Canada Day ¿Qué pasaba en el mundo aquel 1º de julio de 1867?

En los meses y años previos a aquel 1º de julio de 1867, los pocos canadienses que tenían alguna idea de cómo era el mundo y qué cosas extraordinarias y terribles sucedían en él, estaban azorados.
Algo les decía que aquel era, precisamente, el momento que algunos habían estado esperando desde hacía mucho tiempo, pero que muchos más temían. En el aire se podían olisquear el peligro, la incertidumbre, los deseos de independencia y la oportunidad de hacer buenos negocios.
La madre patria imperial estaba demasiado ocupada en cuestiones de mayor importancia y no parecía querer hacerse cargo de un territorio demasiado extenso y escasamente productivo. Desde el sur llegaban los ecos de una violencia indescriptible y de un remozado y siempre peligroso “destino manifiesto”. Dentro, mientras tanto, las tensiones políticas y los intereses comerciales hacían aconsejable la creación de algo nuevo lo antes posible.
Algunos años antes, en 1860, los territorios de Upper y Lower Canada habían sido unificados en una nueva provincia, Canadá, y ese 1º de julio de 1867 se formalizaron los acuerdos (fruto de una serie de conferencias y tratados desarrollados durante ese lapso) que ligaron a New Brunswick y Nova Scotia con Canadá en una nueva entidad a la que se llamó (y desde entonces ese es su nombre oficial) Dominion of Canada.
Se eligió esa palabra porque se temió que denominar “reino” a la nueva entidad podía hacerlo aparecer como demasiado independiente y no era independencia lo que se buscaba con aquel acuerdo. Se trataba de un contrato de colaboración y convivencia. Fue un ejercicio de pragmatismo político alejado de los sentimientos de identidad, el apasionamiento, la turbulencia y las guerras prolongadas que acompañaron los procesos de independencia del resto de las Américas, desde los EEUU y Haití hasta los confines del Virreinato de Río de la Plata, y quizás por eso a los latinoamericanos se nos hacen tan difíciles de entender algunas de las principales características socio-políticas de este país.

Caricatura contemporánea a la formación del Dominion of Canada

Pero la idea de esta nota no es ahondar en el acuerdo que se celebra en Canadá cada 1º de Julio desde entonces, sino hacer un repaso (necesariamente breve y superficial) de algunas de las circunstancias nacionales e internacionales que determinaron aquel acuerdo, y que por lo general se olvidan.

Una guerra civil y sus horrores demasiado cerca

Los ahoracamientos de antiesclavistas transformados en un espectáculo festivo poco antes del comienzo del conflicto

La guerra civil estadounidense, que enfrentó a los estados del sur, esclavistas y dependientes de una economía de monocultivos, con los estados industrializados y más modernos del norte, fue una matanza generalizada que se extendió durante 4 años y dejó heridas sin cicatrizar que aún hoy están marcadas en la piel y en el alma de ese país y sigue ocasionando víctimas, dolor, pobreza y revueltas.
Aquel fue un espectáculo de horror que, si aún hoy sorprende, dejó en las elites canadienses de la época, un manifiesto pavor a los enfrentamientos políticos que no se resuelven a través de acuerdos.
No es casualidad que el proceso de unificación de las 4 provincias de la América británica comenzara en 1860 (cuando los estados del sur de los EEUU amenazaban con separarse de la Unión y cuando estaba apunto de declarase formalmente la guerra civil) y que haya finalizado en 1867, dos años después de concluida.
Pero si los horrores de la guerra en los Estados Unidos alentaban la búsqueda de acuerdos en las provincias de la América Británica, los peligros que podía traer la paz eran aún peores.

La segunda batalla de Bull Run, el enfrentamiento más sangriento de la guerra


Vecinos ambiciosos y espíritu vengativo

La relación entre lo que en su momento fueron las 13 colonias británicas que en 1792 dieron pie a los Estados Unidos de América y los territorios ubicados al norte del St. Lawrence y los Grandes Lagos nunca habían sido fáciles. En realidad, siempre habían sido sumamente conflictivas y eso se había manifestado en áreas como la libertad religiosa, la tenencia de esclavos, las relaciones con los pueblos originarios, las motivaciones para desear o no ser independientes, el expansionismo hacia el oeste, o el comercio de pieles de castor. Todo había sido, siempre, un motivo de sospechas mutuas.
Un primer capítulo de toda aquella conflictividad en ebullición se había cerrado cuando la Guerra de 1812, que enfrentó los EEUU y los territorios de la América Británica, culminó sin claros vencedores. Pero en aquel momento coincidían tres circunstancias que irían cambiando con el tiempo: El imperio Británico aún no había desarrollado plenamente sus intereses en Asia y estaba en condiciones de defender sus intereses en América. El ejército de las ex-colonias aún no tenía el desarrollo suficiente como para conquistar un territorio vasto y difícil de mantener. Y por último, los partidarios de la teoría del Destino Manifiesto tenían en aquel momento toda su atención puesta en el norte de México, más rico y atractivo que el helado norte.
Sin embargo, para el momento en que finalizó la Guerra Civil nortemamericana todo aquello ya era cosa del pasado.
Los EEUU, pocos años antes de desatada la guerra, ya se habían afianzado en los territorios arrancados a México, ya se habían extendido hasta el Caribe y el Pacífico, y para continuar su expansión continental volvían a dirigir sus miradas hacia el norte. Por otra parte, a diferencia de lo que ocurría en 1812, ya contaban con un ejército poderoso y bien armado. Pero además, aunque Gran Bretaña y sus provincias al norte del St. Lawrence habían sido formalmente neutrales durante el conflicto, era evidente que sus autoridades habían colaborado con el bando sureño… y una vez concluida la guerra parecía inminente una acción punitiva dirigida contra el recién nacido Dominion of Canada…
Sin embargo y antes de que los EEUU se decidieran a invadir Canadá sucedió algo tan extraordinario como poco recordado: los Fenian Raids. El “cisne negro” que lo alteró todo.

Irlandeses, hambre e independencia

Ilustración de la época de uno de los Feninan Raids, en las cercanías de Niágara Falls

Podría pasar como una anécdota absurda y extraña si no hubiera sido uno de los gestos más desesperados que se puedan encontrar en las luchas independentistas y anticoloniales.
Y podría no aparecer en este relato si no hubiera sido uno de los elementos decisivos en la conformación del Canadá unificado. En pocas palabras, partamos del hambre, la desesperación, la casualidad y la injusticia. Comencemos esta microhistoria con el hongo que arruinó las cosechas de papa en toda Europa y que había comenzado su obra destructiva en Irlanda en 1854.
Aquella peste provocó la emigración de millones de campesinos europeoas hacia América en pocas décadas, y quienes iniciaron la corriente fueron los primeros en sufrir los efectos devastadores del hongo: los irlandeses. Que sufrían además, desde hacía al menos 3 siglos, las condiciones bestiales a las que los tenía sometidos la aristocracia británica. Por pobres, por rebeldes y por católicos. Por pertencer, de acuerdo a las creencias de la época, a una raza inferior.
Aquellos campesinos recién llegados a América en busca de trabajo, comida y libertad, se encontraron con una guerra y muchos se alistaron en el ejército de la Unión. Por necesidad, pero también por ideales de justicia y solidaridad con quienes los habían recibido. Y una vez concluída la guerra se encontraron a sí mismos muy cambiados: fuertes, entrenados, endurecidos por una guerra tremenda y armados hasta los dientes. Lo único que conservaban, en realidad, era el viejo sueño.
Y para cumplirlo, imaginaron, bastaba con invadir Canadá.Pero no para quedarse en ese lugar helado y desprovisto de atractivos, sino para crear las condiciones diplomáticas y militares que les permitieran liberar a su país.
Aquellas incursiones armadas que comenzaron en 1866 en New Brunwick y se extendieron hasta 1871 en varios lugares de la frontera, dejaron un saldo de sólo 37 muertos y menos de 100 heridos y fueron, desde el punto de vista político y militar un total fracaso. Pero tuvieron tres consecuencias de importancia: en primer lugar le dieron a Canadá, cuya unificación concluiría apenas un año después del inicio de las incursiones, conciencia de haberlas combatido con sus propias fuerzas. En segundo lugar quedó en evidencia que los intereses geoestratágicos y comerciales de Gran Bretaña estaban en otro lado y que el imperio inglés veía a Canadá más como un peso inútil que como una oportunidad de hacer buenos negocios. Y en tercer lugar, EEUU pudo percibir que aquel desinterés de los ingleses por su colonia en América del Norte les permitiría dominarla sin necesidad de apropiarse de su territorio.
Los Fenian Raids, un ensayo absurdo pero apasionado de una lucha que 50 años después concluiría con la Independencia de Irlanda, tuvieron en ese momento una consecuencia inesperada: asegurarle a Canadá una frontera no-conflictiva con su único y poderoso vecino.
Pero nos ha quedado pendiente analizar algo que sucedía muy lejos pero explica el desinterés inglés en su colonia.


Una madre ocupada y voraz

Caricatura contemporánea a la Segunda Guerra del Opio

Habitualmente, cuando se analizan las motivaciones que condujeron aquel 1º de Julio de 1867 a formalizar el Dominion of Canada, el poco interés que Gran Bretaña tenía por sus posesiones en América del Norte aparece, como en el siguiente párrafo tomado de The Canadian Encyclopedia, expresado con vaguedad. Todo habría quedado reducido al “… Britain’s desire to reduce its financial and military obligations to its colonies in North America”.
Quien lea esa frase desaprensivamente podría llegar a pensar que la actitud de Gran Bretaña era similar a la de las madres que no desean sobreproteger a sus criaturas y les dan, progresivamente, responsabilidade e independencia, pero cabe preguntarse… ¿Qué estaba sucediendo en el mundo para que el imperio inglés, tan empeñado siempre en ampliar sus dominios y afianzar su poder, quisiera hacer a un lado a su colonia más extensa?
Y la respuesta, debemos ir a buscarla al este de Asia, donde pocos años antes, en 1865, había finalizado la Segunda de las Guerras del Opio, uno de los episodios más infames, odiosos y lucrativos de la historia reciente.
La postración a la que había sido llevada la India durante las décadas anteriores, había llegado a su punto culminante en 1858 cuando todo el subcontinete pasó a formar parte de la corona británica. Aquello colocó a Gran Bretaña en el pico más alto de su dominio imperial y comercial, y a partir de entonces su atención estaría dominada por dos obsesiones simultáneas: la unificación de África bajo su dominio, y la destrucción de las barreras con las cuales China protegía su cultura y su comercio.
La relación de África con el imperio era de larga data, en particular a partir del comercio de esclavos, en el que los británicos se habían involucrado tempranamente, ya en 1555. Y aunque formalmente Inglaterra comenzó a combatir ese comercio en 1807, por los mismos años se inció la ocupación de territorios y la formación de colonias destinadas a la extracción compulsiva de recursos.
Una situación muy diferente se daba en el este asiático y con China en particular, un país que mantenía con occidente un superavit comercial muy importante y no permitía asentamientos extranjeros en su territorio. Con China fue necesaria una estrategia diferente, consistente en el contrabando masivo de opio, la promoción de la adicción a gran escala entre su población, y el bombardeo de ciudades portuarias y la guerra cuando los gobernantes chinos intentaron impedirlo.
La Segunda Guerra del Opio, que había finalizado poco antes de la conformación del Dominion of Canada, había determinado la aceptación de que Inglaterra, Francia y muy pronto los EEUU introdujeran en China todo el opio que desearan, la renuncia de China a tener superavits comerciales con occidente, el permiso para que barcos británicos cargaran campesinos chinos y los llevaran hacia América como mano de obra semi-esclava, y la cesión de enclaves a partir de los cuales se introducía la droga y se extraían los recursos, como por ejemplo Kowloon… emplazada en la actual Hong Kong.
El saqueo y el drenaje de riquezas desde el país más poblado del planeta hacia una elite europea conformada por unas pocas decenas de miles de personas, y la humillación de una cultura con 5000 años de historia obligada a degradarse, no era algo que se hiciese con sólo desearlo, por supuesto Se necesitaba tecnología, inversiones, conocimiento de las debilidades del alma humana y un pequeño ejército de burócratas aficionados al criquet, insensibles, convencidos de su superiorirdad y dedicados en cuerpo y alma a servir y hacer obedecer

Hubiera sido absurdo emplear todos esos recursos técnicos y humanos en una colonia de segundo orden que, a pesar de todo, había demostrado ser fiel… lo que explica que la madre imperial estuviera tan intesada en que Canadá se valiera por si mismo y se ocupara de sus propios asuntos.

Un país tomaba forma

El país, aquel 1º de julio de 1867 estaba tomando forma al mismo tiempo que tomaba forma un mundo que hoy, mientras hacemos este repaso, nos resulta extrañamente familiar.
Este 1º de julio, con el mundo todo sufriendo una pandemia, con guerras comerciales que parecen ser una continuación de las de un siglo y medio atrás, y con el racismo y las consecuencias de aquella guerra civil todavía vivos, la celebración nos encuentra azorados, como lo estuvieron seguramente aquellas gentes, entre las que sin duda había justos y pecadores, víctimas y victimarios, culpables e inocentes… Gentes que sin ser plenamente concientes de lo que estaba sucediendo a su alrededor, debieron haber sentido, con temor y con esperanza, con alegría o con desesperación, que su mundo estaba dando un vuelco.
Por eso hemos elegido esta forma de recordar el Canada Day. Porque para entender algo hay que conocer su contexto. Porque la historia no es aquello que recordamos y que ya pasó, sino lo que, frente a nuestros ojos, hoy, continúa sucediendo.

Es sólo cuestión de tiempo – Ilustración de la revista estadoundense Puck – Década de 1890

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