México: ¡Hasta cuándo la barbarie!

JOSE LUIS BENDEZU*

joseluisHace algunos días el mundo confirmó aterrado la sospecha que rehusaba aceptar sobre la suerte que corrieron los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.
Según el Procurador General de la República, ellos fueron asesinados, calcinados, triturados y echados a un río en bolsas de basura.
Esta versión oficial es desmentida por algunos de los padres de los estudiantes.
Duele mucho el sufrimiento pasado por estos jóvenes, pero también conmueve el tiempo de espera al que fueron sometidos sus familiares y amigos, nada, absolutamente nada justifica tanta demora, tanta incertidumbre y quizá tanta indiferencia por parte de las autoridades responsables del caso. Esa actitud permitió una serie de especulaciones sobre lo que podría haber ocurrido, hasta que finalmente se pronunciara una autoridad.
Sin embargo, para muchos analistas de la realidad mexicana Ayotzinapa sería apenas la gota de agua que rebosó del vaso, ya que hace mucho tiempo que México sangra con niveles de violencia asustadores, consecuencia seguramente de una serie de factores.
El primero es la extrema pobreza en la vive gran parte de la población, la desigualdad exacerbada, ambas en buena medida, debido a las políticas públicas contrarias a los intereses de la mayoría de los mexicanos, aplicadas por sucesivos gobiernos. Luego, la corrupción generalizada que es reconocida por prácticamente todos los actores políticos, pero el factor más grave es quizá la impunidad, los ciudadanos mexicanos conviven con la sensación de que nadie va a ser punido y que nada va a cambiar.
Por otro lado, se convive con el irrespeto constante a los derechos humanos que lleva a pensar en la inexistencia de un estado de derecho. Definitivamente se ha perdido la confianza en las instituciones y la clase política está muy desprestigiada.
Son incontables los casos en los que no se ha llegado a nada, para citar algunos: Tlatelolco, Atenco, Aguas Blancas, Ciudad Juárez, San Fernando y Tlatlaya.
Todo indica que en el caso de Iguala se trató de una pérfida colusión entre el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y el cártel Guerreros Unidos. La esposa de Abarca, María de los Ángeles Pineda Villa iba a realizar un evento político cuando tuvieron la información de que llegarían a protestar los
normalistas y con ello arruinarían sus expectativas. Entonces el alcalde ordenó que de ninguna manera dejaran pasar a los estudiantes y que una vez capturados los entregaran a Guerreros Unidos. Como se sabe,  éstos los ultimaron de la manera más perversa. Las manifestaciones recientes indican el cansancio de la gente, los mexicanos luchan ahora por el fin de la impunidad y para que se haga justicia.

*Peruano,  filósofo y analista político, radicado en Toronto.