“Jesús”, la última palabra del piloto de Chapecoense

ALEXANDER TERRAZAS*
Llama la atención la última palabra de Miguel Alejandro Quiroga Murakami, el piloto que transportaba al equipo Chapecoense en la aerolínea LaMia que cayó en Cerro Gordo (Colombia), provo-cando la muerte de 71 personas y otras seis heridas. Cuando la mujer que habla desde la to-rre de control intenta guiar al piloto, se puede escuchar como última expresión de Quiroga el término “Jesús”, exacta-mente a las (19:51), según consta en el audio de la grabación difundida por los medios. Minutos después el avión con el plantel brasileño cae y produce la desgra-cia ya conocida.La tragedia del Chapecoense es una his-toria de muerte, luto, dolor y también de amor. Colombia lloró, abrazó y consoló con un verdadero hermano a Brasil. Y el mundo entero fue testigo y acompañó este gran gesto solidario. La tragedia del Chepecoense es también una historia de fe y esperanza. Fe, al saber que los falleci-dos pasaron a una mejor vida; y esperan-za, por la nueva oportunidad que vivirán los sobrevivientes.Más allá de esta sentida desgracia que sigue conmoviendo al mundo, la pregunta es: ¿Qué lo llevó al piloto a decir Jesús en el último instante de su vida? La desespe-ración, el miedo, el arrepentimiento, o la salvación. Nunca sabremos a ciencia cier-ta, a qué se refería Miguel Quiroga.Lo que sí podemos afirmar, es que ha-bitualmente utilizamos -Jesús- en expre-siones exclamativas como ¡Jesús, María y José!, que indican asombro, admiración, alegría y disgusto, o enfado “¡Jesús, qué susto me has dado!”. También se dice a una persona que acaba de estornudar como señal de buena educación. Esa última expresión del piloto de la ae-ronave en esos momentos dramáticos, podría tener un sentido en común con los proverbios populares, que nos acercaría al verdadero significado. En el evangelio según San Juan (14:6), Jesús es y dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. En realidad, todos buscamos la salvación eterna pero no siempre hacemos lo necesario para obtenerla; aunque sea en el último hálito de nuestra vida, debemos buscar a Jesús.Estamos a pocos días de celebrar la No-chebuena, o sea del nacimiento del niño Jesús y esta palabra que hoy es motivo de la presente columna, ciertamente exhorta a que sea la máxima expresión de los cris-tianos. Que Jesús siempre está presente en cada instante de nuestra existencia, en las alegrías y tristezas. Él está ahí, ¡búscalo en tu corazón!*Periodista boliviano radicado en Toronto