La inflación alimentaria golpea con fuerza a los hogares canadienses

Los más recientes datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) divulgados por Statistics Canada el 15 de diciembre confirman una realidad cada vez más dura para millones de familias en el país: la inflación alimentaria continúa acelerándose y presiona con fuerza el presupuesto de los hogares, especialmente en plena temporada navideña.

De acuerdo con el informe oficial, los precios de productos básicos registraron incrementos significativos en comparación con el mismo periodo del año anterior. Las frutas frescas aumentaron 4,4 por ciento, los jugos de frutas 4,8 por ciento y las naranjas —un alimento emblemático de la Navidad— subieron 7,8 por ciento. Aún más alarmante resulta el alza en productos de consumo cotidiano como el café y el té, cuyos precios se dispararon más de 23 por ciento interanual, mientras que la lechuga registró un incremento de 26,8 por ciento.

El encarecimiento también afecta de manera directa a las proteínas, fundamentales en la dieta canadiense. El pollo fresco o congelado subió 7,4 por ciento, la carne en general 14,2 por ciento y la carne de res alcanzó un aumento del 17 por ciento en comparación con el año pasado, un golpe considerable para quienes aspiran a mantener tradiciones como el asado navideño.

El propio reporte del IPC advierte que la inflación en los precios de los comestibles es la más alta desde finales de 2023. En noviembre, los precios de los alimentos fueron 4,7 por ciento superiores a los de noviembre de 2024. Más preocupante aún es el incremento mensual: los precios subieron 1,9 por ciento respecto a octubre, una cifra que casi iguala el objetivo anual de inflación alimentaria del Banco de Canadá. Statistics Canada subrayó que se trata del mayor aumento mes a mes desde enero de 2023.

Este contexto ayuda a explicar el aumento sin precedentes en la inseguridad alimentaria. Food Banks Canada ha advertido que el país vive una situación “en la que el hambre se ha normalizado”, tras registrar un récord de 2,1 millones de visitas a bancos de alimentos solo en marzo pasado. En Ontario, Feed Ontario informó que una de cada 16 personas recurrió a un banco de alimentos durante el periodo 2024-2025, una señal clara del deterioro del acceso a alimentos básicos para amplios sectores de la población.

En este escenario, el primer ministro Mark Carney ha señalado que los canadienses deben evaluarlo por los precios que pagan en la caja del supermercado. Con los costos de los comestibles cerca de cinco por ciento más altos que hace un año, el mensaje de los números es contundente. Para muchos críticos, resulta urgente poner fin a políticas que consideran inflacionarias, revisar el gasto público y eliminar impuestos —como los relacionados con el carbono industrial y el empaquetado de alimentos— que, aseguran, encarecen la cadena alimentaria.

A medida que se acercan las festividades, la inflación alimentaria deja de ser una estadística y se convierte en una preocupación diaria para miles de familias que luchan por poner comida suficiente y nutritiva en la mesa. El desafío no es menor y plantea preguntas de fondo sobre el rumbo económico del país, la protección de los más vulnerables y la capacidad de los gobiernos para garantizar algo tan esencial como el acceso a una alimentación digna.

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