La Climate Global Strike y nuestro lugar en el mundo

Boris Johnson (de quien habíamos hablado ya en nuestro número anterior)ha competido esta semana por el primer lugar en las noticias del mundo por sus declaraciones destempladas luego de que el máximo tribunal inglés fallara en su contra en relación al cierre del Parlamento inglés.

Nuestro Primer Ministro acaparó durante algunos días los titulares debido a la filtración de fotografías y videos que lo colocaron, con entera razón, en una situación muy incómoda, pero afortunadamente para él y su campaña, el daño parece no haber sido demasiado y el flujo de noticias más interesantes lo desplazó de la zona de peligro.
Queda pendiente el gran tema, el del racismo estructural incorporado en la matriz misma de la sociedad canadiense, pero ese es un tema que no es cómodo para nadie y seguirá estando entre las materias pendientes del país.

Nancy Pelosi, la líder demócrata en el Congreso estadounidense, que hasta ahora se venía negando a iniciar un proceso de destitución del Presidente Donald Trump, finalmente obtuvo lo que su paciencia le tenía reservado. El último paso en falso de alguien que pasará a la historia por su compulsión a no respetar nada le dio a los demócratas el argumento perfecto. Y a partir de ahora y quizás por los próximos meses, tendremos asegurado un espectáculo apasionante y Nancy Pelosi quizás pasará a formar parte de nuestras charlas cotidianas. Tenía que ser una mujer la que le pusiera freno al ego de alguien que nunca debió dejar sus negocios inmobiliarios.
Por supuesto, otra de las personas que ha estado en todos los titulares, ha sido el propio Trump, que ya nos tiene acostumbrados a eso. Esta vez, peleando en todos los frentes, se deshizo de John Bolton, habló en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el patriotismo y la globalización, amenazó a Irán y Venezuela con más sanciones y aclaró que no quiere usar contra esos países el poder miltar más grandioso que una nación haya desarrollado en toda la historia humana, retó a sus socios de la OTAN y les exigió que paguen por la protección que reciben, amenazó a China con más sanciones que de modo visible están dañando más al sancionador que al sancionado, le negó verosimilitud a los temas medioambientales, no permitió que Mauricio Macri se le acercara demasiado, bromeó con su nuevo amigo y admirador Jair Bolsonaro, ofreció un cocktel, intentó que el mundo pensara que presionar al presidente de un país ofreciendo desbloquear ayuda a cambio de información que incrimine a un rival político es el modo en que hacen las cosas las personas decentes… y hasta tuvo tiempo de twittear burlándose de la emoción con la que Greta Thunberg, desde la Conferencia en contra del Cambio Climático, nos habló a todos acerca del peligro de que quienes hoy son jóvenes, no tengan futuro.

Pero finalmente ella, la niña de 16 años con Asperger que está protagonizando una de los movimientos sociales más esperanzadores de las últimas décadas y la inmensa cantidad de jóvenes, adolescentes, niñas y niños que la respaldaron en la Huelga Climática Global que culminó el viernes 27, fueron quienes, a pesar de todo, se robaron el espacio en periódicos y noticieros de TV de todo el mundo.

Sólo en Montreal, el último día de la hulga Golbal se congregaron 500.0000 personas de todas las edades haciéndose eco de sus palabras: “el cambio viene, les guste o no”.

Por eso es que en este número de Correo le hemos dedicado al tema de cambio climático y al rol que los jóvenes están reclamando, nuestras notas centrales. Y es por eso también que, a pesar de que en estos días comienza entre nosotros el Mes de la Herencia Hispno-Latinoamericana, hemos decidido colocar la imagen de una jovencita sueca en tapa.

Porque como hemos dicho en otros momentos, herencia no es sólo lo que nos dejaron, aquello que hemos recibido. Herencia es, esencial y fundamentalmente, lo que nosotros le dejaremos a los que vienen detrás. La herencia que deberíamos ser capaces de celebrar es el mundo que ellas y ellos recibirán.

Pero en estos días han debido salir a las calles en más de 800 ciudades en el mundo para recordarnos que nuestra desidia y nuestra inacción está amenazando el mundo en el que deberán vivir.

Y son ellos y ellas quienes buscando su lugar en el mundo, nos ayudan a encontrar el nuestro.