El silencio de la cautela y el silencio elocuente

Hay silencios elocuentes y silencios cautelosos. Unos son buscados y se llenan de sentido, mientras que otros sólo son circunstanciales muestras del vacío que los puebla.

Un primer silencio con poca fortuna

El Primer Ministro Justin Trudeau quizá podrá contar alguna vez si su largo silencio de 22 segundos frente a cámaras cuando se le preguntó acerca de lo que estaba sucediendo en los EEUU entra en la categoróa de los silencios elocuentes o cae en la de los enmudecimientos obligados.

Ese es el tipo de cosas que alguna vez, pasadas ya décadas de un hecho y cuando el mismo ha dejado de importar, llenan todo un capítulo de un libro de memorias. Es el tipo de cosas que, sin que haya que esperar tanto tiempo, algún ex-colaborador desleal desnuda para desquitarse de alguna súbita caída de los brazos del poder.

Pero cuando se llega a esas instancias, ni las memorias propias ni las deslealtades ajenas tienen por qué ser creíbles, por lo que preguntarnos si el silencio del que tanto se ha hablado fue una forma de expresar condena ante los últimos dislates del Presidente Donald Trump, o una forma de quedar en blanco por falta de determinación y exceso de inseguridad, carece de sentido.

Fue controvertido porque no tuvo una sola interpretación, fue demasiado extenso y fue, por todo ello, desafortunado
Sin embargo, si no es importante ese primer silencio desafortunado, sí fue importante lo que dijo el Primer Ministro a continuación y lo que expresó en sede parlamentaria esa misma tarde.

Un sentimiento que se rumia

Tras aquel silencio que difícilmente será tan recordado como el desafiante “Just watch me” de su padre, Justin Trudeau expresó, con respecto a lo que ha estado sucediendo en los EEUU: “we all watched in horror and consternation”, pero en lugar de opinar sobre lo que ocurre, las gentes doloridas e indignadas, la división, la violencia, la policía brutal, o las torpezas de un gobierno que nos tiene a todos boquiabiertos, prefirió cargar las tintas sobre el racismo real entre nosotros. Y no está mal.

Admitamos que se ha transformado en un tópico. Suena como un mantra. El Primer Ministro lo ha expresado una y mil veces en las muchas ocasiones en las que ha solicitado perdón, en nombre del país que representa, a diferentes colectividades que han debido sufrir o siguen sufriendo las consecuencias de ese racismo que Canadá en ocasiones encubre con éxito pero que en otras se le escabulle por las costuras. Pero está bien que lo haga. Forma parte de su trabajo cambiar las cosas o al menos no callarlas y saber rumiarlas (metafóricamente hablando) si siente que transformar efectivamente esa realidad está más allá de sus posibilidades. Nadie piensa que sea fácil.

Pocas horas después, sin embargo, en el intercambio de opiniones que llevaban adelante en la House of Commons los líderes de los 4 partidos, Justin Trudeau admitió que: “I know that for so many people listening right now the last thing you want to hear is another speech on racism from a white politician,” … “I’m not here today to describe a reality I do not know, or to speak to a pain I have not felt. I’m here because I want you to know that our government is listening.” Y eso está definitivamente mejor.

Un segundo silencio éste sí necesario

No es frecuente escuchar a un político canadiense admitiendo que una situación lo excede. O reconociendo que hay quienes tienen privilegios que los transforman, en determinadas circunstancias, en incompetentes. O aceptando que hay momentos en que una parte de la ciudadanía no necesita que se le explique lo que ya sabe, sino que exige que se la escuche.

Y si esa fue la tónica de su salida a la calle el viernes 5 por la tarde cuando se unió a los manifestantes que también en Ottawa hacían oir el reclamo antirracista que recorre Norteamérica, el gesto del Primer Ministro debe ser bienvenido.

Ese silencio de 8 minutos con una rodilla en tierra en recuerdo del asesinato de George Floyd, fue no un silencio suyo, sino un silencio que se sumó al silencio de otros. Fue un silencio colectivo, democrático y elocuente (si dejamos de lado a la decena de guardias de seguridad que fueron algo así como una “disonancia visual” ya que permanecieron de pie).

Fue un gesto que todos merecemos cuando en medio del derrumbe de tantas cosas, la teatralidad debería dejar abierto el camino al cambio.

2 COMENTARIOS

    • ¡¡MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!!

      No sabe qué gusto me da que el periódico les guste.

      Saludos para usted y la familia!

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