GANO PPK: lo que le espera al nuevo presidente de Perú

ALBERTO MESTANZA
ALBERTO MESTANZA

ALBERTO MESTANZA*

En medio de insultos, diatribas, puyas y denuncias entre los dos aspirantes a la presidencia, los peruanos culminaron una de las campañas presidenciales más largas y con más confrontación de los últimos tiempos en Perú.

La democracia también tiene sus propias ironías y de vez en cuando se las arregla para hacer que un candidato como Pedro Pablo Kuczynski-, quien obtuvo el 20% de la votación en primera vuelta, gane en segunda a quien había obtenido el 40%.

Tecnócrata, hombre de vasta experiencia en temas económicos, ex ministro de estado en diversas administraciones, Kuczynski, más conocido como PPK, es el nuevo Presidente del Perú.

Keiko Fujimori, la mujer que obtuvo el mayor respaldo popular en primera vuelta, y de la que muchos pensaban sería la primera mujer en ser elegida Presidenta, quedó milimétricamente relegada a un segundo lugar.

Así las cosas, una vez juramentado como Presidente, PPK tendrá la titánica tarea de gobernar un país cuyo parlamento está dominado mayoritariamente por el partido de Keiko y del que durante la campaña se dijo estar infestado por gente relacionada al narcotráfico y la corrupción.

Aun cuando Perú tiene un sistema Democrático Presidencial Representativo y Multipartidista, su contrapeso de poderes no le permite funcionar sin leyes y estas tienen que ser aprobadas necesariamente por el parlamento.

Al final del día, esta división de poderes y aparente contradicción, obligará a ambos líderes a una suerte de concertación democrática que incluya, necesariamente, a líderes de otros partidos que igualmente representan a un buen sector de la población; es decir, concertar para gobernar.

En los momentos actuales Perú espera de su clase política gestos magnánimos, la elevación a sus propias limitaciones y la renuncia a sus intereses personales o partidarios. La corrupción en casi todas las instituciones de Estado, incluyendo la policía, poder judicial, fiscalía, entre otros, es verdadera lacra que se ha incrustado en las mismas venas del país.

Sus hijas putativas, es decir, la criminalidad y la violencia extrema han puesto en jaque la tranquilidad y orgullo de un país que con justicia demanda de sus autoridades acciones rápidas y eficaces para combatirlas. La paciencia social ha llegado a niveles de estoicismo, pero es urgente restituir confianza del pueblo en sus autoridades.

Por otro lado, la creación de trabajo sólo se logra con inversiones y los inversionistas no arriesgan capitales en tanto los actores políticos no se pongan de acuerdo en establecer reglas claras sobre la inversión.

El 18% de los jóvenes, entre los 14 y 25 años, buscan pero no encuentran trabajo y aquellos pocos que lo tienen perciben salarios que no alcanzan para cubrir sus necesidades más básicas; es decir, no sólo se requiere más puestos de trabajo para cubrir esta enorme demanda, pero además, salarios dignos que prometan a los jóvenes un salto cualitativo que les prometa la mejora de sus condiciones socio-económicas aquí y ahora.

Al calor de la reciente campaña electoral el dialogo con altura y la concertación entre los actores políticos peruanos serán necesarios para solucionar los grandes problemas del país, sin triunfalismos ni cálculos mezquinos. Dicen que la política es el arte de lo posible, pero para lograrlo hay que intentar muchas veces lo imposible. Sí se puede.

 

* Analista político, consultor de inmigración, peruano, radicado en Toronto.