Colores de piel, esencialidad y fragilidad artificial

Recogidos ya los datos de vulnerabilidad al coronavirus en todo el territorio estadounidense, la tendencia que hace tres meses había comenzado a percibirse con claridad en Nueva York, se ha confirmado ampliamente.

De acuerdo a lo que acaba de publicar el New York Times el domingo 5 de julio:

Early numbers had shown that Black and Latino people were being harmed by the virus at higher rates. But the new federal data — made available after The New York Times sued the Centers for Disease Control and Prevention — reveals a clearer and more complete picture: Black and Latino people have been disproportionately affected by the coronavirus in a widespread manner that spans the country, throughout hundreds of counties in urban, suburban and rural areas, and across all age groups.

Latino and African-American residents of the United States have been three times as likely to become infected as their white neighbors, according to the new data, which provides detailed characteristics of 640,000 infections detected in nearly 1,000 U.S. counties. And Black and Latino people have been nearly twice as likely to die from the virus as white people, the data shows.

En Ontario, así como en el resto de Canadá, han habido (¿inexplicablemente?) resistencias a la hora de difundir los datos de contagio y muerte a causa del nuevo coronavirus por origen étnico, pero si se toman los mapas de prevalencia de casos que publica la ciudad de Toronto y se los compara con los mapas en los que aparece distribuída la población, se comprueba fehacientemente lo que ya en mayo un grupo de investigadores de la Western University había advertido en The Conversation, en nota republicada en aquel momento por Correo:

The COVID-19 pandemic is not the “great equalizer.” Black and immigrant communities in Canada are disproportionately affected by COVID-19.

Our findings showed COVID-19 infection rates are significantly higher in health regions with a higher percentage of Black residents. A one percentage point increase in the share of Black residents in a health region is associated with the doubling of coronavirus infection rates. We also found that a one percentage point increase in the share of foreign-born residents is associated with a three-per-cent rise in COVID-19 infection rates.

La situación parece clara y los datos de Toronto reflejan casi con exactitud milimétrica los datos de los Estados Unidos: la sociedad norteamericana ha especializado a una parte de su población (básicamente la negra y la latina) para que desempeñe tareas malpagas y/o de baja calificación (lo que no necesariamente es lo mismo) y ante la pandemia son precisamente esas personas las que, por su imposibilidad de quedarse en casa y porque sus tareas han caído en el área de las consideradas esenciales, han corrido los mayores riesgos durante la pandemia y están pagando y seguirán pagando por ello.

El racismo de una sociedad no se mide solamente por los niveles de brutalidad policial (que por supuesto es un parámetro a tener en cuenta siempre) o por la cantidad de monumentos erigidos a “padres de la libertad” que eran al mismo tiempo cínicos esclavistas.
Se mide también con otros parámetros igualmente importantes aunque naturalizados y muchas veces no-visibles:

  • cómo se divide socialmente el trabajo,
  • dónde están las brecha salariales,
  • qué medidas se adoptan para que el sistema educativo incluya y lime las diferencias o por el contrario las fije y las perpetúe,
  • en qué zonas anida la pobreza,
  • y quienes caen con más frecuencia durante una pandemia por darle a los demás todo aquello que a ellos se les mezquina: igualdad y cuidados.