COVID-19: la lupa necesaria para entender la realidad y el mundo que nos espera

Después de casi 6 meses de ver nuestras vidas afectadas por la pandemia de COVID-19 hasta límites que nunca hubiéramos podido sospechar y aunque todos intentamos que nuestras actividades y nuestros hábitos en el período post-pandemia se parezcan lo más posible a lo que conocíamos hasta hoy, se va haciendo evidente que muchas cosas han cambiado y muchas más habrán de cambiar en el futuro próximo.

Durante este lapso, las notas publicadas por Correo y estos editoriales han estado, en su mayor parte, focalizados en escudriñar ese futuro y desentrañar en qué opodrían consistir los cambios que deberemos enfrentar.

Hemos hecho referencia y lo seguiremos haciendo a las transformaciones que ya se perciben en el mundo del trabajo y en las nuevas relaciones entre trabajadores y empresas.

Hemos tratado el tema de cómo se han visto afectadas las mujeres y los sectores de la sociedad más vulnerables durante la pandemia y qué podemos esperar que suceda y qué deberemos evitar que pase de ahora en adelante, no sólo en las naciones en vías de desarrollo sino también en los países con mayores niveles de desarrollo social y técnico.

Somos testigos de los cambios experimentados en la educación y lo que puede significar la generalización de los cursos on line en términos de aumento de la desigualdad si esa generalización no se ve acompañada de medidas que aseguren que los niños y los jóvenes reciban la educación que merecen con independencia de cuáles sean las condiciones socio-económicas de sus familias.

Y hemos analizado cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria, el acceso a la vivienda digna, las consecuencias del confinamiento en la salud mental y física, la conveniencia de que se implemente en el futuro un sistema de renta universal que asegure que nadie quede por el camino en momentos en los que la automatización y la robotización pueden eliminar en pocos años un porcentaje importante de los puestos de trabajo.

Y no hemos dejado de lado el impactos de todos estos cambios en el mundo del deporte y el entretenimiento, en el turismo, el intercambio cultural y en los movimientos migratorios, que como advierte ya la Cruz Roja, se incrementarán en los próximos años a niveles desconocidos hasta hoy.

La lupa, la prensa, y la corrupción

En este edición hemos incluido una nota de Martine August, de la Universidad de Waterloo que nos muestra de qué modo la pandemia dejó al desnudo la poca atención que desde los distintos niveles de gobierno se le ha prestado a la situación en la que viven los adultos mayores con autonomía disminuida y el modo en que la finaciarización de los cuidados ha arrojado un resultado de víctimas inadmisible.

Ya habíamos abordado ese tema y seguiremos haciéndolo porque los adultos mayores que llegan a una situación de institucionalización son las personas de nuestra sociedad que menos voz tienen. Carecen de herramientas de presión sobre las instituciones, no pueden asociarse, les es imposible escribir cartas a los periódicos, y muchas veces ni siquiera entienden qué les está pasando y por qué.

Y lo que sucede cuando esas personas vulnerables quedan a merced de un mecanismo centrado en la extracción de ganancias en las que se las trata como una mercancía, no son sólo errores adminstrativos, controles fallidos, o la aplicación de políticas públicas inadecuadas. Detrás de tanta desidia y aprovechamiento hay eso que en Canadá parece ser una palabra impronunciable: corrupción.

Para esas situaciones y para otras de otro tipo, como las desigualdades en el sistema educativo, o la falta de derechos de los inmigrantes temporarios, o la vulnerabilidad mayor de las minorías y las personas pobres, la pandemia ha sido algo así como una lupa, un instrumento a través del cuel hemos comenzado a distinguir detalles que antes nos pasaban desapercibidos.

El escándalo que estamos presenciando alrededor del “caso WE” y que implica a los más altos niveles del gobierno no es más que un ejemplo de cómo esa lupa (seguramente lo único positivo que nos habrá dejado la pandemia) nos está dando un mayor conocimiento de nuestras sociedades, de nuestros problemas, y de todo lo que en períodos normales se barre debajo de la alfombra.

Nos proponemos abordar ese tema en nuestro próximo número porque esa es la función de la prensa independiente si además pretende ser honesta