvieron casi siempre para caracterizar el sistema democrático de un país cuyo bipartidismo  hizo del debate político una confrontación filosófica y económica de cómo gobernar al país más poderoso del mundo; y, además, de cómo hacerlo respetando su característica más intrínseca: su indeleble multiculturalismo en medio de su frondosa diversidad.

Después de las grandes luchas contra el racismo, la explotación y las desigualdades sociales  protagonizadas después de la segunda guerra mundial, tontamente creíamos que esto era tema del pasado.

Esta no es un campaña política,   es una declaratoria de guerra a todo lo que no sea blanco, contra todo aquello que huela o luzca hispano, negro o musulmán. De los hispanos, el señor Donald Trump ha dicho que somos narcotraficantes, delincuentes y apestosos, buenos para nada y que a los más de once millones  de indocumentados que residen en dicho país sólo les esperaráel de ser deportados.  También ha prometido construir una muralla,  tan ancha y tan alta, que haría imposible el retorno de los deportados y el ingreso de nuevos inmigrantes.

 

Aunque éramos conscientes de aquellos rezagos discriminatorios, francamente los considerábamos como los estertores de un pretérito imperfecto cuyo destino la tolerancia se había encargado de resolver. Es  que nunca  el odio y la discriminación fueron tan viscerales y desquiciados, más cuando los ataques vienen de alguien que podría ser el futuro presidente de ese país. Es una afrenta extremadamente inédita, desproporcionada, torpe y violentista que merece una respuesta contundente, unida y solidaria.

Mientras tanto, la caldera empieza a calentar y las confrontaciones entre bandos opuestos empiezan a sacar chispas de la que esperemos no se convierta en una guerra que haga del vecino del sur un nuevo escenario de lo que el viento se llevó. El llamado al ataque físico contra la gente de color, vociferada por el mismísimo Trump, es algo que francamente ha traspasado los límites de la tolerancia y la libertad de expresión. Absolutamente desproporcionado e inaceptable

 Ahora la pregunta más importante es: ¿Quién modera el debate político en tiempos de campaña electoral? Al parecer nadie; entonces es necesario que la sensatez del propio Partido Republicano, -la misma trasnochada clase política de derecha de los Estados Unidos, tenga la autoridad y rapidez necesarias para aniquilar a su propio monstruo.

Entretanto, es necesario que paren a esta bestia que tiene forma humana; le pongan bozal a esa boca que en realidad es hocico y lo confinen en lugar adecuado. Solo de esta manera podríamos evitar una previsible e innecesaria confrontación social, cuyos resultados podrían alcanzar dimensiones barbáricas.

 

*Analista político, consultor de inmigración, peruano, radicado en Toronto.