Digamos no a las drogas

En medio de la pandemia de la Covid-19 y del esfuerzo que realizan el personal médico y las autoridades gubernamentales para combatirla, resurge en la opinión pública local la importancia de la lucha contra el uso y el tráfico ilegal de drogas.

El martes 22 de junio la policía de Toronto anunció los resultados de lo que la institución considera su “mayor redada internacional contra las drogas”, y según las autoridades la pesquisa que duró más de seis meses, bajo la denominación de Proyecto Brisa, se centró en una red internacional de contrabando de estupefacientes que transportó más de 1,000 kilogramos de drogas, incluyendo cocaína, metanfetamina y marihuana, entre México, California y Canadá, utilizando para ello camiones articulados o tráilers modificados con compartimentos ocultos.

De acuerdo con los informes oficiales, la investigación comenzó en noviembre de 2020 y las cantidades de drogas confiscadas fueron por un valor superior a los 61 millones de dólares, algo sin precedentes.

Sin embargo, tal y como reconocen las autoridades, lo peor, sin dudas, es el costo inconmensurable que todo esto representa para la familia y la sociedad en general, en particular las decenas de muertos que cada año se registran debido a las sobredosis de drogas.

Solamente en la provincia de British Columbia, el 2020 fue el peor año en el que más personas perdieron la vida por esa causa, un territorio que ha venido lidiando con el empleo de sustancias ilícitas desde hace varios años, al punto que en 2016 declaró una emergencia de salud pública por esta realidad.

De acuerdo con la información que dieron las autoridades forenses, en total fallecieron 1,716 personas por sobredosis en ese período en ese territorio, un aumento de 74% respecto a las muertes registradas en estas circunstancias en 2019, año en el que murieron 984 individuos, lo que significa aproximadamente 4,7 decesos por día, dos más que el año precedente.

Por esas y otras muchas razones la lucha contra las drogas debe ser una tarea permanente para toda la comunidad, para evitar que las nuevas generaciones caigan en la tentación de utilizar dichas sustancias como modo de evasión o ante supuestas frustraciones, en una época como esta, marcada por la pandemia de la Covid-19 que tanto nos afecta a todos, pero que en el caso de los jóvenes el daño psicológico alcanza niveles alarmantes, de acuerdo con los especialistas.

La práctica habitual de deportes y las actividades recreativas en la medida que lo permitan las restricciones sanitarias por la Covid-19 y la reincorporación a las labores habituales de cada cual, en la nueva normalidad que nos espera tras el fin de la pandemia, deberán ser incentivos adicionales contra el abuso de las drogas, un mal que no debe tener cabida en nuestra comunidad.