La vacunación avanza, pero la Covid-19 aún nos puede matar

Poco más de un año después de que se reportó en Canadá la primera muerte por la Covid-19, el país se encuentra en una nueva etapa esperanzadora, tras los horrores que se vivieron y que aún se viven en algunas provincias donde el número de casos es todavía extremadamente alto.

La primera víctima fue un residente anciano del Lynn Valley Care Center en North Vancouver y su deceso fue el preámbulo de lo que tendría lugar posteriormente.

Las autoridades de Ontario anunciaron recientemente la asignación a municipios y comunidades indígenas 255 millones de dólares para abordar un aumento en los brotes de Covid-19 en los refugios para personas sin hogar en toda la provincia.

El gobierno dice que las comunidades pueden usar los fondos para adquirir espacios de moteles y hoteles para apoyar el distanciamiento físico, contratar más personal de refugios y comprar más equipo de protección personal, en lo que constituye un esfuerzo adicional para controlar la enfermedad.

Por su parte, la ciudad de Toronto recibirá 94,5 millones de dólares de esas asignaciones financieras para prevenir brotes en sus centros de acogida. De las 20.000 personas que utilizaron el sistema de esos albergues para personas sin hogar de esta urbe el año pasado, 711 contrajeron la enfermedad y seis de ellos murieron.

Por el país se extienden nuevas variantes o cepas de la Covid-19 y al menos en Ontario la tendencia a la disminución de contagios se ha estancado, con señales preocupantes de que la curva podría volver a doblarse hacia arriba.

En ese contexto, expertos citados por medios de prensa de la provincia señalan que puede llegar una tercera ola y apuntan a una constelación de signos preocupantes: aproximadamente el 30 por ciento de las pruebas ahora dan positivo para las nuevas variantes del virus, en comparación con aproximadamente el siete por ciento hace un mes.

Sin embargo, a pesar de estas tendencias preocupantes, en las últimas semanas se vislumbra una luz al final de túnel, una dosis de esperanza, pues un año después de aquella primera muerte, el gobierno federal canadiense ya aprobó cuatro vacunas contra el SARS-CoV-2, el virus que provoca la Covid-19.

La campaña de vacunación aporta una dosis de esperanza. Sin embargo, la vacuna no significa el final de esta tragedia, pues los decesos por causa de esta terrible enfermedad siguen en aumento y hasta la fecha rebasa la cifra de 22.250 en todo el país.

En este contexto, cumpliendo indicaciones de las autoridades de la provincia de Ontario, la ciudad de Toronto se trasladó a la Zona Gris de la Regulación de Cierre bajo el plan de respuesta a la pandemia de la Covid-19 desde las 12:01 am del lunes 8 de marzo.

Quizás algunos ciudadanos piensen que estas nuevas disposiciones conlleven un relajamiento de la disciplina de enfrentamiento a la crisis sanitaria, pero ese pensamiento es erróneo. Las autoridades adoptaron un reacomodo de las restricciones para permitir un alivio ante el impacto económico que ha tenido la pandemia, que en la comunidad hispana adquirió niveles significativos.

Las autoridades insisten en la necesidad de mantener las medidas de prevención, en particular permanecer en casa lo más posible, no salir si no resulta extremadamente necesario, lavarse las manos una y otra vez, no hacer reuniones masivas y utilizar constantemente el nasobuco o mascarilla, entre otras.

En los últimos meses, las autoridades han impuesto un número considerable de multas por violaciones a las leyes y disposiciones contra la propagación del virus, pero más allá de la cuantía de la multa o castigo por el delito cometido, lo importante es que estemos conscientes de que el objetivo de las autoridades sanitarias y gubernamentales es detener el daño que está haciendo en nuestros vecindarios, comunidades y en todo el país este terrible mal, porque mientras llegan las vacunas, el SARS-CoV-2 sigue haciendo de las suyas y matando a nuestros familiares, amigos y vecinos. Reflexionemos.