EL CÉSPED MAS VERDE DEL OTRO LADO DE LA CERCA

CATALINA CHAUX

Catalina Chaux
Catalina Chaux

 

Es usual que siempre veamos con mayor claridad y generalmente de mejor panorama  las situaciones de los demás que las propias.

 

Pues bien, lo mismo parece suceder con el proceso de paz que está adelantando Colombia con las FARC en La Habana.

 

El Presidente Santos cuenta con un gran apoyo de la comunidad internacional en su decidido empeño del proceso y esto es natural. En el exterior no padecen los ataques que sufren las zonas rurales y algunas áreas urbanas del país, no tienen los muertos, secuestrados, las amenazas y extorsión,  ni el daño ecológico y económico ocasionado por los ataques a la infraestructura energética y minera, ni la zozobra que genera el no sentirse seguro. Colombia es el país con más desplazados internos del mundo. En el exterior se percibe en términos generales, que se está haciendo y se debe continuar haciendo, un esfuerzo por lograr una paz anhelada y evasiva durante años y por ende, cualquier sacrificio es necesario y vale la pena para alcanzar el objetivo de la paz.

 

En la mayoría de estos países se vive en armonía, o si se tienen conflictos, hay maneras civilizadas de resolverlos diferentes a la vía armada. Las necesidades básicas están satisfechas en un alto porcentaje, sino en toda la población; hay respeto y sobre todo hay autoridad y justicia efectiva;  luego es normal que no puedan entender ni aceptar los niveles de violencia, el caos, la falta de autoridad y los niveles de injusticia que se viven en Colombia.

 

En contraste, parece que en el interior de la nación colombiana, la paciencia se fuera agotando. No es para menos. Es difícil negociar sin una dejación de armas, lo que genera que cada una de las partes tienda a demostrar su poder o fortaleza, para alcanzar una posición más efectiva o ventajosa en la negociación.

 

Esto ha llevado a que en el mes de abril, en medio de una supuesta tregua, once militares fueran asesinados y veinte quedaran heridos en un vil ataque guerrillero en el departamento del Cauca; hace un par de semanas 15 municipios quedaron sin servicio de energía debido a la voladura de las torres de interconexión eléctrica y durante los últimos días los atentados a la infraestructura petrolera  cerca a Tumaco, en el Putumayo y en Tibú, han dejado más de 4.200 familias damnificadas, sin mencionar el irreparable daño ambiental.

 

Sin lugar a dudas el estar en la primera fila de los acontecimientos da un panorama muy diferente al que da el estar del otro lado de la cerca. Los que están en primera fila están haciendo el sacrificio, pero su paciencia se está agotando, pues el proceso debe tener un principio y un final,  la pregunta de la gran mayoría es cuando llegará ese final, cuánto tiempo más tendrán que esperar en las mismas circunstancias, pues las FARC no parecieran dar indicios de una intencionalidad real de llegar a una conclusión de ese proceso de paz.

 

El hecho de que el Presidente Santos en su reciente visita a Europa se haya referido  al post-conflicto, como algo que ya se está viviendo sin que aun se hayan firmado los acuerdos,  ha generado confusión, pues es claro que para llegar allá todavía falta camino por recorrer. Faltan pasos importantes y de gran trascendencia como son la dejación total de armas, definir temas relacionados con los cultivos ilícitos, con la participación política, con las penas y la justicia transicional, el reconocimiento y la reparación del daño a las víctimas (a todas ellas y no a grupos representativos de algunas de ellas) y finalmente la refrendación, el cual se espera no se vuelva el gran cuello de botella.

 

Es mucho lo que se ha logrado avanzar, pero es claro que aún falta por superar grandes escollos que para quienes no tienen que vivirlos, pueden parecer de poca monta, pero para quienes están expuestos a ellos, van minando su paciencia y disposición de aceptación de un proceso en el cual el tiempo ha comenzado a jugar como un factor en su contra.