La baja participación ciudadana y sus por qué

Anunciamos en la edición anterior de Correo que, dado que estamos entrando en un período electoral que se anuncia como crucial para el futuro del país, abordaríamos, en sucesivas entregas, los temas de mayor interés adoptando, en la medida de lo posible, un enfoque centrado en las características de nuestra comunidad y en el modo en que esas características nos ubican en relación a la política del país en que vivimos.

Comencemos entonces por una de las puntas de este ovillo: la participación, ya que veremos que siguiendo este hilo nos encontraremos repetidamente con nosotros mismos.

La participación en cifras

El porcentaje de participación de la ciudadanía canadiense en sus procesos electorales no ha sido nunca demasiado alto ya que el voto no es obligatorio, pero ha estado cayendo consistentemente a lo largo de las décadas pasadas, con una sola interrupción en 2015.

Algunas cifras útiles para aquilatar el fenómeno, tomadas de Elections Canada, son:

El porcentaje de votación promedio ha sido, desde 1867, del 70.7%

Los momentos de mayor participación ocurrieron hace ya 6 décadas, en 1958, 1960 y 1963, con un 79%.

El menor porcentaje de asistencia a las urnas se dio en 2008, con una caída al 58.8%.

En las elecciones de 2011 se registró una de las 3 cifras más bajas de la historia: 61.4%.

En las elecciones de 2015 (en buena medida debido a un alza en el voto de los jóvenes) se interrumpió la caída y se registró el mayor porcentaje de votantes desde 1993, casi un (68%).

Porcentajes y tendencias

En el gráfico podemos apreciar los porcentajes de asistencia a las urnas en cada una de las elecciones celebradas en Canadá desde 1867 hasta 2015 y la tendencia que esas cifras representan.  La tendencia a la baja participación es un fenómeno generalizado en los países industrializados pero se manifiesta con mayor fuerza en los sistemas de representación no-proporcional como el canadiense.

NOTAS:

De acuerdo a Elections Canada los sectores que en Canadá tienen mayor tendencia a no asisitir a las urnas son los jóvenes, los sectores con menor nivel de educación formal y/o menores ingresos, y las llamadas “minorías visibles”. Cada uno de esos factores potencia a los demás cuando coinciden en una misma persona.

La baja asistencia a las urnas está relacionada con el desencanto y/o la desafectación respecto al sistema electoral y con las dudas respecto a su eficacia para reflejar los intereses de los electores.

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